• Martes 02 de agosto de 2022

Seguir en pie

Los troncos están negros, la corteza pegada, las hojas marrones, el crecimiento definitivamente trunco. El olor a quemado aún se siente al caminar entre los árboles que el fuego abrazó y en el rastro de los que incineró. La impotencia de ver desaparecer en minutos años de trabajo, el dolor por lo que se perdió, el aprendizaje que quedó y el agradecimiento por la tarea mancomunada de tantos, son algunos de los temas que los productores forestales Lucas Máscolo y Marcelo Heinze ponen en palabras para dar cuenta de los incendios que marcaron un antes y un después para el sector y para el país.

Lucas Máscolo es ingeniero agrónomo, creció entre cinco hermanas y nació hace 32 años, cuando sus padres compraron un campo para plantar árboles. “Mi viejo es de Paysandú, estuvo en Estados Unidos y cuando volvió tuvo una empresa constructora. Al poco tiempo que se promulgó la Ley Forestal [N.º 15.939], dejó todo y se dedicó a la forestación, también a algo de ganadería. Fue un visionario”. Ver distinto es algo que se les da bien a los Máscolo. Lucas es piloto de avión y su hobby es volar, “es precioso y te cambia bastante la perspectiva”, asegura.

Cambió su vida hace tres años, cuando se instaló definitivamente en El Naranjal (Villa Borges, Río Negro) que queda a 3 kilómetros de Paso de la Cruz y desde donde trabaja en Rivermol SA, la empresa familiar. Va y viene a la capital sanducera “una o dos veces por semana y todos los fines de semana” para estar con su señora Julia Dorotte y su recién nacida hija María Paz, que le dio el título de padre.

“Estoy muy contento, me gusta lo que hago y aprendo mucho de Marcelo, que hace 25 años que está con nosotros”. Marcelo Heinze es el administrador de Rivermol. Es agrónomo forestal y en cuanto se recibió empezó a trabajar con los Máscolo. Vive en Young (Río Negro), está casado con Cecilia Zunino, y son padres de Delfina (21) y Conrado (17). Nacido en Paysandú, Heinze se destacó como delantero en el fútbol juvenil, estudiantil y universitario, un deporte que le apasiona tanto como su trabajo, donde disfruta en toda la cancha. “Me gusta estar en casi todos los procesos, la toma de personal, la plantación, el seguimiento. Mis tareas se centran en lo administrativo, los contratos, la fiscalización, la certificación y varios temas más. Lucas es de otra generación y estamos trabajando mucho con informática. Nos complementamos muy bien”.

Máscolo asegura que tratan de “mantener cierta esencia. El vínculo con Paso de la Cruz sigue, alrededor del 90% de la gente del pueblo ha pasado por acá. Tienen un buen recuerdo y acuden a nosotros por cualquier cosa puntual. Hoy en forma directa, acá en la zona, somos ocho personas trabajando, más dos en Montevideo, una de ellas es mi hermana”, pero hay mucho trabajo con contratistas que hacen caminería, cosecha, carga, “así que la vinculación con la comunidad continúa”.

La empresa mantiene una torre de control de incendios de 36 metros de altura. “Teníamos la torre instalada, gente del pueblo capacitada para hacer el control, y nos pareció importante mantenerla”, comenta Heinze, como un complemento del trabajo con aviones y helicópteros que se hace con el Plan de Protección contra Incendios Forestales (en adelante, el Plan) de la Sociedad de Productores Forestales (SPF), del que son parte.

TODO LO MALO QUE PODÍA PASAR, PASÓ

“El 29 de diciembre estábamos con Marcelo en El Naranjal y desde la torre nos dan aviso de una columna de humo para el lado de una cantera que tenemos. Yo fui con otro trabajador para esa zona, y Marcelo fue a levantar una cisterna. Cuando llegamos a la cantera vimos que no era ahí, que el humo estaba más lejos”. Identificaron el lugar preciso y se acercaron. “Fuimos los primeros en llegar con agua”, asegura Máscolo.

Sobre la Ruta 25, a 1,5 km del puesto de Rivermol yendo de Young hacia la Ruta 90, un camión pequeño se estaba incendiando. “La Policía estaba frenando el tránsito. Había como cinco autos y dos camiones de madera. El chofer del camión incendiado era un saco de nervios, pobre hombre. El vehículo estaba prendido fuego y también una de las banquinas, la que no era forestal. Pero empezaron a saltar los aerosoles de pintura hacia el lado contrario, donde estaba la vía de tren. Enseguida nos arrimamos al camino que hay entre la vía y el campo del vecino. Empezamos a atacar ahí y cuando miramos para atrás ya el fuego estaba adentro del campo del vecino, yéndose”.

En ese primer momento dos bomberos estaban en la zona del incendio. “Hicimos lo que pudimos, algo se controló, pero nosotros teníamos mangueras de 30 a 40 metros y no es fácil trabajar. No podíamos seguir y los árboles te molestaban bastante para pasar. El fuego empezó a correr para adentro, hacia el noroeste, rumbo a Paysandú”.

