• Martes 16 de julio de 2019

“Con tierra y plantas soy feliz”

Por Pilar Perrier

Silvia Pereira llegó a Fray Bentos por una pasantía de 90 días y el trabajo la conquistó. Hace tres años se desempeña como peona especializada en propagación vegetativa, donde cuida de cada planta como si fuera “un bebé”. Amante de la naturaleza, meticulosa y previsora, la riverense cuenta cómo la Ley Forestal cambió la impronta productiva del Uruguay, y con ella, la de su propia vida.

Son casi las dos de la tarde y el calor se siente fuerte en la entrada del vivero de Montes del Plata, en la Ruta 24, a pocos minutos de Fray Bentos. El ambiente dentro del invernadero es más amable y un grupo de mujeres trabaja entre miles de plantines con delicadeza, buen ritmo y cordialidad.

Silvia Pereira camina por los corredores escoltados de verde y va saludando a sus compañeras con simpatía y algún chiste alusivo a la situación. La vamos a entrevistar para los videos que la Sociedad de Productores Forestales (SPF) encargó en el marco de los 30 años de la Ley Forestal. Antes de empezar le pregunto si conoce la ley que se firmó siete años antes de que ella naciera. “Sí, claro, tuve que estudiarla para mi carrera. Preguntame lo que quieras”.

“Me encanta ver que el campo es aprovechado. A veces no nos damos cuenta, pero la vida entera tiene que ver con el campo”

El director acomoda la cámara, prepara el plano, chequea el audio, y acción. Pereira empieza a responder con la naturalidad de una experta en comunicación y el orgullo de una veterana del sector.

ARBOLITOS EN LA VUELTA

“La forestación en mi vida es como familiar. Conozco el ramo desde siempre, crecí rodeada de árboles, de naturaleza. Vi crecer arbolitos al costado mío y me gusta. Me encanta ver que el campo es aprovechado. A veces no nos damos cuenta, pero la vida entera tiene que ver con el campo: las frutas, las verduras, la leche, la carne, todo viene de ahí”, comenta la joven.

A los 20 años egresó como Técnica Forestal de la Escuela Agraria de Rivera y sus buenas notas le dieron la oportunidad de hacer una pasantía en Montes del Plata. Dijo que sí pero enseguida empezó a dudar: “¿En qué me metí? Nunca había salido de Rivera, no sabía dónde iba a vivir, cómo me iba a manejar en una ciudad desconocida. Soy de Capón Alto, un paraje fronterizo con Brasil donde ves un mojón, más campo y otro mojón y de repente no sabes en qué país estás. Hablaba mucho en portugués y cuando vine para el centro del Uruguay no entendía a la gente”.

La decisión estaba tomada. La pasantía era solo por tres meses. En un día de “terrible lluvia”, Silvia y sus padres partieron hacia la capital de Río Negro. “Recorrimos inmobiliarias y después de mucho andar encontramos un  monoambiente chiquitito. Aunque no sabía ni cómo iba a pagar el alquiler, me tiré al agua y hasta ahora valió la pena. Ha sido una linda experiencia”. Los tres meses quedaron cortos y Pereira dio un giro total a su vida.

QUERÍA TRABAJAR

“Cuando me ofrecieron quedarme como peona, enseguida dije que sí. Yo quería trabajar.  lamé a mis padres y les conté de los nuevos planes. Quedaron medio asustados porque era la primera vez que salía de mi casa, pero me apoyaron igual. Ahora están felices y orgullosos de lo que vengo logrando. Ellos me dicen que la educación que me pudieron dar valió la pena. Mi familia es muy humilde e hicieron muchos sacrificios. Creo que trabajar como lo hago e intentar superarme es la mejor forma de retribuirle a mis padres todo lo que hicieron por mí”.

A tres años de aquel día de tormenta, a punto de cumplir 24 años y con un puesto de trabajo estable como peona especializada en propagación vegetativa (I+D) en el vivero de Montes del Plata, Pereira asegura que no se arrepiente del camino recorrido.

“Creo que trabajar como lo hago e intentar superarme es la mejor forma de retribuirle a mis padres todo lo que hicieron por mí”

“Evalúo qué humedad tenemos en el ambiente, las temperaturas y el viento. Después voy al control de riego para ver cuánto se regó el día anterior y si se detectó́ alguna falla. Recorro las plantas, una por una. A veces hay fertilizaciones para hacer, hay que podar o revisar las macetas. Los días de altas temperaturas hay que pasar de nuevo porque las plantas se secan. Si les falta agua, les genera estrés. Hay que estar chequeando siempre que todo funcione bien”, detalla Silvia. Habla de su trabajo con pasión, explicando paso a paso, y da cuenta de lo importante que es estar atenta al bienestar particular de cada planta. Tiene un trabajo delicado, que puede parecer rutinario pero que sabe cambiante y disfrutable.

