Campoflor
  • Miércoles 10 de julio de 2024

Cercanía desde la raíz

La zona sureste de Uruguay es particular. Allí la tierra, muy subdividida, pertenece a productores de todo tipo, que en sus campos también tienen bosques. Por separado, su madera no llegaría a nada; pero juntos logran más que exportar: trabajan codo a codo para salir adelante.

Por Sebastián Rodríguez López

Lanzas, caballos y humanos, entrelazados por la entropía. Un cambalache. O un entrevero, como lo bautizaron de forma delicada y muy acertada. Cuando se lo mira de frente y también cuando se le da vueltas, uno puede ver una masa desordenada, una suerte de monstruo de varias cabezas, de hombres y animales, que van y vienen como queriendo decir algo. Y a la fuerza, la mente, que busca el orden, parece querer separarlos, poner acá un caballo, más allá un par de lanzas y más acá una fila de hombres. Y entonces… nada. No quedaría nada. Porque la fuerza y la majestuosidad del monumento El Entrevero (creado por el escultor uruguayo José Belloni e inaugurado en la plaza Fabini de Montevideo en 1967) quedaría totalmente apagada si alguien, con un bisturí, tomara cada figura y la separase del resto hasta que ya no hubiese un todo sino partes. Por separado, serían lanzas, caballos y personas de bronce. Pero juntos, unidos, tienen la fuerza de un símbolo: son héroes de una patria en ascuas, y ese entrevero es un homenaje a su patriada. Algo muy similar sucede con los pequeños y medianos productores forestales del Uruguay: por separado, sus esfuerzos por salir al mercado serían muchas veces infructuosos o a veces hasta imposibles; pero juntos, entreverados unos con otros, logran llenar decenas de barcos graneleros.

Gentileza: Foresur

Un ejemplo de ello es Foresur GIE (Grupo de Interés Empresarial), un grupo de productores forestales al que lo define aquello de que la unión hace la fuerza. Pero su presidente, Gerardo Barrios, prefiere buscar la definición en la historia misma del grupo, esa que en octubre de 2022 sopló sus primeras treinta velas.

“En el año 1992, por distintas circunstancias, varios productores, que veníamos de la industria frigorífica y éramos esencialmente exportadores, teníamos bosques con los que no sabíamos qué hacer. El tema es que nuestra madera era totalmente insuficiente para cualquier proyecto de exportación”, recuerda Barrios, y, con la sonrisa de la nostalgia bien sembrada, agrega: “Entonces empezamos a nuclear a productores pequeños, que en aquella época los ubicamos en el eje de la Ruta 8, con la misma problemática que nosotros: teníamos madera, pero ¿qué hacíamos con ella? Empezamos a sumar a uno, a otro y a otro, hasta que armamos un pequeño grupo inicial al que hoy le decimos los fundadores. Con eso diseñamos una empresa, con la idea de exportar nuestra madera”.

El camino de estos medianos productores, entonces, comenzó con algo en común que muchas veces es el mejor de los aglutinantes: un desafío. El desafío de exportar.

“Nosotros exportamos chips, y la unidad de medida para la venta es barcos. Un barco granelero se lleva unas 300 hectáreas de bosque compacto. Son realmente enormes. Sin embargo, si vos salís al exterior a decir que querés vender un barco, ni te atienden el teléfono. Este es un negocio de grandes volúmenes”, explica el presidente de Foresur, y agrega: “Si vas con una oferta de 20 barcos es distinto. Esto lleva a eso de que la unión hace la fuerza. Y a la necesidad de los productores chicos y medianos de participar de alguno de estos sistemas como el nuestro para vender su madera de la mejor forma posible”.

Originalmente, recuerda Barrios, quienes eran productores forestales al 100% eran muy pocos. “Generalmente eran todos ganaderos que en cierto espacio forestaban. Y, con la aprobación de la Ley Forestal del año 1987, también mucha gente de fuera del sector que invirtió sus ahorros en comprar un pedacito de campo y forestarlo”.

