• Martes 24 de marzo de 2026

Cielo rojo

Erwin Ortigueira trabaja en el sector forestal desde hace décadas, es supervisor de una empresa contratista en el litoral del país, en el eje de la Ruta 90. Fue testigo directo y combatiente activo de “un incendio nunca antes visto” que tiñó la zona de llamas, humo e incertidumbre. Una “experiencia difícil” de la que rescata la disposición de la gente a ayudar, el valor de la capacitación en prevención y manejo del fuego, y la certeza de que “aun de lo malo” se puede aprender para mejorar frente a futuros incidentes.

Erwin nos espera con carne a punto, tomate con orégano, pan y refresco. Dispone los platos, vasos y cubiertos en una mesa ratona de madera bajo el alero de chapa. A la izquierda se ven las letras corpóreas de cemento que indican el nombre de la parada sobre la Ruta 90: Pandule (Paysandú). Un lugar siempre tranquilo que vivió días de incertidumbre y fue noticia en los medios cuando llegaba el 2022.

“El 29 de diciembre de 2021 comenzó el incendio en la zona de Algorta (Río Negro), pero no había tomado dimensiones tan grandes. Yo andaba acá, en Pandule. El 30 fui a trabajar a la zona de Tacuarembó y cuando volvía por la Ruta 26, ya a más de cien kilómetros se veía un humo impresionante. Pensé que era el fuego que había arrancado en Algorta, pero después, por la orientación de la ruta, esa cortina de humo quedó a un lado y apareció otra. Esa grande era la de Tres Bocas, y la otra era la de esta zona de Paysandú”, comenta Erwin. Usa muchas palabras para intentar describir el humo que veía crecer mientras se acercaba; “columnas”, “olas”, “torres”, como si ninguna fuese suficiente para expresar la dimensión de lo que veía, para explicar lo que estaban enfrentando.

CONTRA EL FUEGO

Ortigueira es supervisor de la zona litoral de Logifor, una empresa de logística forestal que tiene una base de operaciones en Pandule. Organizar la carga de madera, manejar la logística del personal y supervisar la operativa son algunas de las responsabilidades que asume con entusiasmo. “Me gusta el día a día, el sistema laboral, cómo se trata a la gente, la comunicación que se da. Me siento cómodo trabajando en este rubro”. Se le nota. Habla con orgullo de la forestación y de la reacción general de “todo el mundo” en aquellos días de fuego que los puso a prueba en tantos sentidos.

El 30 de diciembre, Erwin empezó a recibir mensajes por WhatsApp. “Los muchachos que trabajan con nosotros, de los cuales la mayoría viven en la zona, ya me avisaban que el fuego había avanzado mucho y estaba cerca de los pueblos. Empezamos a coordinar y a salir con las camionetas como herramienta para ir a ayudar a donde fuera necesario. Lógico, son esos momentos en que todos tenemos que estar para dar una mano en lo que sea. En eso estábamos todos de acuerdo”.

Erwin llegó hasta Orgoroso (Paysandú), donde en ese momento estaba el foco más grande. “Anduve todo el día en la vuelta, con los muchachos, con la gente del pueblo, con los bomberos, viendo qué se podía hacer. Traíamos agua para tomar, llenábamos las mochilas con agua para apagar. Se trabajaba todo el tiempo”.

Gentileza: Erwin Ortigueira

En esa instancia, él le dio un valor especial a la formación que reciben los forestales en la materia. “Tenemos cierta capacitación en prevención de incendios y en el manejo, pero una cosa es lo que aprendiste y otra es estar ahí, en el momento, aunque creo que todo eso que vos sabés, bien o mal, te sirve”. Fueron días de “mucha adrenalina y sensaciones mezcladas, pero sabíamos que era importante mantener la calma, coordinar. Con los muchachos lo que hicimos fue ayudar y no hacer locuras”. Porque para locuras ya era suficiente lo que estaba pasando. El fuego que se propagaba sin pausa, en un contexto de sequía, con condiciones climáticas extremas y extraordinarias, con un viento cambiante que modificaba la dirección que presumiblemente tendría el incendio. La fuerza del viento potenciaba el alcance de las pavesas –una parte muy pequeña y ligera de materia que se desprende de algo que está ardiendo y se traslada de un lugar a otro–, favoreciendo la propagación del fuego. “Mientras estabas apagando no te dabas cuenta de cómo surgía tanto fuego, pero después cuando empezás a ver la cantidad de focos que aparecían por otros lados, entonces te cierra más eso que comprobaron los bomberos de que hubo focos intencionales” (ver nota En Contexto de esta publicación).

