Raíces y madera
En las suaves ondulaciones de Lavalleja, donde los montes de pino y eucalipto pintan el paisaje de verde intenso, Walter Calcerrada ha escrito su vida. A sus 46 años, es el retrato vivo de una transformación: pasó de ser el hijo que acompañaba a su padre en sacrificadas faenas forestales a convertirse en el contratista forestal que dirige dos empresas, tiene a 150 personas a su cargo y opera en múltiples departamentos de Uruguay.
Por María José Fermi
“A mí siempre me gustó el trabajo de mi padre; no sé por qué; con lo sacrificado que era no tenía mucho sentido, pero era lo que me gustaba”, confiesa Walter Calcerrada. Tres décadas después, sentado en su oficina en Minas, el contratista forestal recuerda sus primeros años de trabajo en el monte cuando, siguiendo los pasos de Daniel, su padre, empezó un camino en el que continúa hasta hoy.
Su historia es una crónica de una revolución silenciosa en el sector forestal, donde la profesionalización de un oficio hizo que pasara de ser un trabajo duro y manual a una industria tecnificada y de vanguardia.
“Mi padre siempre estuvo vinculado al sector”, cuenta Walter con una sonrisa que delata orgullo. Antes de que se instalaran las grandes industrias forestales o surgieran las grandes exportaciones de madera uruguaya, su padre ya trabajaba en el bosque, abasteciendo a las industrias de cal. Los rollizos de un metro eran entonces su principal mercancía.
Aunque todavía era muy pequeño, Walter seguía el trabajo de su padre. Lo acompañaba alguna vez, como cualquier niño que descubre a qué se dedica su progenitor cuando no está en casa. Y lo que veía lo fascinaba. Sin embargo, su madre le había hecho prometer que terminaría sus estudios; soñaba con que su único hijo fuera contador. “Mi madre me decía ‘hasta cuarto de liceo vas a hacer, aunque te hagas viejo’”, recuerda. Walter le cumplió. Terminó cuarto de liceo. “Ellos tuvieron la posibilidad de darme estudios, pero a mí me llamaba el monte”.
LOS INICIOS
Lo sacrificado de la labor forestal de aquella época no lo asustó. Era un trabajo de sol a sol, de esfuerzo constante y sacrificio. Las primeras etapas de la actividad maderera en Uruguay estaban lejos de ser la industria tecnificada que es hoy. Se trataba de un trabajo predominantemente manual, donde la fuerza física y la resistencia prevalecían.

Walter se unió a su padre en el negocio que tenían para abastecer con madera a la industria de cal hasta que surgieron las primeras exportaciones de chips para celulosa. Arrancaron proveyendo de madera a la empresa Tile y, luego, a la empresa Foresur. Algunos años después fue el propio director de Foresur, Gerardo Barrios, quien le propuso a Calcerrada “si no me animaba a iniciarme como contratista. Yo ahí ya estaba al frente de todo lo que era las proveedurías”.
El minuano aceptó el desafío y, junto a su padre, fundó la empresa de servicios forestales Lecal SRL en el año 2004. Cuando empezaron como contratistas, las cuadrillas trabajaban de manera manual y “se pelaba a gancho”, pero hicieron un esfuerzo por con seguir su primer tractor con grapo. “Allá por el 2007, 2008, empezamos a semimecanizarnos con las descortezadoras y los tractores. Ya a fines del 2010 llegamos a nuestro primer cosechador. De ahí en adelante empezó el cambio radical”.
AYER Y HOY
“Me tocó vivir todos los procesos, desde el trabajo duro y sacrificado a las comodidades que tenemos hoy en día. Se tecnificó tanto que no hay comparación con lo que era al principio”, dice Walter sobre la evolución del trabajo forestal. En 30 años, Calcerrada ha sido testigo de una metamorfosis en la actividad.
En ese contexto, uno de los aspectos que más destaca Walter es, sin duda, la evolución de la seguridad laboral. “Cuando empecé, prácticamente la seguridad no se conocía”, cuenta. De la mano de la instalación de grandes industrias a nivel nacional y con la llegada de requisitos para exportar a mercados internacionales llegaron nuevos requerimientos que debieron ser adoptados por quienes estaban en el monte. “La evolución que tuvo el tema seguridad ha sido fabulosa y enorme”, añade.
Hoy, por ejemplo, la empresa de Walter cuenta con un prevencionista a tiempo completo, protocolos exhaustivos y una cultura de cuidado que va mucho más allá de lo que la gente imagina. La transformación ha sido radical. “Estamos en constante trabajo con el prevencionista viendo dónde podemos mejorar, cómo podemos atacar los problemas. Antes esto no existía ni se conocía lo que era un prevencionista”.
