• Sábado 2 de mayo de 2026

Esperar lo inesperado

Las lluvias de abril de 2016 serán recordadas por familias, empresarios y autoridades de todo el país. Inmediatamente después del paso de un tornado en el departamento de Soriano, comenzó a llover y Uruguay se pintó de rojo. Se registraron zonas inundadas en los 19 departamentos, 40 cortes de ruta y miles de kilómetros de caminos vecinales afectados. Con el paso de los días, la producción de varios sectores empezó a verse comprometida a la vez que comenzaron a cuantificarse las pérdidas económicas. El sector forestal no fue ajeno a los estragos que provocó el agua en todo el país y aún trabaja para recuperarse.

Las precipitaciones registradas en Uruguay durante el mes de abril superaron hasta cuatro veces el promedio histórico, los acumulados superaron los 400 milímetros en la mayor parte del país y en algunos puntos llovió en 30 días lo que llueve en un año. El agua llegó a lugares insospechados, avanzando a un ritmo imparable. Al menos cuatro personas fallecieron, 12 mil debieron ser evacuadas de sus hogares y cientos de familias quedaron aisladas por la crecida de ríos y arroyos. Empresarios de diversos sectores productivos debieron activar protocolos de emergencia e idear soluciones urgentes para salvar lo que quedó fuera del alcance del agua. Industriales, productores y contratistas del sector forestal lograron reaccionar con rapidez para evitar pérdidas mayores y sostener la actividad.

“Nos dio vuelta. Hubo algunos tramos de caminería donde la fuerza del agua represó y barrió tramos de 12 y 15 metros. Socavó las cabeceras de los puentes de manera importante y nos rompió un camino asfaltado que hicimos en conjunto con la Intendencia de Rivera y el Ministerio de Transporte. Ese es nuestro principal camino de entrada y salida, donde todos los días entran cuatro ómnibus de gente, además de la producción”, relató a Forestal el director de Fymnsa, Pablo Balerio.

Las precipitaciones registradas en Uruguay durante abril superaron hasta cuatro veces el promedio histórico y en algunos puntos llovió en 30 días lo que llueve en un año.

El empresario explicó que durante los días de lluvia más intensos tuvieron que ir mudándose de un predio a otro porque en algunos lugares se empantanaban las máquinas y no era posible trabajar. “Pasar de estar en un solo lugar de cosecha a tener cinco abiertos a la vez no es fácil. Además, durante una semana tuvimos la industria detenida o semidetenida por falta de gente, porque no se podía entrar por el camino o porque se iban antes por temor a que la lluvia tapara los puentes. Teníamos una persona en el puente en forma permanente midiendo a qué velocidad subía el agua, había que estar pendiente de si caía una gotita más o menos de lluvia para ver si se podía salir o no del lugar”, recordó. Balerio estimó que las pérdidas económicas por las lluvias ascienden a “algunas decenas de miles de dólares, pero la cuantificación del tiempo perdido en planta es mucho mayor. Al menos un 10% de los metros cuadrados producidos en un mes no se pudo sacar del monte”.

También en el Norte y centro del país, en los departamentos de Rivera y Tacuarembó, Cerro Largo y Treinta y Tres, la empresa Weyerhaeuser debió hacer frente a las inundaciones y su incidencia en las diferentes actividades. El Timberlands Manager de la firma en Uruguay, Pablo Pachiarotti, explicó a Forestal: “Tuvimos que detener las tareas de transporte y cosecha en esa región. Las lluvias también enlentecieron bastante la preparación de suelos para la posterior plantación en todas las regiones. Lamentablemente fueron pocos los días que permitieron realizar las tareas silviculturales, es decir que no pudimos realizar la plantación programada, la poda y el control de maleza. Debido a las altas temperaturas y humedad de la primera mitad del mes de abril tuvimos un desafío adicional para mantener como se debe el estatus sanitario en nuestro vivero clonal, pero afortunadamente la afectación a la producción no fue relevante”.

