El trabajo que no se ve
Detrás de cada tonelada exportada hay manos y trabajo que no se ven, pero que hacen posible todo lo demás.
Por Ing. Agr. Lucía Basso, presidenta de la Sociedad de Productores Forestales
La forestación, que hoy es uno de los líderes en las exportaciones del país, no creció sola. Detrás de cada hectárea, de cada árbol en pie, hay un trabajo cotidiano, silencioso y riguroso que raramente ocupa los titulares, pero que hace posible todo lo demás.
En editoriales anteriores hemos hablado de lo que el sector forestal representa para Uruguay: más de 40.000 empleos, exportaciones que superaron los US$ 2.500 millones en 2025, llegando a ser el primer rubro exportador en 2024, con más de USD 3.000 millones, y segundo en 2025, un modelo de política de Estado sostenido por nueve gobiernos. Hemos hablado del potencial de crecer hacia 1,5 millones de hectáreas, de lo que eso significaría en inversiones, en empleo, en impacto en el PIB. Hemos hablado, también, del bosque como símbolo: de lo que se puede construir cuando hay visión de largo plazo.
Pero en esta ocasión quisiera detenerme en algo diferente. No en el resultado, sino en lo que lo hace posible. No en el árbol maduro, sino en el trabajo diario de quienes lo cuidan.
El sector forestal no descansa entre temporadas. Mientras la industria produce, mientras el ferrocarril avanza, mientras se discuten normativas y se planifican inversiones, hay equipos que trabajan todos los días para que nada de eso se pierda. Que el bosque esté en pie cuando llegue el momento de cosecharlo; que el árbol que se plantó hoy llegue a su turno de corta sin haber sido consumido por un incendio forestal o sin haber sido diezmado por alguna plaga, sin haber perdido la calidad que lo hace competitivo en los mercados más exigentes del mundo. Ese trabajo tiene nombre. Tiene rostro. Y merece ser contado.
La prevención no genera noticias cuando funciona. El incendio que no se propagó, la plaga que no se extendió, el foco que se detectó a tiempo: esos son los éxitos invisibles que sostienen los resultados que sí se ven.
El sector, desde siempre, ha considerado a la prevención como una inversión. Un ejemplo de esto es cómo cada verano, el Operativo PAIF pone en marcha un sistema de alcance nacional que en la temporada 2025/2026 protegió más de 950.000 hectáreas efectivas de bosques, el 89% del área forestal del país, con una inversión de más de USD 4,6 millones aportados por las propias empresas del sector. 65 cámaras con inteligencia artificial, tres brigadas helitransportadas, 45 pistas acondicionadas, una central de monitoreo operando en tiempo real desde Durazno. Esta temporada, sin salirse de la media de despachos de los últimos 12 años, tuvo algunas particularidades que llevaron a que se registraran 58 incendios con despacho de medios aéreos. Los mismos afectaron 436 hectáreas efectivas de bosques protegidos, dentro de un área quemada de 2.073 hectáreas, destacándose que el departamento con mayor afectación fue Lavalleja.
La prevención, por definición, no genera noticias cuando funciona. El incendio que no se propagó, la plaga que no se extendió, el foco que se detectó a tiempo: esos son los éxitos invisibles que sostienen los resultados que sí se ven. Eso no es casualidad. Es gestión. Es inversión. Es cultura. Es trabajo.
Lo mismo ocurre con la sanidad forestal. Detrás de los números de exportación hay un trabajo técnico permanente que muchos desconocen: investigaciones sobre el Megaplatypus mutatus en Eucalyptus, ensayos con feromonas para el Cyrtogenius en pino, estudios sobre el tizón apical bacteriano, evaluación de alternativas al Fipronil para el control de hormigas cortadoras, monitoreo sanitario en más de 120 puntos de muestreo en todo el territorio.
Uruguay es hoy el pionero mundial en probar mecanismos de atracción y repulsión para controlar el Megaplatypus mutatus en Eucalyptus. No es un dato menor. Es una señal de dónde está parado este sector cuando decide investigar en serio.
La Comisión de Sanidad Forestal de la SPF coordina ese esfuerzo con INIA, con la Facultad de Agronomía, con la Facultad de Ciencias, con la Biofábrica. Construye redes, comparte información, forma técnicos, desarrolla plataformas de datos. Todo para que el árbol que hoy tiene tres años llegue sano a su turno de corta 10, 15 o 20 años después.
Pero la cadena no se sostiene solo desde arriba. Se sostiene en cada eslabón. En el vivero que selecciona el material genético. En el contratista que planta con precisión. En el técnico que monitorea el crecimiento. En el operador logístico que mueve la madera desde el monte hasta la industria. En el trabajador que conduce la cosechadora para cumplir el turno.
La cadena forestal solo funciona cuando cada eslabón cumple, y el trabajo diario de esos eslabones, el que no aparece en las cifras de exportación pero que las hace posibles, merece tanto reconocimiento como el resultado final.
Esta revista habla de logística, de silvicultura, de industria, de economía. Cada una de esas secciones cuenta una parte de esa cadena. Lo que el editorial de hoy quiere decir es que esa cadena solo funciona cuando cada eslabón cumple, y que el trabajo diario de esos eslabones, el que no aparece en las cifras de exportación pero que las hace posibles, merece tanto reconocimiento como el resultado final.
Hemos hablado de futuro. De potencial. De proyección. Y seguiremos haciéndolo, porque hay razones reales para el optimismo.
Pero el futuro se construye desde el presen te. Y el presente del sector forestal uruguayo se construye, cada día, en el monte, en el laboratorio, en la central de monitoreo, en la cabina del helicóptero que intercepta un foco antes de que se transforme en incendio.
A todos los que hacen ese trabajo: gracias. La forestación que hoy tiene Uruguay es también resultado de su esfuerzo cotidiano. Y la que tendremos mañana depende de que sigamos siendo, como sector, capaces de reconocer ese valor y de seguir invirtiendo en él.










