Futuro en construcción
El bosque creció. El sector forestal también. Y hoy, con una base sólida y un horizonte de oportunidades renovables, Uruguay tiene la posibilidad de escribir el próximo capítulo de su desarrollo forestal.
Por Ing. Lucía Basso, presidenta de la Sociedad de Productores Forestales del Uruguay
En esta oportunidad quisiera utilizar este espacio para hablar de futuro. De lo que somos capaces de construir si seguimos trabajando juntos, con visión, con innovación y con compromiso. Porque el sector forestal uruguayo tiene mucho para decir, pero, sobre todo, mucho para hacer.
No es casualidad que cada año organicemos el Desayuno Forestal. Lo hacemos porque el bosque crece, pero también porque nosotros crecemos con él. Porque el árbol nos representa: nace, echa raíces, se fortalece y se renueva. Y eso mismo ha hecho el sector forestal en Uruguay.
Desde aquella semilla plantada con la Ley Forestal en 1987, lo que vino fue una apuesta estratégica, un compromiso de largo plazo y una visión que superó los gobiernos de turno.
Esa semilla germinó gracias al trabajo comprometido de cientos de productores, técnicos, empresas y trabajadores que confiaron en que era posible construir algo duradero. Y también a un sistema político que, en su totalidad, apostó por este sector y mantuvo ese compromiso a lo largo del tiempo. Al 2025 estamos en el gobierno número nueve que sostiene esta ley como política de Estado.
Hoy, ese árbol está maduro. Genera más de 40.000 empleos, lidera las exportaciones de bienes del país, certifica el 90% de sus plantaciones bajo estándares internacionales, y transforma territorios antes olvidados en polos de desarrollo, conocimiento y trabajo.
Pero como todo árbol maduro, necesita espacio para seguir creciendo. Y eso hoy significa resolver temas urgentes: normas claras y estables que den certeza a las inversiones; trámites más ágiles, que permitan que los proyectos avancen sin trabas innecesarias; e infraestructura logística a la altura del crecimiento alcanzado como rutas adecuadas, puentes que soporten el tránsito forestal, y un sistema portuario eficiente y competitivo.
Necesitamos quitar trabas que no suman. Y también combatir mitos que desinforman. No, la forestación no desplaza otras actividades. No, no somos un sector que no aporta al país. Los datos lo demuestran.
Pero no alcanza con defender lo logrado. Es hora de pensar en la regeneración. Y no me refiero solo a plantar más árboles. Hablo de plantar nuevas ideas, nuevos productos, nuevas formas de aportar al desarrollo sostenible del país.
Tenemos un país con condiciones únicas. Tenemos experiencia, reputación y conocimiento. No dejemos pasar esta oportunidad. Es momento de liderar un nuevo capítulo de la historia de la forestación en Uruguay.
El futuro del sector forestal está en aprovechar la madera como un recurso natural, renovable y que captura carbono, pero sobre todo versátil. Ya no se trata solo de madera para construcción o papel. Hablamos de biotecnología, energía, industria textil, química verde y economía circular.
Por ejemplo, hoy en el mundo se produce celulosa que permite fabricar fibras como viscosa o lyocell, utilizadas para confeccionar ropa. Literalmente, es posible vestirse con madera cultivada de forma sostenible. Y lo podemos ver en algunas de las tiendas que venden en nuestro país.
A partir de residuos forestales también se producen pellets, leña y biocombustibles líquidos para calefacción, maquinaria e incluso transporte marítimo o aéreo. Empresas en Europa ya generan combustible renovable a partir de lignina. La lignina, de hecho, se está utilizando para fabricar baterías más sostenibles, reemplazando materiales fósiles en la transición energética.
La madera también se transforma en envases biodegradables que sustituyen al plástico. Ya existen bandejas, envoltorios y embalajes 100% compostables hechos con fibras forestales. De los árboles se extraen resinas, aceites y fibras que sirven para fabricar adhesivos, espumas, textiles técnicos y bioplásticos. Son productos con alto valor agregado y bajo impacto ambiental.
Los bosques bien manejados capturan carbono y generan servicios ambientales que hoy tienen valor en los mercados internacionales. Y Uruguay ya empieza a transitar ese camino, con productores que acceden a bonos de carbono.
Y también los residuos como ramas, corteza o aserrín pueden convertirse en energía limpia. Mediante biogás o biomasa, abastecen a industrias y comunidades. Hoy, casi el 40% de la matriz eléctrica del país se alimenta del sector forestal.
La madera no solo construye o genera productos papeleros. También viste, transporta, alimenta, energiza e innova. Y lo mejor: lo hace de forma renovable, sostenible y con base en nuestros propios recursos.
Por eso, cuando hablamos de regeneración, hablamos de alianzas: Estado, empresas, academia, comunidades. Nadie lo puede hacer solo. Necesitamos más diálogo, más cooperación y más confianza.
Tenemos un país con condiciones únicas. Tenemos experiencia, reputación y conocimiento. No dejemos pasar esta oportunidad. Es momento de liderar un nuevo capítulo de la historia de la forestación en Uruguay.