Pachiarotti explicó que al no poder extraer la madera del bosque por caminos cortados y el suelo saturado, quedaron máquinas enterradas que ocasionaron la falta de materia prima en algunos turnos de trabajo en la planta industrial de tableros ubicada en Tacuarembó. “También se vieron afectadas las ventas que realizamos a terceros, como aserraderos y planta de celulosa, y sin lugar a dudas fue el peor mes de los últimos tres años en cuanto a posibilidades de extracción y venta de madera rolliza”, agregó.

El director de la empresa de transporte Transplus, Hallen Martínez, que trabaja para Weyerhaeuser contó a Forestal cómo vivieron esos días de trabajo bajo lluvia: “El mayor impacto de las lluvias fue la baja en la facturación por no poder realizar viajes en muchos de los días de abril. Nosotros perdimos 15 días al menos. La empresa Weyerhaeuser hizo un arreglo bastante importante en el camino a un monte y gracias a eso se pudo trabajar. Había una máquina en forma permanente para arreglar el camino y yo puse un camión de la empresa para cinchar los camiones que iban saliendo cargados. Si eso no se lograba hacer, la planta iba a parar, porque ellos trabajan con madera verde entonces el stock que tienen es limitado, da solo para unos tres días de trabajo”.

Al otro lado del país, el viernes 15 de abril un tornado tocó tierra en el departamento de Soriano mientras 25 personas de la empresa contratista Phelox trabajaban en la localidad de Palmitas. “Las personas que estaban tuvieron que irse urgente porque arrancó a llover y ahí cerca hay un arroyo que corta, se fueron rápido para no quedar aislados. Por suerte todos lograron salir sin problema y sin peligro. En ese momento estábamos haciendo tareas de cosecha y extracción para la empresa UPM”, recordó el director de la empresa, Javier Tarigo, en diálogo con Forestal. El empresario sostuvo que no cuantificaron las pérdidas económicas ocasionadas por las inundaciones, pero afirmó que perdieron “cuatro o cinco días de trabajo, pero eso es normal en invierno. Lo que nos pasó a nosotros como empresa comparado con lo que le pasó a la gente no es nada”.

Debido a las precipitaciones, se cortaron 40 rutas y miles de kilómetros de caminos vecinales se vieron afectados, comprometiendo la salida de la producción.

Para Montes del Plata lo sucedido en abril fue un evento climático atípico e inesperado, aunque no afectó sustancialmente el trabajo. “No tuvo impactos mayores porque coincidió con la parada de mantenimiento anual de la planta de celulosa ubicada en el departamento de Colonia (10 días aproximadamente), que ya estaba planificada. Hubo que parar la cosecha y momentáneamente el transporte de madera por camión, pero esto no representó una baja significativa de los stocks en campo porque la planta no estaba consumiendo”, dijo a Forestal el gerente forestal de la empresa, Moacyr Fantini.

Un sector más preparado

Si bien el registro de precipitaciones de abril fue muy superior a los registros históricos, los diferentes empresarios coinciden en que ciertas características del sector forestal fueron clave a la hora de enfrentar las inundaciones. El gerente general de la Sociedad de Productores Forestales (SPF), Atilio Ligrone, dijo a Forestal que “este es un sector que tiene que prever situaciones como las que se presentaron meses atrás. Tiene que hacerlo por varias razones, unas que tienen que ver con lo productivo –la necesidad de mantener el abastecimiento industrial–, y también porque es un sector que determinó desarrollar su gestión a través del concepto forestal sostenible. Y eso no es algo meramente enunciativo o declarativo, sino que se lleva adelante efectivamente”. Según Ligrone, se trata de una elección de los forestales y al mismo tiempo del cumplimiento de los requerimientos que vienen asociados a la certificación forestal por la que se rigen prácticamente el 80% de los bosques plantados en Uruguay con finalidad industrial. Eso implica, entre otras cosas, el desarrollo de una actividad que sea económicamente viable pero que contemple la mínima afectación posible al medioambiente y se realice en forma socialmente justa. “Las buenas prácticas forestales implican entre otras medidas el cuidado del suelo y de las vías de saca y transporte de la madera, particularmente ante eventos de lluvia como los acontecidos. Es decir que las previsiones que se pueden tomar para este tipo de situaciones son las que ya se toman, no es posible tomar otras medidas adicionales. El sector forestal ya tiene previsto este tipo de eventos y la actividad forestal permite diferir algunas tareas, planificar nuevamente. Por eso no hubo enormes pérdidas.”, agregó el gerente de la SPF.

