El mañana se decide hoy
Casi 40 años de decisiones construyeron el sector forestal que conocemos hoy. Ahora el desafío es encontrar las condiciones para seguir creciendo.
Por Ing. Agr. Lucía Basso, presidenta de la Sociedad de Productores Forestales del Uruguay
El año pasado cerramos el Desayuno Forestal, que organiza la SPF, planteándonos una pregunta: ¿qué pasaría si Uruguay incrementara su superficie forestal en 500.000 hectáreas? A partir de ella comenzamos a trabajar sobre otra, quizás aún más importante: ¿qué necesitamos para que eso suceda? Y de ahí surgió el título para el evento de este año, que celebramos el 1o de setiembre: “Decisiones que marcan el futuro”.
Puede sonar un poco filosófico, pero todos sabemos que las decisiones que tomamos ‒y también las que postergamos o dejamos de tomar‒ van construyendo nuestro futuro. En lo personal, muchas de las decisiones que fui tomando definieron el camino que hoy me trajo hasta aquí. Primero elegí estudiar Agronomía, luego opté por la orientación forestal, algo que en aquel momento parecía una verdadera locura. Más adelante decidí dejar el sector público, pasar al privado y, hace algunos años, animarme a emprender y crear mi propia empresa. Cada decisión implicó asumir riesgos, abrir caminos y enfrentar incertidumbres.
Con el sector forestal pasa algo parecido: el futuro que imaginamos no simplemente sucede; se construye a partir de las decisiones que tomamos hoy. Y en Uruguay, esa capacidad de mirar lejos tiene una fecha de nacimiento oficial: 1987. En ese momento, plantar árboles en el país era una apuesta, no una certeza.
Lo que vino después fue una cadena de decisiones sostenidas en el tiempo. Gobiernos de distinto color político decidieron mantener esa política de Estado durante nueve periodos. Se definieron los suelos de prioridad forestal y se promovieron, durante un tiempo, las plantaciones mediante subsidios, exoneraciones y líneas de crédito blandas. Años después, en 1998, la Ley de Promoción de Inversiones reforzó ese camino, ofreciendo garantías para la inversión nacional y extranjera bajo reglas claras. Fue la combinación de políticas, instrumentos y continuidad la que generó la confianza necesaria para invertir, producir y crecer.
Fue la combinación de políticas, instrumentos y continuidad la que generó la confianza necesaria para invertir, producir y crecer.
Pero el sector forestal también se construyó a partir de decisiones que no vinieron del Estado. Hubo productores que arriesgaron su tierra en un cultivo de resultados lentos y que certificaron sus plantaciones bajo estándares internacionales cuando todavía nadie se los exigía. Empresas que instalaron plantas pensando en un mercado que había que construir casi desde cero. Y toda una generación de técnicos y trabajadores que eligió capacitarse y especializarse en actividades que recién comenzaban a desarrollarse.
Juntas, esas decisiones construyeron lo que somos hoy: un sector que da trabajo a más de 46.000 personas, lidera las exportaciones del país y certifica el 90% de sus plantaciones bajo normas internacionales. Todas fueron decisiones tomadas con una cuota de incertidumbre.
Hoy, casi cuarenta años después, hablamos otra vez de decisiones. Hace unos días, en el Desayuno Forestal, presentamos un documento que plantea algo concreto: cómo el sector puede crecer 500.000 hectáreas más. Crecer no depende únicamente de los productores. Depende de qué decisiones se tomen desde varios lugares a la vez.
Hay decisiones que suman. Por ejemplo, contar con reglas claras y estables para quien va a invertir; y contar con una infraestructura adecuada a la demanda de la producción: rutas, puentes en condiciones y puertos que compitan de igual a igual con cualquier país de la región.
Crecer no depende únicamente de los productores. Depende de qué decisiones se tomen desde varios lugares a la vez.
Pero también hay decisiones que restan: generar nuevas leyes o reglamentaciones sin resolver primero los cuellos de botella que todos conocemos; postergar inversiones en infraestructura porque siempre aparece algo más urgente. O seguir repitiendo los mitos de siempre sobre la forestación: que seca los suelos, que desplaza otras producciones, que no genera mano de obra, que no le deja nada al país. Los datos, respaldados con estudios y evidencia científica, dicen otra cosa, y los vamos a seguir mostrando las veces que sea necesario.
Este tema tiene mucho de técnico, pero tiene más todavía de decisiones humanas. Un funcionario que agiliza un trámite. Un legislador que prioriza una ley que dinamizará la economía. Un inversor que confía en las reglas de juego uruguayas. Un vecino que, con mejor información, deja de repetir un mito. Todos estamos tomando decisiones que van a marcar lo que este sector y el país sean dentro de veinte años.
El sector forestal uruguayo ya demostró que sabe pensar a largo plazo. Lo hizo en 1987 y lo sigue haciendo hoy, cuando, en lugar de conformarse con lo logrado, se pregunta cuánto más puede crecer y cómo hacerlo bien y de forma sostenible. El documento presentado es un mapa: muestra qué condiciones se necesitan y qué falta resolver para que esas 500.000 hectáreas dejen de ser una posibilidad en un papel y se conviertan en bosque, trabajo y desarrollo real para el interior del país. Depende de las decisiones que tomemos entre todos si lo recorremos o si se queda guardado en un cajón.










