• Sábado 21 de marzo de 2026

El técnico que apostó al bosque

Pablo Taño siempre creyó que iba a dedicarse a la agricultura, pero el sector forestal llamó su atención y decidió virar hacia ese lado poco antes de graduarse como técnico agropecuario. Hoy, 18 años después, es encargado de silvicultura en el Norte del país y disfruta cada día de su pasión por los árboles.

Por Alejandra Pintos

La familia de Pablo Taño se dedica al sector agrícola y, durante mucho tiempo, él creyó que seguiría ese mismo destino. Para eso se estaba preparando. Estudiaba para Técnico Agropecuario en la Universidad Católica del Uruguay y se visualizaba trabajando en agricultura, un sector productivo con historia en el país.

Pero sobre el final de su carrera empezó a escuchar cada vez más sobre la industria forestal, algo que era “bastante nuevo” en ese momento. “Llegaron comentarios de empresas forestales que se estaban instalando, que ya había plantaciones, de alguna posible industria”, recuerda Taño. Habían pasado 17 años de la promulgación de la segunda Ley Forestal en 1987 y solo cinco de la aprobación del decreto 372/999, que regula las condiciones de trabajo en la actividad forestal. La industria estaba en plena efervescencia.

“En la agricultura ya estaba todo bastante armado, mientras que el sector forestal era algo nuevo que venía empujando bastante. Lo que divisé en ese momento fue una posibilidad de trabajo y de crecimiento en un sector incipiente. Por lo tanto, era un desafío, porque estaba todo para hacerse. Eso fue lo que me hizo inclinarme por lo forestal, en lugar de lo más tradicional que era lo que había en el momento: agricultura o ganadería”, explica Taño desde Tacuarembó.

Así, en el año 2004, se incorporó a Agroempresa Forestal (AF) en el área de venta de agroquímicos, así como su aplicación y el servicio vinculado a los mismos. Fue supervisor de campo, encargándose de los controles de calidad de las aplicaciones de agroquímicos. Luego asumió como encargado de esa área, convirtiéndose en representante técnico y de ventas e incluso estuvo vinculado con la administración de fondos forestales.

Cuando Taño se sumó al equipo la empresa tenía solo seis años de constituida y e ra una época fermental. Desde 2006 su título es el de jefe de Control de Malezas y Servicios, aunque en 2019 sumó también el de encargado de Silvicultura en Zona Norte.

Foto: Magdalena Gutiérrez

A TODA MÁQUINA

Al igual que otros que se insertaron en la industria a principios de los 2000, Taño destaca que en esos años el trabajo “era algo muy dinámico”, cotidianamente “surgían cosas nuevas”. “Nosotros estamos enfocados en nuevas tecnologías para toda la cadena. El día a día en las actividades era desafiante porque se presentaban situaciones distintas todo el tiempo y tenías que evaluar e ir caminando junto con la parte de desarrollo, porque, en definitiva, muchas cosas eran nuevas y había que probar. Tocaba adaptar mucha tecnología que venía de la parte agrícola. Es importante la velocidad que tiene el sector”, añade.

Para ejemplificar el dinamismo de su trabajo, sobre todo en aquellos primeros años, el técnico agropecuario cuenta que al principio los agroquímicos se aplicaban de forma manual, con cuadrillas que llevaban mochilas. Actualmente, esa tarea la cumplen drones especializados. “Hoy, los drones te hacen una aplicación mucho más segura, más efectiva y más rápida”, subraya.

Otro rubro donde el cambio y la evolución se hace muy evidente, recalca Taño, es el de la seguridad. “El sector forestal es el sector que, a nivel agropecuario, le da más importancia al tema de seguridad, regulación y demás. Cuando la forestación se instaló en el país, todos los requisitos y las normas fueron evolucionando rápidamente. En seguridad se nota un cambio fuerte en relación a cómo era antes del 2000 y lo que es hoy día”, reflexiona.

En el área de silvicultura, Taño está a cargo del inicio de las plantaciones: preparación del suelo, plantación, mantenimiento (controles de maleza) y poda. Después de que ocurre la cosecha, la extracción y la carga, su equipo vuelve nuevamente para encargarse de la preparación del sitio, manejo del suelo (laboreo) y su posterior reforestación. Este proceso es fundamental para lograr madera de calidad 20 años después, cuando llegue la época de cosechar.

“Creo que las nuevas generaciones se han volcado a la ingeniería forestal ‒o a trabajar en el sector forestal en general‒ porque han encontrado posibilidades que no existían en otros lados”

“Realmente acompañé el crecimiento de la empresa, vi todos los procesos, las cosas lindas y las no tan lindas. Y se aprende bastante más de ese tipo de situaciones. Siempre la capacitación para nosotros es fundamental; es un rubro que permanentemente te demanda estar actualizado. La empresa hace mucho foco en mantener toda la estructura alineada con los cambios, con las tecnologías, y eso, por supuesto, es un crecimiento personal”, explica Taño.