Cuando suceden eventos de alta precipitación, saturación de los suelos, alto contenido de humedad, las prácticas tanto de plantación como de cosecha forestales se suspenden. “Esas dos puntas de la cadena –silvicultura y cosecha– se ven afectadas hasta que los suelos están aptos nuevamente. Esta postergación cambia un poco la planificación y eso afecta la producción de plantas de vivero, que se van haciendo en función de las necesidades de plantación. Pero dentro de la cadena los más afectados son los contratistas, que durante ese tiempo no pueden trabajar. Después recuperarán, al menos parcialmente, porque lo que se dejó de cosechar se tendrá que cosechar más adelante para abastecer la planta y los centros de acopio”, reflexionó Ligrone.

Los planes de contingencia ante eventos climáticos son parte del día a día del sector forestal, por lo que las pérdidas fueron sensiblemente menores que en otros sectores del agro.

El caso de Montes del Plata evidencia la preparación y planificación de la que habla Ligrone. El diseño de la logística de esta planta de celulosa permite que el 50% de la madera se transporte por vía terrestre a la planta de Punta Pereira, mientras que la otra mitad se transporta por medio de barcazas desde la Terminal Logística M’Bopicuá, ubicada sobre el río Uruguay, próximo a Fray Bentos. El gerente de Logística de Montes del Plata, Ricardo Brunner, explicó a Forestal: “El transporte fluvial puede realizarse casi bajo cualquier condición climática, lo que independiza en gran medida de los eventos climáticos, o reduce al menos su impacto. A su vez, Montes del Plata tiene dentro de su estrategia el uso de acopios intermedios. Existen tres puntos de acopio además del acopio de la planta en Punta Pereira, ubicados en Canelones, Durazno y en la Terminal Logística M’Bopicuá en Río Negro. La gestión de los stocks en los depósitos intermedios es clave para eventualidades que no permitan sacar madera del monte, por ejemplo en los días de lluvia en los que no se realiza transporte y también en los días posteriores a grandes lluvias”.

Las empresas contratistas que trabajan para plantas de celulosa, como Phelox, asumen como posibles este tipo de eventos climáticos y sobredimensionan recursos para mantener su capacidad de respuesta. “Ya hemos visto esto, no es el primer año que hay lluvias acumuladas durante un mes. La idea es siempre tener más recursos del óptimo necesario para poder cumplir, sobre todo en lo que respecta a maquinaria. Sabemos que hay meses en el año en que no se trabaja de manera pareja. A su vez, tenemos un plan de seguridad de emergencias para saber cómo actuar ante este tipo de situaciones, por ejemplo saber cómo salir del lugar si comienza a inundarse. El protocolo ya está hecho y se aplica como en cualquier emergencia, así que en abril lo que hicimos fue aplicar―algo que ya estaba previsto”, afirmó Tarigo.

En el sector forestal, el transporte fue lo que se vio más afectado por las lluvias extraordinarias.

Sin embargo, para Pachiarotti los planes de contingencia que tiene Weyerhaeuser para la cosecha –como dejar para estos casos plantaciones sobre rutas nacionales y con buena caminería interna para viabilizar la saca y transporte del producto en días de lluvia– “no fueron suficientes. Enfrentamos un hecho totalmente inesperado para los registros históricos de Uruguay. Pienso que este tipo de evento se va a producir con más frecuencia en el futuro debido al cambio climático, y por este motivo estamos evaluando otro tipo de solución, por ejemplo ampliar la capacidad de almacenamiento de madera rolliza en la cancha de acopio de nuestra planta industrial”.