“A nosotros nos sirve que cuando vamos a cosechar el bosque sea bueno, de buen rendimiento. Por eso ofrecemos un servicio integral de la plantación en adelante”. Gerardo Barrios, Foresur

Hoy esa heterogeneidad sigue vigente. Y los caracteriza. “Vamos creciendo permanentemente, dice Barrios, y señala que congregan a “un mínimo de 80 productores”, pero que el número crece hasta 120 si se toma a los que solo comercializan su bosque a través del bloque.

Esos 80 productores que forman el núcleo duro de la agrupación abarcan, en su conjunto, unas 22.000 hectáreas forestadas, que se ubican en el sureste del país: principalmente en Lavalleja, y en menor escala en Maldonado, Rocha, Florida y Treinta y Tres.

“Comenzamos todos produciendo una variedad que en el único lugar del país donde se daba bien era en la franja costera, que es el Eucalyptus globulus, que se utiliza para la fabricación de papel de escritura. Estamos radicados en una porción pequeña del territorio, y a la larga todos nos conocemos”, apunta Barrios. Y ese conocimiento es la raíz de uno de los pilares que hacen a la esencia del grupo: la cercanía. “El contacto es muy fácil, muy rápido. Y vamos armando la red de forma tal de mantener el sentido de pertenencia”, dice.

LA EXPERIENCIA DE PERTENECER

En la actualidad, Uruguay cuenta con cerca de un millón de hectáreas forestadas. Una empresa grande del rubro o un fondo de inversión extranjero o de las AFAP puede tener por su cuenta unas 150.000 hectáreas. En Foresur, las 22.000 hectáreas abarcadas se componen de forma bien distinta. “El productor que tiene más debe tener unas 3.000 hectáreas. Pero si hacés el promedio de las 22.000 en los 80 productores, quizás el área promedio son 200 o 300 hectáreas”, explica Barrios, y matiza: “No hay que olvidarse de que se cosecha cada diez años, o sea que no es que tenga un nivel anual de tanto”.

Todos los productores saben que alcanza con levantar el teléfono para hablar con la persona que buscará resolverles su problema o ayudarlos en una determinada gestión. “Mi teléfono lo tienen todos los que forman parte. Y esa cercanía es muy apreciada. Consideran una virtud el poder llamar directamente al presidente sin pasar por ningún filtro”, dice, y agrega que, una vez que lo llaman, él “distribuye el juego”, y canaliza muchas de las soluciones a través de los equipos técnicos que tienen como base de operaciones la ciudad de Minas.

Sin embargo, el punto de encuentro está en un depósito en la Ruta 8. Allí, de forma semestral, más de cien personas se dan cita para conocer la situación del mercado de la madera y las perspectivas, las nuevas tendencias y necesarias actualizaciones técnicas, pero también para comer un asado.

Foto: Alex Gerontakis

“Eso va generando un afecto con la empresa, pero a su vez también entre personas que son vecinos y no se conocían y se empiezan a conocer. La red se va armando, se va tejiendo. Y si el productor no va a las reuniones, nosotros de alguna manera lo vamos a ir a ver, generamos el contacto”, dice Barrios.

Aunque está claro que la mayor parte del interés del grupo está en lo comercial, la propia actividad los ha empujado a ser un grupo social, pero también de “solidaridad” –en palabras de Barrios– y de constante búsqueda de crecimiento y aprendizaje.

UN CAMINO JUNTOS

“Desde el primer día miramos hacia afuera”, señala Barrios sobre la vocación exportadora del grupo. Esa vocación marca una vara: el cumplir con los requisitos para mantener vigente la certificación de la gestión forestal FSC, algo que ostentan como grupo y que, en caso de que una parte falle, haría tambalear a todo el sistema. Cumplir con esa certificación, explica, “abarca lo ambiental, lo social y lo económico”, y eso es “a rajatabla”. “Hay que cumplir con cada uno de esos tres elementos, y en eso tenemos que ser muy exigentes porque corremos el riesgo de perder nuestro certificado. Y si perdemos el certificado, no podemos vender”, agrega.