COMO UN BEBÉ

“El área de Propagación Vegetativa se centra en el desarrollo clonal y hay otro espacio en donde están las macetas con los injertos para los cruzamientos controlados. Ahí se inicia el trabajo en el área de polinización, injertación, numeración, control de la temperatura, del riego, del sol. En definitiva, los cuidados son como los de un bebé. Después viene la etapa del trasplante, que es cuando las pasamos a macetas grandes y las fertilizamos durante algún tiempo. Cuando llegan a un tamaño ideal, más o menos a la altura de una persona, se induce a la floración. Luego hay que esperar. También se realiza un trabajo de poda que se hace con mucho criterio. No se trata de cortar ramas por cortar. En realidad, preparamos el árbol lo mejor posible para que en unos meses produzca flores y ahí hacemos los cruzamientos controlados”, explica Pereira.

La misma minuciosidad en la descripción de su trabajo se nota cuando la vemos concretarlo. Sabe que es imprescindible estar concentrada, atenta a esos detalles que hacen la diferencia. Cuenta que más de 12 meses atrás tuvo su primera cosecha de polen: “Cuando se tiene la flor en el árbol en edad adulta se le saca el polen, un polvito finito y dulce, similar al olor de la miel del Eucalyptus”.

“Los cuidados a las plantas en Propagación Vegetativa son como los de un bebé”

El objetivo central de I+D es optimizar la producción de materia prima. Las líneas de trabajo pretenden aumentar la calidad, la eficiencia y el rendimiento de las plantaciones, a través del desarrollo de tecnologías de vanguardia y la incorporación de nuevos materiales genéticos. La técnica forestal sabe que la tecnología es imprescindible, pero considera que lo manual es también importante: “Es como darle un mimito a las plantas y eso ¡me encanta! Darle un toque personal”.

MILES

Quiere seguir conversando sobre su tarea diaria, la riqueza inagotable de la naturaleza en sus manos y los desafíos continuos de trabajar con material biológico. Se nota que para Pereira este es un tema sin fin. Siempre hay algo nuevo para aprender, para observar, para explicar.

Le pregunto sobre la Ley N° 15.939 y su entusiasmo sigue intacto. Como si su trabajo y la aprobación de la legislación fuesen dos caras de la misma moneda.

“Gracias a la Ley Forestal se dio un cambio importante. La forestación pasó a ser un negocio más, como lo es el ganadero u otras industrias”

“Más allá de los suelos de prioridad forestal, gracias a la Ley Forestal se dio un cambio importante. La forestación pasó a ser un negocio más como es el ganadero u otras industrias. Se dio un impulso para que la gente pudiera invertir en forestación. Hay dos plantas de celulosa, se está preparando la instalación de una tercera. Se van a seguir plantando Eucalyptus. Hay miles de personas trabajando en tareas mínimas como la producción de estacas, preparando tierra, en el cuidado de las plantas, yendo a campo, el cuidado de esa planta a campo. Todo lo que tiene que ver con el trabajo forestal propiamente dicho. Además, también están la cosecha, la extracción, la carga, el transporte, las industrias vinculadas a la celulosa y la madera. Hay mucha gente trabajando gracias a la forestación”, agrega.

PRESENTE CON FUTURO

La riverense simpática que habla con frescura tiene como hobby la fotografía. “A veces me joroban porque solo tengo fotos de flores o de hojas, pero a mí me gustan esos detalles. También busco por internet lugares hermosos, que te dan ganas de estar ahí. Eso es lo que me gusta de la fotografía, anhelar estar ahí”.

Donde seguro quiere estar Silvia es en su propio hogar. Se describe como “superahorradora”, característica que comparte con su pareja, Bruno Álvez Machado, de 27 años. “Me gusta administrar mi casa, no paso mal pero no derrocho la plata. Trato de mantener mi sueldo y organizarlo de tal forma que dé bien. Porque si no sería como desaprovechar el sacrificio, las horas de trabajo”.

Ahorraron mes a mes, surgió la posibilidad de acceder a un terreno en cuotas y luego de un gran esfuerzo completaron el pago de un espacio propio donde pretenden levantar su casa. “A futuro queremos construir algo chiquito, pero por ahora es solo un proyecto. No queremos iniciar nada sin tener plata ahorrada, no es necesario tener deudas si uno tiene salud y puede trabajar. Seguro lo vamos a lograr de la misma manera que pudimos comprar el terreno. Hay que proponerse objetivos y creer que los vamos a alcanzar. Que lo vamos a intentar, aunque fracasemos”, y con ese pensamiento como eje, ella sigue avanzando.

“A mí dame algo que tenga que ver con tierra y con plantas y yo soy feliz”

Silvia Pereira imagina sus próximos años vinculada a la forestación, cumpliendo sus responsabilidades, disfrutando de lo que hace y aprendiendo cada día; “A mí dame algo que tenga que ver con tierra y con plantas y yo soy feliz”.

Se ríe un poco de esos planes de 90 días que terminaron en más de tres años y siguen contando. Se acuerda de esos primeros tiempos, cuando tenía que pedirle a sus compañeras que le explicaran qué le habían dicho por radio porque “no entendía nada”. Se planta frente al futuro con optimismo y determinación.  Agradece ser una de las 30 elegidas para dar testimonio del impacto de la Ley Forestal en Uruguay y se va, jovial y segura, caminando por el vivero hasta su zona de trabajo, escoltada por verde y más verde de plantines que crecen, como ella, de la mano de la forestación.

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