• Sábado 04 de diciembre de 2021

Retener el suelo para retener el carbono

Las formas de siembra y resiembra en la forestación inciden en la capacidad de retener carbono y no perder nutrientes en los suelos productivos. Mario Pérez Bidegain, profesor adjunto de Manejo y Conservación de Suelos y Aguas de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, explicó cuáles son las prácticas responsables para conservar un recurso tan vital. Entre los aspectos de mayor incidencia destacó: reducir al máximo posible el área de laboreo y cuidar el tratamiento de residuos de una plantación anterior.

–Las prácticas responsables tienen que ver con la retención de carbono, ¿verdad?

–Entre otras cosas. Lo primero que hay que hacer es retener el suelo. Dentro de las prácticas vinculadas a la preparación del suelo para la plantación, nosotros trabajamos desde hace unos cuantos años en distintos sistemas para hacerlo. Arrancamos a fines de la década de 1990, trabajando en la zona norte del país, en suelos arenosos que tenían una historia previa de campo natural que comenzaría a ser usado en forestación, o una historia agrícola de cultivo de sandía, por ejemplo. También hicimos algún trabajo en el litoral oeste, en suelos arenosos con otras características que tenían una historia agrícola. En aquellos momentos la discusión era entre hacer un laboreo en el 100% del área para la plantación o utilizar prácticas de manejo de tecnología para laborear un área menor que correspondía a donde se iban a plantar los árboles. La segunda opción fue la elegida en ese momento y hasta el día de hoy.

Actualmente, los sistemas de laboreo para la plantación afectan entre un 25 y un 30% del área. Esa es una buena práctica. Esa superficie es la que tiene un riesgo de erosión más alto. Entonces por eso lo del principio, antes que lo del carbono, hay que proteger el suelo para que lo que se mueva con él no se vaya.

«Hoy los sistemas de laboreo para la plantación afectan entre un 25 y un 30% del área. Esa es una buena práctica»

–¿Cómo se hace para retener el suelo?

–Una forma es la mencionada antes, laborear menos área y así se disminuye el área con mayor riesgo de erosión. Hoy las empresas forestales laborean entre 25% y 33% del área en las filas de plantación.

En los últimos años, con la expansión de la forestación hacia suelos con otras características, quizás «de menor aptitud» para la forestación porque empiezan a tener algunos problemas de pedregosidad, etcétera, hemos trabajado en algunos ensayos en que, si bien se laborea un 25% del área, en esos lugares a veces se utilizan implementos para preparar el suelo que hacen un laboreo profundo. Hablo de subsoladores y toda esa familia de herramientas. En ese caso, genéricamente se habla de subsoladores, pero al ser una herramienta que tiene el objetivo de ir a 60 o 70 centímetros de profundidad tiene un gran consumo de energía, de gasoil. Es de interés de muchas empresas, al menos de las que nos han consultado y con las que trabajamos mediante convenio, reducir ese trabajo porque implica un costo importante. Hemos realizado algunos ensayos de ese tipo en zonas del centro del país y en zonas más hacia el Este. También tenemos algunos ensayos en el litoral oeste en suelos que no tienen las características que tenían aquellos de comienzos de la década de 1990. Nuestros resultados indican que el uso de esas herramientas, que para las empresas tienen un costo importante de realización por hectárea debido al uso intensivo de combustible, en realidad no afecta el establecimiento inicial. Inclusive hemos tenido la oportunidad de desarrollar algunas tesis de maestría en esos ensayos, aplicando algunas metodologías estadísticas que dan más fortaleza a los resultados que nosotros estamos obteniendo. Entonces, resumiendo, una buena práctica al momento de la instalación es una que reduzca al mínimo el laboreo, porque de esa manera va a estar reduciendo el riesgo de erosión.

–Específicamente, ¿cuál es la diferencia entre los distintos tipos de laboreo?

–En la década de 1990 se realizaba un laboreo en entrefila, el área que queda en el medio de las líneas de siembra. Entonces mientras el árbol no cubría con las hojas esa zona, la misma quedaba con un riesgo de erosión porque estaba el suelo desnudo, con un laboreo que dejaba el suelo muy afinado. El riesgo de erosión era muy alto.

Hoy por hoy, la entrefila se trata con herbicida que mantiene la cobertura y en realidad se laborea solo la faja de siembra. Esto desde el punto de vista de la empresa tiene sus bemoles, porque en realidad este laboreo no se puede hacer en el sentido de la máxima pendiente o tratar de evitarlo. Pero en realidad el período de riesgo es entre la realización del laboreo, la plantación y hasta que el dosel de los árboles cubre el suelo. Una vez que el dosel de los árboles cubre el suelo, está protegido porque la lluvia impacta primero en el árbol y después gotea con menor energía. Así se disminuye el riesgo.

Eso es para las primeras plantaciones, después un tema que es sumamente desafiante es qué pasa cuando se empieza a hacer replantación, o sea cuando la situación previa a que plantás un árbol no es un campo natural ni una chacra que de repente venía de un uso agrícola, sino que viene de forestación. Ahí es todo un tema el manejo de los residuos forestales. Desde el punto de vista de la conservación del suelo y la disminución del riesgo de erosión, lo mejor es que queden ahí. Eso desde lo práctico tiene inconvenientes para el manejo del rodal. Entonces, hay distintas maquinarias que tratan los residuos de manera tal que uno pueda realizar algún laboreo, porque en la situación de replantación la entrefila de la segunda va a tener los tocones de la anterior. En la entrefila habrá ramas. Las empresas están ensayando distintas formas de poder laborear en esa situación.

«El carbono orgánico afecta muchos otros aspectos del suelo vinculados tanto a temas nutricionales como a propiedades hidrológicas».