Para eso, este grupo –que cuenta con la singularidad de reunir a “productores con nombre y apellido” y no a sellos de grandes empresas, sobre todo por estar en una zona geográfica donde el territorio está muy subdividido– apuesta por dar un soporte integral a sus miembros para todo el proceso de la nueva gran protagonista de su actividad: Eucalyptus smithii, una especie que crece mejor y de forma más sana, y que también tiene como fin el papel de impresión.

Los productores del sureste del país plantaban Eucalyptus globulus, que se utiliza para la fabricación de papel de escritura. Pero migraron al Eucalyptus smithii, de mejor performance.

“El productor pequeño y mediano generalmente no tiene capacidad para tener todos los aspectos técnicos que debe tener un bosque, sus cuidados y el seguimiento. Nosotros orientamos a los productores en tareas silvícolas que muchas veces no se hacían y hay que hacerlas. Y eso nos llevó, con el paso de los años, a crear servicios propios y un equipo técnico para dar un buen asesoramiento de qué plantar, cómo plantar, cómo controlar la plantación. A nosotros nos sirve que cuando vamos a cosechar el bosque sea bueno, de buen rendimiento. Por eso ofrecemos un servicio integral de la plantación en adelante”, explica Barrios.

Al grupo acuden los que ya tienen un bosque para cosechar, pero también los que están pensando en incursionar en la forestación y no tienen idea de costos o de cómo hacerlo. Barrios ejemplifica: “Puede acercarse un productor que nos llama y dice que tiene un bosque de tal variedad, si nos interesa, y ahí nos relacionamos para ir al bosque, conocerlo, medirlo, estimar el volumen y decirle cuánto vale esa madera. Pero también hay mucho productor que viene solamente con el interés de que quiere invertir en forestación y nuestra gente puede decirle si le conviene o no. Y después seguir ayudándolo en los trámites”, dice Barrios.

En cualquier caso, el presidente de Foresur remarca que “los productores son libres”. En la parte forestal tratamos de ayudarlos, pero cada uno gerencia su tierra y su bosque como quiere, nosotros le sugerimos cuáles son las mejores prácticas”, dice, y ejemplifica: “En el armado del plan de plantación la persona es libre, puede plantarlo con quien quiera y nosotros lo que ofrecemos es ser los defensores, los inspectores que vamos a estar controlando que lo que hay que hacer se debe hacer”.

TREINTA AÑOS MÁS

Mucho ha cambiado desde 1992 hasta ahora. Incluso las propias previsiones sobre el camino a futuro del grupo de productores. “El Foresur original moría el 12 de octubre de este año. Pero veníamos con mucho viento en la camiseta y seguimos de largo, renovamos el plazo y vamos por 30 años más”, dice Barrios.

Y esa idea de continuar parece no ser un capricho ni solamente el resultado del entusiasmo. Tiene que ver, para Barrios, con el futuro del papel y el rol de la forestación en el sistema socioeconómico de Uruguay.

Cumplir con la certificación FSC es fundamental a la hora de poder exportar, y se hace a rajatabla.

“Soy un convencido de que la madera va a seguir siendo un bien escaso en el mundo y cada vez más”, dice Barrios. En ese marco, visualiza a Foresur con la vocación de asumir un rol clave para el país.

“Lo veo a Foresur tratando de desarrollar más áreas en el sureste, porque creemos que es una oportunidad. Es bueno socialmente que un productor de ganado del sureste pueda agregar este cultivo y continuar con su actividad ganadera, no es una contra otra, las dos pueden ser complementarias. En otras zonas del país son complementarias la ganadería con la agricultura. Resalto eso porque si tú le das herramientas para que el productor pueda ganar dinero y vivir de su predio, hacés que no sea tentado a venderlo. Entonces vas a mantener esa familia en el campo”, dice Barrios, y concluye: “Veo a la madera con una fuerte posibilidad para que se mantenga el arraigo de la gente”.

martes 27 de diciembre de 2022