“Me tocó vivir todos los procesos, desde el trabajo duro y sacrificado a las comodidades que
tenemos hoy en día. Se tecnificó tanto que no hay comparación con lo que era al principio”.
El propio negocio de los Calcerrada también evolucionó. Su base original en Minas les permitió trabajar en campos no solo de Lavalleja sino también de Maldonado y Rocha. A los chips para celulosa sumaron madera para aserraderos, y al rubro de servicios forestales también se le agregó el negocio de transporte y caminería, llevándolos a fundar una segunda empresa dedicada exclusivamente a esta actividad: DC Transporte & Logística.
Pero eso no fue todo. Hace cuatro años, al surgir oportunidades con UPM en Tacuarembó, Walter expandió su negocio hacia el norte del país. Hace pocos meses, además, sumaron como nuevo cliente a Arboreal y su madera maciza para construcción. “Todo eso nos llevó a tomar la decisión de armar otra base en el norte para atender las necesidades de lo que movemos en aquella zona”, detalla Walter.
Hoy, las 150 personas vinculadas a Lecal y DC trabajan en alguna etapa de las cadenas productivas de las empresas Cofusa, FAS, UPM o Arboreal. “Hemos diversificado nuestros clientes y rubros, lo que nos da mayor estabilidad y seguridad tanto a la empresa como a la gente que tenemos trabajando”.
EL MOTOR INVISIBLE
No es extraño que en el imaginario colectivo el sector forestal suela asociarse con grandes corporaciones multinacionales. Sin embargo, Walter es enfático al destacar el papel fundamental de los contratistas forestales. “A la opinión pública le cuesta entender lo que hay detrás de un monte”, reflexiona. Los contratistas son los responsables de un ecosistema laboral que abarca transporte, cosecha, caminería, mantenimiento ‒entre otros rubros‒ y que genera empleo para miles de personas a lo largo y ancho del Uruguay.

Para Walter, su empresa no solo cosecha y transporta árboles; crea oportunidades y construye comunidades. “Si esto no estuviera hoy, la cantidad de empleo que se perdería sería incalculable”, señala. A través de su labor se teje una red virtuosa que incluye no solo a quienes trabajan directamente con él, sino que también derrama en los pueblos y ciudades del interior donde se desarrolla la forestación. “Todo lo que se deriva a través de nosotros es impresionante”, dice.
EL FACTOR HUMANO
El mayor reto que enfrenta actualmente su negocio no está en la tecnología o en los mercados, sino en lo humano, explica Walter. “A pesar de que este es un trabajo en el campo, el nivel cambió, es súper profesional y con confort, pero el desafío está vinculado al personal. Somos empresas donde la gente se tiene que trasladar para trabajar y no vive en el lugar donde tiene a su familia. Tienes que trasladarte y, según el régimen que se tenga, estar 6, 7, 10 días. Eso cada vez cuesta más. Se está notando bastante y hay un gran desafío por delante”.
Calcerrada afirma que, incluso siendo un sector donde la remuneración es atractiva, existen personas que prefieren quedarse en su lugar original “hasta por mucho menos dinero”. Este es un fenómeno que refleja cambios sociales más profundos en el mundo laboral y al que el sector tendrá que hacerle frente.
Mientras tanto, la capacitación y el desarrollo profesional siguen siendo herramientas clave para atraer talento.
EN FAMILIA
Walter se inició en el rubro hace 30 años por herencia, y esa tradición familiar aún se mantiene. Su padre, Daniel, es su socio y aunque está retirado continúa participando de los grandes negocios y decisiones. “Siempre está acá en la vuelta, presente. Tiene 80 años y esto lo mantiene activo”, confiesa el director de Lecal.
La esposa de Walter, Laura Fernández, es su mano derecha. Juntos desde que ambos eran casi unos adolescentes, han construido no solo una em presa, sino un proyecto de vida. Laura es la gerenta administrativa de la compañía y quien cuida el fortín cuando Calcerrada logra dejar las tareas vinculadas a la gerencia para internarse en el campo, que es lo que más disfruta desde siempre. “Hoy mi trabajo es más de oficina y no puedo salir tanto a ver la operativa y estar en los frentes, que es lo que más me gusta a mí. Pero cuando lo logro es gracias al gran respaldo que tengo de mi señora, que es la gerenta administrativa y es un área que domina muy bien”. Juntos, además, son padres de una niña de 5 años.
Walter no es solo un contratista forestal. Es un empresario que ha transformado un oficio, que ha construido un legado familiar y que representa a la nueva generación de profesionales que entienden que el trabajo de campo hoy es tanto tecnología como tradición.
En cada monte que se cosecha hay una historia de trabajo, de evolución y de compromiso. La de Walter cuenta cómo Uruguay ha transformado su industria forestal, árbol por árbol, desafío por desafío.
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