Un problema que persiste

Si hay algo en lo que empresarios, productores, contratistas y la gremial del sector coinciden, es en que las lluvias afectaron seriamente las rutas y caminos, agravando el problema ya existente de infraestructura vial. En abril se cortaron 40 rutas y miles de kilómetros de caminos vecinales se vieron afectados, comprometiendo la salida de la producción. Antes de abril, la administración de Tabaré Vázquez ya enfrentaba el reclamo de mejorar el estado de las rutas y caminos del país. Las lluvias e inundaciones complicaron esta situación, por lo que el gobierno nacional y las intendencias debieron reasignar recursos para recomponer la situación vial.

El Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) destinó 34 millones de dólares de su presupuesto para las reparaciones de estos daños. En el caso de los caminos vecinales, el gobierno nacional, a través de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), destinó 12 millones de dólares adicionales para las reparaciones que deben encarar las intendencias como consecuencia de estas inundaciones.

El gerente de la SPF admitió que “la situación previa era complicada, todo el mundo lo tiene claro. La caminería departamental y muchas rutas nacionales tienen un deterioro muy grande y eso conspira contra la competitividad del sector. El costo del transporte es muy alto respecto al precio final del producto y cuando tenés una infraestructura mala demorás más y rompés más. Eso ya era un problema y esta situación lo agravó. En lo que corresponde a los gobiernos departamentales y al gobierno nacional va a implicar mayores gastos, y probablemente a la interna de las empresas también sus propios caminos internos hayan sufrido un deterioro y eso implique algún gasto adicional”.

Para Martínez, director de una empresa dedicada al transporte, es imprescindible invertir más en caminería. “Ese es el principal problema cuando llueve porque los caminos quedan intransitables. Hay que ponerles mucha piedra y trabajo de maquinaria para poder transitar, eso eleva los costos. Nosotros no podemos intervenir porque tiene unos costos inmensos. Entonces de parte de los transportistas no tenemos margen para contribuir, nosotros tenemos voluntad y mantenemos los camiones en perfecto estado para disminuir las roturas en caso de mucha lluvia”, indicó.

Por su parte, Tarigo sostuvo que en el mes de julio aún se estaban acondicionando las rutas y caminos cercanos a Palmitas, Soriano: “Hay lugares que están feos todavía, viene muy lenta la reparación de rutas y caminos. Incluso se arregló más por parte de las empresas forestales que necesitan sacar la madera que por parte de las propias intendencias”.

El agro bajo agua. Las lluvias y posteriores inundaciones de abril sumergieron a los sectores productivos agropecuarios en una crisis que representa pérdidas de al menos 214 millones de dólares. Según estimaciones del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), las pérdidas por las inundaciones se sitúan entre el 0,3% y el 0,5% del PIB. Así lo declaró en mayo el ministro de la cartera, Tabaré Aguerre, al término de una reunión con el Consejo Directivo de Cooperativas Agrarias Federadas (CAF). Los sectores más afectados fueron el agrícola, el lechero y el ganadero, aunque todos los sectores productivos sufrieron pérdidas. En el caso de la soja, las lluvias comenzaron al inicio de la cosecha y solo se logró cosechar el 5% antes del diluvio. El ministro dijo a El Observador que figuran pérdidas de “entre 280 mil y 480 mil toneladas de soja” que no serán cosechadas. Los arroceros por su parte llegaron a cosechar el 40% de la producción. En el caso del maíz y el sorgo, las pérdidas son más difíciles de cuantificar porque parte de los granos se destina a la alimentación animal. Aguerre afirmó que en abril “la producción de leche de los tambos cayó entre 17% y 20%” y remarcó que “no se trata solo de lo que se perdió en leche, sino también se perdieron praderas y, por la época del  año, quedó condicionada la productividad de la lactancia”, que se define en otoño. En el caso de la ganadería, el gobierno declaró emergencia agropecuaria en los departamentos de Treinta y Tres y Rocha, y proveyó de asistencia con raciones.

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lunes 01 de agosto de 2016