Desde la torre le avisaron a Heinze que el incendio avanzaba a “muchísima velocidad. Seguía saltando, las pavesas llegaban muy lejos. Se alinearon todas las cosas, el viento imparable, la temperatura altísima, la sequía, el combate” en el momento que el camión tomó fuego, que no fue suficiente. “Todo lo malo que podía pasar, pasó”.

Lucas cuenta que a la media hora de comenzar en lo del vecino, el fuego llegó a Rivermol. “En nuestro campo fue como una especie de embudo que agarró para todos lados. Enseguida tuvimos ayuda de las empresas de la vuelta –Caja Notarial, Montes del Plata, UPM–, de Bomberos, de la Intendencia [de Río Negro], hasta del Ejército. Y de la gente. Estabas apagando y frenaba una camioneta y alguien te decía: ‘Tomá, ¿comiste algo? Tomá agua, mojate la cabeza’. Y así fue todo el día. Venían de Paso de la Cruz, de Algorta, de Guichón, desde Young… increíble la cantidad de gente que se arrimó a ayudar”.

Marcelo señala que “se sintió muy fuerte la presencia de los agricultores, que se sumaron enseguida con su megamaquinaria y dieron la tal mano”. Todos trabajaban con ahínco, pero no daban abasto. “Estuve en los incendios de 2004 y me empecé a dar cuenta que a estos no los sujetábamos. El segundo día el fuego hizo 8 km en menos de tres horas. Una velocidad imposible”.

El tercer día el fuego seguía en la zona, pero también había avanzado a “kilómetros de distancia y estaba todo el mundo desperdigado”, cuenta Máscolo. El incendio originado en Algorta amenazaba los poblados de Piedras Coloradas, Orgoroso y Pandule. También puso en riesgo Arroyo Negro y llegó al paraje Las Flores. En paralelo se daba un gran incendio en Tres Bocas y había otros focos en la zona Este del país. Los fuegos afectaban miles de hectáreas forestadas, se llevaban montes nativos y bosques implantados, fauna autóctona y ganado, colmenas y otras producciones asociadas a la forestal, que viven y se desarrollan junto a los árboles.

“Estuve en los incendios de 2004 y me empecé a dar cuenta de que a estos no los sujetábamos. El segundo día el fuego hizo 8 km en menos de tres horas. Una velocidad imposible”. Marcelo Heinze

Los recursos humanos, hídricos y técnicos estaban trabajando sin pausa en diferentes frentes críticos. Máscolo, Heinze, sus compañeros y los contratistas de la zona estaban intentando evitar que el fuego avanzara hacia el sur. “Con Marcelo en la voz mandante, estuvimos todo el día aplacando el incendio. Era desesperante porque prendía solo, con el calor. Nuestra victoria personal fue evitar que el fuego volviera hacia atrás y agarrara la vía, porque ahí ya tomaba hacia el Sur y andá a saber dónde terminaba. Paramos el incendio a 15 metros de la vía”, comenta Lucas.

El 31 de diciembre en la madrugada, Lucas, Marcelo y el equipo de colaboradores descansaron un par de horas y sobre las 5 de la mañana volvieron a la zona de la vía. “Pasamos todo el día controlando. Saltaba algo, prendía y nosotros apagábamos” cuenta Marcelo. “Así pasamos todo el 1.o y el 2 de enero. La lluvia del primer día del año reforzó lo que estábamos haciendo y ya cuando vimos que la zona Sur estaba cubierta nos fuimos a apoyar a otros lugares” agrega Lucas.

EN MEDIO DEL DOLOR, PIEL DE GALLINA

“Estos incendios a nosotros nos afectaron arriba de 1.600 hectáreas, que es prácticamente el 100% de lo que tenemos del lado norte de la Ruta 25. Fue espantoso”, recalca el administrador de Rivermol.

“Este no es un trabajo donde plantás el árbol y desaparecés por 10 años. Todo esto lleva mucho esfuerzo, dedicación, trabajo. Hay mantenimiento, recorridas, certificaciones, controles, cortafuegos, alambrado. ¡Tanto por hacer!”, enfatiza Máscolo. Por eso fue tan difícil “ver cómo se quemaba todo sin poder hacer mucho. Era una impotencia generalizada porque estábamos entregando la vida adentro del monte, apagando el incendio como sea y el fuego prácticamente se reía de nosotros y avanzaba. Fue tremendo ver que el laburo de años y años de mi viejo se quemaba ahí, en mi cara. El trabajo de Marcelo también, ni que hablar, que está atrás de cada uno de eso árboles”.

“Nosotros teníamos montes de 8 a 13 años que tenían que seguir creciendo. Los veías prendidos y sabías que eso no va a crecer más. Estar frente a montes que ya están cosechados y que están quemados, mirar y pensar ¿qué hacemos ahora?”, comparte Marcelo.

Para Lucas fue “un shock” ver “tanto trabajo convertido en llamas”, fue triste y le dio bronca, pero también había lugar para la emoción. “Se me ponía la piel de gallina de ver la cantidad de gente que estaba ahí, apagando como si fuese de ellos. Con una manguera, con un balde, metiéndose a tirar agua. No tenía idea de quiénes eran, pero todos estaban para sumar”.

