• Jueves 30 de abril de 2026

Despedida a Antonio Arocena Taranco

Después de una prolongada enfermedad, el pasado jueves 16 de setiembre partió definitivamente Antonio Arocena Taranco. Productor forestal, directivo de nuestra Sociedad y entrañable amigo.

Pero Antonio fue mucho más que un gran forestador y un gran dirigente gremial, y reducirlo a esa faceta parcial de sus múltiples actividades sería menoscabar su personalidad avasallante, que enriqueció a cuantos tuvieron el privilegio de tratarlo y a cuantos sectores tuvieron el aliento de su empuje.

Con una profunda formación jesuítica –fue seminarista en su juventud–, hizo de su vida un instrumento de servicio que aplicó sin descanso, con entrega y con pasión, en todas y cada una de las innumerables actividades que desempeñó mientras la salud se lo permitió.

Desde los numerosos ranchos que construyó con sus propias manos para la gente humilde de Tacuarembó en sus jóvenes tiempos de maestrillo, hasta las formidables plantaciones de Greco, pasando en su intermedio por los camiones, por el tambo, las plantaciones de manzanas, peras y ciruelas, la construcción del frigorífico de Jumecal, la estupenda plantación citrícola de Piñera, los servicios forestales plantando árboles en Minas, Chapicuy, San Gregorio de Polanco, San Jorge, Arévalo, Blanquillo y Flores, el suministro de postes a la UTE, el aserradero, y finalmente la conquista de los pagos de Centurión a los que recién comenzaba a acometer, por solo mencionar algunos pocos de sus mojones más señalados.

Su espíritu solidario lo llevó a comprometerse siempre con las preocupaciones de sus colegas y así fue presidente de Jumecal, integrante del Plan Citrícola, miembro de Urudor y de la Asociación de Productores de Cítricos y directivo de nuestra asociación. Transitando asimismo por el comercio internacional de frutas, no escatimó esfuerzos en la lucha por los mercados imaginando las más inverosímiles formas de intercambio en tiempos del comercio dirigido en Europa del Este.

Antes que nada, Arocena fue un gran emprendedor. Su espíritu generador lo impulsaba con ímpetu hacia la creación y su imaginación no tenía límites ni ataduras. Fue un manantial inagotable, o quizás, más precisamente, un volcán en permanente erupción. Pragmático, empírico, realista, poco afecto a los análisis teóricos, enemigo acérrimo de las burocracias estériles, admirador apasionado de los grandes realizadores en cuyas filas se alistó a la cabeza, cultivó también las profundidades intelectuales en la manifestación de su espíritu. El simple afán material jamás fue el objeto de sus desvelos, pues su vocación de servicio lo impulsaba a la más abierta generosidad con cuantos tuvo a su lado. Y todo lo que hacía era su modo de servir.

Hombre de gran cultura, se podía tener con él una charla sobre Aristóteles, o sobre los pintores barrocos al tiempo que simultáneamente discutía sobre el ajuste de un motor con las manos engrasadas. Polifacético, sabía de filosofía sin dejar de transitar los empedrados del puerto ni de manejar camiones cuando tuvo que embarcar naranjas.

Incansable, dueño de una fortísima complexión física,  no escatimó el esfuerzo a la hora de cargar madera, de cosechar fruta o simplemente de hacer el ejercicio que su cadera le impedía, cruzando a nado el Santa Lucía ida y vuelta, a la altura del puente de La Barra o ida y vuelta también la ensenada de La Balconada en La Paloma, a mar abierto ya con casi 70 años.

Y por sobre todo forjador de una familia ejemplar, con una esposa admirable que supo afrontar el desafío de su temperamento, seis hijos y once nietos que tienen hoy muy claro el camino. Porque en definitiva, la huella que a todos nos deja es su ejemplo de entrega, de trabajo, de constancia, tenacidad y creatividad. Muy pocos como él.

Gracias Antonio.

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sábado 01 de diciembre de 2012