• Miércoles 27 de mayo de 2026

Del suelo al cielo

En menos de cuatro décadas, Uruguay construyó casi desde cero una industria que hoy vale unos US$ 4.700 millones en valor agregado y representa cerca del 6% del PBI. Con la cadena forestal plenamente madura, un nuevo estudio de la consultora Exante analiza el aporte económico del sector y se pregunta algo más ambicioso: ¿hasta dónde puede llegar?

Por Elisa Juambeltz

Hace cuarenta años, Uruguay era un país principalmente pecuario. La forestación era, en el mejor de los casos, una apuesta a futuro. Hoy, esa apuesta vale cerca de US$ 4.700 millones en valor agregado y emplea ‒directa e indirectamente‒ a casi 46.000 personas. El sector que prácticamente no existía se convirtió en uno de los pilares de la economía nacional. Y según un estudio de la consultora Exante, presentado en el último Desayuno Forestal de la Sociedad de Productores Forestales en noviembre pasado, todavía tiene margen para desarrollarse.

“En poco más de tres décadas creció un sector que prácticamente no existía y pasó de tener una importancia marginal a ser uno de los más relevantes del país”, dice la socia de Exante y responsable del estudio, Florencia Carriquiry. Para la economista se trata de un ejemplo “casi sin precedentes” de polí tica pública sostenida en el tiempo con resultados concretos.

El informe de Exante actualiza un trabajo similar de la consultora realizado en 2020, ya que ahora se incluye la segunda planta de UPM plenamente operativa. Para su elaboración se utilizó la matriz insumo-producto para estimar impactos directos, indirectos e inducidos, combinando datos públicos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), la Dirección General Forestal, el Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Banco Central, además de información aportada por empresas del sector. “El enfoque es pragmático e intenta reflejar los encadenamientos que existen entre sectores de la economía”, explica Carriquiry.

LOS NÚMEROS QUE IMPORTAN

El resultado del estudio es contundente: si se to man en consideración los efectos directos, indirectos e inducidos, la cadena forestal aporta cerca de US$ 4.700 millones de valor agregado, equivalente a casi 6% del Producto Bruto Interno (PBI). En total, se tienen cerca de 1,1 millones de hectáreas plantadas actualmente.

Socia de Exante y responsable del estudio sobre forestación, Ec. Florencia Carriquiry. (Foto: SPF)

“Estamos hablando de una contribución solo comparable con la que tiene la actividad pecuaria en nuestro país”, señala Carriquiry. Ese cálculo incluye los salarios pagados a los trabajadores de la cadena, los ingresos generados en sectores vinculados y los efectos inducidos por el gasto de consumo de esos ingresos.

En empleo, el sector genera más de 23.000 puestos de trabajo directos y cerca de 46.000 si se consideran los indirectos e inducidos, muchos de los cuales tienen lugar en el interior del país, en zonas donde las oportunidades laborales de calidad pueden ser escasas. “El salario promedio en la cadena forestal es casi 30% superior al promedio de la economía”, anota Carriquiry. Esto porque se trata de actividades con mayor capital por trabajador, mayor productividad y, en muchos casos, mayores niveles de calificación.

Por otro lado, la cadena forestal aporta alrededor de 340 millones de dólares anuales en impuestos y contribuciones a la seguridad social de forma directa, cifra que supera los 700 millones si se consideran los impactos indirectos e inducidos. “Existe el prejuicio de que el sector no paga impuestos, pero eso no es correcto”, sostiene Carriquiry.

En materia de comercio exterior, el peso de la forestación es igualmente significativo. La celulosa se ha convertido en uno de los principales productos de exportación para Uruguay. “Estamos hablando de un rubro que hace veinte años era prácticamente inexistente y que hoy supera los 2.500 millones de dólares en exportaciones”, destaca la economista.

CRECIMIENTO DESDE LA RAÍZ

Uno de los rasgos distintivos de la industria forestal es su presencia prácticamente en la totalidad del territorio nacional. “Esto genera un impacto relevante en zonas con menor desarrollo relativo en el país”, dice Carriquiry, “se generan empleos más estables y con mejores remuneraciones que el promedio de la economía”.

La cadena también combina empresas de gran escala ‒sobre todo en la fase industrial‒ con una red amplia de pequeñas y medianas empresas vinculadas a servicios y actividades de apoyo. “Junto a las grandes industrias se desarrolló un ecosistema de contratistas forestales, empresas de transporte y proveedores de servicios que dan soporte a toda la cadena”, señala la economista.

Uno de los factores centrales para ese desarrollo, según explica Carriquiry, fue la certeza en las ‘reglas de juego’. “La forestación es una industria que maneja plazos largos, incluso en el modelo de eucalipto se necesita al menos una década, por lo que la estabilidad normativa y la certeza jurídica fueron elementos clave para atraer inversiones”.

340 millones de dólares aporta el sector anualmente en impuestos y contribuciones a la seguridad social de forma directa.

APUNTAR MÁS ALTO

A pesar de su expansión, la forestación ocupa hoy menos del 7% de la superficie productiva del Uruguay, un porcentaje que puede resultar bajo en comparación con referentes internacionales como Nueva Zelanda o algunos países europeos. “Eso sugiere que es plausible pensar en un crecimiento adicional de la superficie forestal en Uruguay”, explica Carriquiry.

Exante incluyó en el informe un ejercicio teórico: ¿qué pasaría si la superficie forestal alcanzara el millón y medio de hectáreas y llegaran nuevas inversiones industriales? La respuesta es que la contribución del sector podría pasar de casi 6% del PBI a entre 8% y 9% al sumar unos 6.800 millones de dólares de valor agregado.

Carriquiry aclaró que “se trató de un ejercicio teórico, pero que intenta poner números a un escenario plausible de crecimiento”. En ese sentido, aunque Uruguay tiene 4 millones de hectáreas de prioridad forestal según la ley, el ensayo fue conservador al llevar la superficie plantada de 1,1 millones de hectáreas a 1,5 millones.

Según las cifras proyectadas para este escenario, las exportaciones superarían los 4.300 millones de dólares y el empleo total asociado llegaría a 65.000 puestos. Esto significaría un aumento del 50% en los empleos y más de 600 millones adicionales en remuneraciones.

Las señales del desarrollo empiezan a asomarse. Y es que las inversiones en la cadena de madera sólida en departamentos como Cerro Largo y Rivera apuntan en esa dirección. “Es una buena noticia que estén apareciendo nuevas inversiones, porque son proyectos que generan actividad en zonas que necesitan dinamismo económico”, dice la consultora.

Por supuesto, el desarrollo a futuro del sector también enfrenta desafíos. Mantener la certidumbre jurídica que históricamente atrajo capitales y gestionar responsablemente los aspectos ambientales serán condiciones necesarias para sostener el crecimiento, des taca Carriquiry. “Este es un sector que debe pensarse a largo plazo. Es fundamental cuidar las condiciones que permitieron su desarrollo hasta ahora y gestionar responsablemente los desafíos que puedan surgir en el futuro”.

El árbol tardó cuarenta años en crecer. Ahora, la pregunta es cuánto más alto puede llegar.

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