En El Matrero, base de Rivermol sobre la Ruta 25, se reunían Bomberos, Ejército y demás instituciones y personas involucradas en el combate del incendio. Lucas estaba casi todo el día “apagando adentro del monte” pero cuando iba al Matrero y veía cámaras de frío, que no sabía ni quién había contratado, llenas de agua y fruta, gente repartiendo comida, sentía una “emoción que no se puede describir”.

Marcelo y Lucas intercalan cuentos de personas que se arrimaron.

“Todas las cuadrillas que estaban haciendo leña o silvicultura con nosotros estuvieron trabajando a la par en esos días espantosos”, comparte Lucas. Agrega que, en uno de los peores momentos del incendio, cuando ya no podían más, “llegó un camioncito amarillo con bomberos voluntarios que venían desde Paysandú y Salto. Bajaron con una energía bárbara, con alegría y tranquilidad. Nos ayudaron a no tener tanto el corazón en la boca y a ver que no estábamos solos”.

“Era una impotencia generalizada porque estábamos entregando la vida adentro del monte, apagando el incendio como sea y el fuego prácticamente se reía de nosotros y avanzaba”. Lucas Máscolo

“Roberto Cabrera, a quien conocí apagando el fuego, había hecho un raleo de pino hace años con nosotros. Cuando escuchó en la radio que había un foco, agarró su cisterna y se vino desde Guichón. Cuando vio que teníamos muchos frentes, se instaló en un área y nos dijo que fuéramos tranquilos a donde fuese necesario, que él nos cubría. Después que pasó el fuego terminamos haciendo un asado con él. No lo vi más, pero si lo veo de lejos, cruzo la calle para abrazarlo. Es como si fuésemos amigos”, cuenta Lucas.

Heinze destaca el gran vínculo que hay entre la comunidad y “la empresa. No solo con la nuestra. La forestación pasa por todos los pueblos de Uruguay. Hay 25.000 puestos de trabajo en un millón de hectáreas forestadas. Mirando en perspectiva, creo que eso tiene que ver con el vínculo cercano y fuerte que hay con la comunidad”.

PREPARARSE CADA VEZ MÁS, CADA VEZ MEJOR

Lo que pasó puede volver a pasar. El cambio climático, las temperaturas extremas, favorecen este tipo de incendios. Son situaciones que se dan acá y en todas partes del mundo. “En Chile, Australia, Estados Unidos, países del primer mundo que también se ven desbordados con este tipo de fenómenos. El tema es qué hacemos distinto para trabajar mejor y ser más efectivos”, analiza Heinze. Y Máscolo habla de la preparación para el cambio que caracteriza al sector forestal: “Es un rubro ágil, que se adecúa con rapidez y por eso hoy estamos mejor preparados que el año anterior para los fuegos. En el próximo estaremos mejor que en este”.

Máscolo destaca que “existe algo clave que es la voluntad de mirarse al espejo, reconocer los errores e intentar superarse.

En general, creo que la vinculación entre los que integramos el sector es buena. Al ser un sector tan regulado, con certificación, tenemos una forma de trabajar similar y eso te ayuda mucho. También te facilita el diálogo con los demás rubros e instituciones. Pero tenemos que mejorar y mucho en la coordinación general”.

Heinze y Máscolo ven con mucha claridad lo indispensable de tener una base de operaciones estratégica, que reciba toda la información, mantenga la comunicación constante entre los involucrados, tenga poder de decisión y pueda organizar el combate y la prevención de la mejor forma posible, atendiendo siempre al bien común.

COMO CUANDO CANTAMOS EL HIMNO

Más allá de que “el boom de la noticia ya pasó y los meses transcurrieron”, Máscolo dice que “los forestales seguimos con la misma intensidad, revisando en qué fallamos, generando espacios para debatir y mejorar”. En ese sentido, celebra la iniciativa de la SPF de organizar reuniones de trabajo entre los vecinos de Piedras Coloradas y otros pueblos afectados, las empresas forestales, las instituciones y autoridades locales y nacionales. Lucas cuenta que a cada reunión se van sumando personas que comparten sus experiencias y que es muy importante “respetar y escuchar, porque son vivencias y cada cual lo vivió de forma distinta”.

Al mismo tiempo, “esta crisis también afianzó vínculos que de otra forma hubiesen demorado años en fortalecerse, porque compartís momentos muy duros que, en definitiva, te terminan uniendo”. Máscolo apela a una analogía para explicarlo: “¿Viste cuando Uruguay juega un partido importante en un mundial y cantan el Himno Nacional? El sentimiento, la emoción de ese momento es lo que viví en esos días donde el fuego se nos imponía. Gente que dejaba agua, repartía comida, personas mayores, familias enteras, preguntándome cómo estaba, si precisaba algo… nadie preguntaba quién era yo, quién era Marcelo. Nadie pensó que era fin de año. Todos estábamos juntos y el único fin era apagar el fuego”.

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Martes 02 de agosto de 2022