AL AIRE LIBRE

Ante la pregunta de qué es lo que más disfruta de su trabajo, Taño no duda y responde in mediatamente: “Estar al aire libre”. Si bien está expuesto a las inclemencias del clima ‒al frío en invierno, a la época de lluvias, al sol abrasador en verano‒ el técnico agropecuario prefiere que así sea. Y no hay muchos trabajos así.

“Para mí estar al aire libre es un valor agrega do que lo entiendo, lo cuido y lo disfruto mucho. Pablo destaca que en su trabajo cuenta con su espacio personal y cierta libertad para coordinar las actividades. “Es un trabajo que, al estar al aire libre y también tener un mix de planificaciones y temas de oficina, ofrece la combinación justa para sentirse cómodo”, explica.

De hecho, encontrar un momento para hablar con Taño no es sencillo por la naturaleza dinámica de sus tareas: cuando no está en la ruta, está en las plantaciones y ocasionalmente en la oficina.

LOS RETOS

El principal desafío para Pablo Taño es mantenerse actualizado: incorporar una nueva tecnología puede reducir radicalmente los tiempos o los costos.

“Es un sector que emplea mucha tecnología, pero que brinda mucha capacitación y muchas oportunidades. Personalmente, ha sido un crecimiento importante y la empresa me ha dado la posibilidad de ir formándome como profesional y como persona. Mis hijos, por ejemplo, tienen una realidad distinta a la mía. Ya nacieron dentro del sector forestal tal como lo conocemos, viven el proceso de otra manera”, dice.

Tras tantos años en la actividad forestal, Taño revela que “lo que siento es agradecimiento, porque me siento cómodo, quiero seguir trabajando en el sector, hay muchos desafíos por delante. La posibilidad de ir capacitándome y de ir creciendo profesional y personalmente que este sector me ha dado ha sido sumamente importante”. Además, valora trabajar en un espacio donde está “cómodo, donde te sentís respetado y donde podés hablar libremente y plantear todos los temas. Ese es un valor agregado”.

Foto: Magdalena Gutiérrez

¿El otro gran desafío al que se enfrenta? El lidiar con la amenaza recurrente de los incendios forestales. Ya mencionar la palabra ‘incendios’ a alguien que trabaja en este rubro genera un cambio prácticamente inmediato en la energía. Es uno de los principales riesgos, uno que acecha todos los veranos y que cada uno de los trabajadores se esfuerza por prevenir y detectar tempranamente. Taño no es la excepción.

“El tema de incendios es bueno remarcarlo, porque cuando se presentan esas situaciones realmente se ponen a prueba un montón de factores y procesos. La capacitación es fundamental, así como la coordinación y la comunicación”. Desde su experiencia personal, Taño comenta que ha debido enfrentar algunas de estas situaciones, aunque no se ha tratado de incendios de gran escala. Eso sí, también le ha tocado colaborar con otras empresas forestales para combatir incendios en predios ajenos.

El técnico agropecuario explica que ante situaciones de este tipo “se pone todo a prueba” y destaca lo preparado que está el rubro forestal. “Te das cuenta de todo lo capacitado que puede estar el sector, porque hoy en día las empresas forestales tenemos una estructura en cuanto a la prevención, el control y la acción ante un incendio que otros rubros no sé si la tienen. Entonces, cuando sucede un incendio realmente se pone a prueba todo el engranaje del sector forestal”, explica.

PARA LARGO

En el mercado laboral actual encontrar a alguien que se haya mantenido casi veinte años en una misma empresa es una rareza. Esto, sin embargo, sucede más a menudo en la actividad forestal. Dentro del sector, la seguridad laboral, el dinamismo y las oportunidades de crecimiento retienen a los profesionales. Este factor se complementa, además, con los nuevos profesionales que continúan mirando a la forestación con interés.

Así lo resume Taño: “Debe de haber siete u ocho personas que tenemos en el entorno de 18 o 20 años en la empresa y convivimos con personas más jóvenes que se sumaron hace poco. Creo que las nuevas generaciones se han volcado a la ingeniería forestal ‒o a trabajar en el sector forestal en general‒ porque han encontrado posibilidades que no existían en otros lados”. En otros rubros, dice Taño, al recibirte y presentarte en “un laburo, te piden experiencia, y no es tan fácil ingresar porque estás recién recibido; mientras que, por otro lado, si tenés cierta edad ya también se dificulta el entrar. Nosotros acá recibimos a esas personas; a jóvenes con ganas y con una nueva cabeza, y ellos se sienten cómodos. Nosotros, los que ya tenemos algún año más dentro del sector y que hemos sido de los primeros, miramos hacia atrás y estamos orgullosos de lo que hemos ido logrando. Y miramos hacia adelante y los desafíos son tremendos, y eso hace que queramos estar acá por mucho tiempo”.

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lunes 30 de diciembre de 2024