Estaban haciendo todo lo posible, pero era insuficiente. Las llamas no daban tregua. La prioridad absoluta eran los centros poblados. “Las ganas de ayudar les ganan a otras cosas que te puedan pasar. Sentís que tenés que ayudar, porque hay pueblo, hay gente, hay casas que necesitan que uno esté ahí, dando una mano. Es lo que nos salió a todos. Los vecinos de los pueblos estaban ayudando fuerte desde el primer momento. Lo mismo las empresas contratistas, los forestales, las camionetas, la maquinaria, todos estábamos dedicados totalmente a ayudar, a apagar los fuegos, a ver la forma de colaborar”. Gente que llegaba desde Paysandú y otras ciudades cercanas, agricultores, ganaderos, empresarios y trabajadores, jóvenes y veteranos, mujeres y hombres, personas que actuaron sin descanso en tareas muy diversas.

“Fueron días de mucha convivencia que nos unieron no solo entre nosotros, sino con gente de otras empresas. Podrás competir, pero en ese momento estábamos todos juntos, metiéndole para adelante”

El último día de 2021, en Orgoroso, Ortigueira participó de una reunión con Bomberos para intentar organizar mejor el trabajo. “Ellos nos guiaron, nos ubicaron por grupos, nos indicaron qué esperar para actuar y cómo actuar”. Sobre las 9 de la noche, después de dos jornadas en la zona del incendio, él partió rumbo a Paysandú para cenar con su familia, pero sobre las 2, 3 de la mañana regresó a Pandule.

En la tarde del 1° de enero Erwin estaba en Orgoroso, intentando frenar el fuego que se acercaba al pueblo, “pero en 5 minutos la dirección del incendio cambió y empezó a avanzar hacia Pandule, y en 10 minutos ya habían cortado la ruta y no nos dejaban pasar. Nos entró una preocupación enorme, porque el fuego iba derechito para la zona de Pandule, donde hay una estación de nafta”. Empezó a buscar caminos alternativos a la Ruta 90 y logró acercarse “por atrás, por otra zona, pensando todo el tiempo qué poder hacer para que el fuego no llegara allá. Cuando veníamos buscando la forma de llegar, se largó el agua y en ese momento sentí un alivio enorme, enorme… no se puede explicar”. No lo puede explicar, pero sonríe mientras lo cuenta.

AGUA BENDITA

A las 15:25 del primer día del año, Erwin estaba en el mismo alero en el que hace un rato estábamos conversando. Un video registró aquel momento donde, además de un despliegue de camiones cisterna y camionetas cargadas con tanques, de otro vehículo con las luces de la sirena prendidas que sale hacia el oeste, se ve llover. Se escuchan las gotas metiendo barullo contra la chapa y el silencio de Erwin, recostado contra una pared, extenuado, mirando el agua caer.

La lluvia “llegó justito”, cuando el fuego estaba a casi un kilómetro de la estación de nafta. “Calmó los focos ígneos principales, bajó un poco la temperatura, nos permitió organizarnos mejor y trabajar más conjuntamente con Forestal [Oriental], de una forma más sistemática”.

Gentileza: Erwin Ortigueira

“Cuando quedamos trabajando con los forestales, como experiencia que rescato, es que hubo una organización muy buena porque nos dividimos por zonas, con brigadas, con un líder, y todas las empresas nos ayudábamos. De hecho, toda la muchachada que trabaja con nosotros, como las de las demás empresas, desde los dueños hasta el que recién entró, estábamos todos juntos, trabajando a la par”. Una persona recorría la zona para identificar nuevos focos y, usando una aplicación, compartía el punto. “Allá íbamos, de un lugar a otro, en grupos de cuatro con la mochila de agua para apagar el fuego”. Así siguieron hasta el 8 de enero.

“Los primeros días sentíamos cansancio físico y mental, porque era muy desbordante la situación. Después de la lluvia era más bien físico porque había un poco más de control, dentro de lo que es un incendio”. Estaban todo el tiempo en movimiento, caminando por una especie de “superficie lunar”, repleta de cenizas, con humo que aún mostraba los lugares calientes, y atentos a nuevos focos. Fueron días de “mucha convivencia que nos unieron no solo entre nosotros sino con gente de otras empresas. Podrás competir, pero en ese momento estábamos todos juntos, metiéndole para adelante, haciendo lo que cada uno tenía que hacer”.