–Digamos que hay que retirar los residuos sin afectar el suelo.

–Necesariamente tenés que retirar los residuos para laborear, pero las características de esa herramienta son distintas porque algunos los retiran y después laborean, otros hacen un micropicado previo. Pero nunca estamos hablando de hacer un laboreo al 100%.

Una práctica que no es deseable, y yo no puedo decir en qué porcentaje se hace, es la quema de los residuos. No digo que se haga siempre, lo he visto en algunas situaciones. Pero no es deseable, porque el suelo queda casi como que se hiciera un laboreo en el 100% del área. El suelo queda sin residuo, totalmente desnudo, el carbono que está en las ramas pasa en forma gaseosa a la atmósfera. Entonces no es una buena práctica.

–Usted decía que eso no se practica mucho en Uruguay.

–Tengo la percepción de que no. Sí he visto alguna situación que tiene sus razones técnicas pero también han dado lugar a problemas. No es una buena práctica quemar los residuos.

–¿Por qué es importante la retención de carbono?

–El carbono orgánico interviene y afecta muchos otros aspectos del suelo vinculados tanto a temas nutricionales que puedan servir para la plantas, como a algunas propiedades hidrológicas, del movimiento del agua. Además, por el hecho de usar agroquímicos, las moléculas, los compuestos orgánicos, que tienen carbono, sirven como lugares donde se absorbe, se retiene, y eventualmente no se mueve a otros lugares.

–¿Qué diferencias o qué virtudes tiene la forestación con respecto a otras actividades agrícolas en este punto?

–Si uno piensa en términos teóricos respecto de la materia orgánica en un sistema de pasturas naturales comparado con un sistema con árboles, en el primero las raíces lo incorporan en el suelo y entonces hay todo un ciclo de carbono en la masa del suelo. En los sistemas forestales, además del aporte de las raíces, porque los árboles las tienen, hay un aporte sobre el suelo por ramas, ramillas, hojarasca. Eso se va degradando, se va descomponiendo y empieza a formar parte del suelo. Incluso desde el punto de vista del suelo, de cómo se distribuye morfológicamente, puede comenzar a aparecer lo que se llama un «Horizonte O», un horizonte orgánico. Si uno mirara un corte vertical en forma estratificada, algo teórico sería: las ramas que recién cayeron, luego un degradé de material que se empieza a descomponer hasta que uno empieza a no distinguir cuál fue el origen, si era una hojita o una rama, y después viene el suelo mineral. En esa interfase se puede empezar a generar un horizonte orgánico.

Entonces en la literatura internacional, la discusión es dónde uno le pone límites al suelo para hacer esa cuenta de carbono. Dónde le pone el límite uno al sistema forestal o al sistema que esté analizando. De repente si uno toma solo el suelo mineral llega a un resultado cuando lo compara con otra cosa. Si uno toma el Horizonte O, en caso de existir, va a tener otro resultado, y si toma todo va a tener otros números.

–¿Qué otras prácticas responsables indicaría en el momento de la plantación?

–También es importante que el material genético que se emplee esté adaptado al lugar, al sitio, de manera tal de conseguir en el período más corto posible una cobertura del suelo por parte del dosel. Si uno lo ve en términos de largo plazo, en realidad de los 10, 11, 12 años de un turno de plantación para pulpa, hay uno o dos años en los que ese riesgo es mayor. Luego que aparece el follaje, el riesgo disminuye. Luego hay un incremento en el riesgo cuando se entra en las operaciones de cosecha, porque uno lo que hace es retirar y manipular los árboles. Además está la caminería y otros temas que son posibles fuentes de erosión.

–En cuanto a la retención de carbono, ¿hay alguna medida específica a tomar en el momento de la plantación?

–Si tú laboreás el suelo, lo que hacés es incorporar aire, o sea lo oxigenás, vas generando una combustión. Si hacés eso, estás emitiendo CO2. En la medida en que las actividades de laboreo sean las menores posibles, entre otras cosas lo que estás haciendo es no quemar el combustible que tenés, el carbono.

«Es importante que el material genético que se emplee esté adaptado al sitio, para que el follaje crezca cuanto antes y cubra el suelo».

–¿Es eso importante tanto medioambientalmente como para la propia producción, porque el suelo no pierde nutrientes?

–Sí. Un suelo con mayores contenidos de carbono tiene un efecto positivo sobre otras cosas. Igual pensemos que en general los suelos que han sido utilizados en forestación en Uruguay naturalmente tienen bajos contenidos de carbono orgánico.

–¿Cuál diría que es la situación con respecto a las prácticas responsables en Uruguay? ¿Las empresas las adoptan?

–Desde el punto de vista del contacto que nosotros tenemos mediante acuerdos de trabajo y convenios con las empresas, no puedo estar seguro un 100%, pero tengo la amplia percepción de que hoy el sistema de laboreo total de hace 20 años se redujo. Hay preocupación y nosotros hemos participado en actividades básicamente de investigación en las que las empresas buscan aquellas tecnologías que permitan establecer un rodal productivo manteniendo aspectos de conservación del suelo, que no afecten el futuro. Estoy convencido de que la respuesta casi en el 90% de los casos es positiva.

–¿Hay un interés en el sector de buscar a la academia para tener un apoyo teórico en estas buenas prácticas?

–Sin lugar a dudas. Nosotros hace 15 o 16 años que estamos trabajando. La forma de trabajo ha sido mediante proyectos de investigación. La Universidad ha financiado y cofinanciado proyectos junto al sector productivo. O sea que en ese sentido creo que todo nuestro trabajo ha sido en conjunto con las empresas y lo seguirá siendo.

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01 junio, 2016