VIVIR APRENDIENDO

Los días pasaron, el fuego se fue controlando y cuando el manejo del tema quedó en manos de Bomberos, Erwin volvió a sus tareas de supervisión. Regresó a su rutina de trabajo en un paisaje diferente, con la huella del fuego en la tierra gris y negra, en los árboles de hojas marrones, en los alambrados tirados, en los montes incinerados. Pero las huellas no solo fueron las visibles. “Después de los momentos que vivimos te das cuenta de la real importancia que tiene la preparación y la capacitación que te dan para la prevención y el manejo de incendios. Aprendés de la experiencia real, que enseña y mucho. De algo muy malo como esto que pasó, sacás mucha experiencia para volcar en futuras situaciones que se puedan dar. Seguís hablando, pensando, porque siempre hay cosas para mejorar”.

“Después de los momentos que vivimos te das cuenta de la real importancia que tiene la preparación y la capacitación que te dan para la prevención y mitigación de incendios”

Parte de las reflexiones de Ortigueira se centraron en la importancia de contar conmaquinaria y mecanismos que se probaron y fueron efectivos durante estos incendios. Por ejemplo, las motobombas [fire chief] “que son como unas bolsas grandes que se ponen en las camionetas, que llevan entre 400 y 600 litros de agua. Vos las ponés en la caja, las llenás, las transportás y largan un chorro muy fuerte de agua. Es práctico porque las camionetas son ágiles para cargar y llegar a donde sea a tirar el agua”. Destaca la importancia de tener herramientas cada vez más actualizadas y de lograr una buena coordinación y organización de recursos desde el primer momento, “porque creo que, dentro de todo, las cosas se hicieron bien, pero siempre se pueden hacer mejor”.

Lo que sí fue inmejorable fue la “disposición de la gente”. “Muy naturalmente todos los muchachos se arrimaron, se contactaron para ponerse a la orden. Un grupo que nunca echó para atrás, que no esperó nada. Hasta los aprendices que están recién entrando estuvieron al firme frente a esta experiencia tan difícil. Me reconforta estar trabajando con gente que se mostró tan dispuesta a ayudar”.

LA RAÍZ

Ortigueira es meticuloso y detallista. Se nota en el gesto amable de recibir con algo rico al equipo de Forestal, que venía desde lejos. Se nota en cómo dispuso la mesa. Se nota en la cantidad de veces que detiene la camioneta para que podamos bajar en diferentes montes, donde el fuego actuó de maneras muy diversas, donde el daño causado es elocuente aun varios meses después de los incendios. Nos cuenta qué hicieron acá y cómo trabajaron de aquel otro lado. Responde tranquilo a cada pregunta y revive un poco la angustia del fuego, la felicidad del agua.

La charla se va por las ramas, o tal vez, llega a la raíz de todo. Él tiene 48 años y hace 25 que conoció a Estela Beatriz Millán, su señora. Se encontraron en Rivera, ciudad a la que Erwin llegó para trabajar en el rubro forestal. Son padres de Valentín (22), Enzo (19) y Benicio (4), “el benjamín de la familia”. Le gusta compartir el tiempo con ellos, estar tranquilo e “ir a pasear a Florianópolis”. Además de Rivera vivieron en el Chuy, son de frontera y les encanta “ir para Brasil”, también a la laguna Merín, “lo lindo es disfrutar de la playa donde sea”. Habla con mucho orgullo de su familia y de la vida que tienen juntos en Paysandú, de los logros de sus hijos, de lo madraza que es su mujer. De cómo en esos días de tanta adrenalina e incertidumbre encontraba un rato de paz en su hogar, en los pocos momentos que iba a descansar.

“Fueron días muy raros, de muchas sensaciones mezcladas. Llegaba a mi casa en Paysandú, descansaba un rato y allá estaba despejado, pero cuando venía para la zona de los incendios me impresionaba ver ese cielo rojo, ese humo que no paraba”. Pero paró, después de mucho esfuerzo de miles de personas y del empujoncito de la lluvia, el fuego se apagó.

Un par de niños pasan con túnica blanca y moña azul frente a la estación de nafta. Un camión de madera carga combustible. Una señora llega en moto a comprar algo al comercio. Es un día soleado y cálido. Un día más en Pandule. El cielo está otra vez celeste.

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sábado 18 de junio de 2022