• Jueves 02 de febrero de 2023

Poda y raleo: por la calidad y la prevención

En el manejo de bosques comerciales, la poda y el raleo son indispensables para garantizar madera de calidad y para la prevención de incendios. Estas dos instancias, que se extienden a lo largo del ciclo productivo, son también fuentes laborales en las zonas plantadas.

Por Valentina Rico

Hay diversos indicadores de rendimiento de un bosque comercial, y diferentes estrategias para maximizarlo. Pensemos que una plantación de árboles es más que un conjunto, es una suerte de sistema conformado por individuos y su contexto. Para la producción forestal es fundamental la planificación, que comienza en la genética y termina en la cosecha. Hay actividades que son esenciales para ese largo ciclo en que los árboles ya plantados crecen a tiempo “natural”.

Este ciclo no tiene la misma duración en los dos géneros utilizados en plantaciones forestales en Uruguay, eucalipto y pino. “Entre que se planta el plantín y se procesa la madera en nuestra planta industrial, el ciclo del eucalipto es de 15 años en promedio, mientras que el del pino es mayor, de 20 años”, señala el Ing. Agr. Fernando Gutiérrez, gerente de Silvicultura de Lumin. Durante todo ese período se realizan una serie de actividades de gran relevancia, pero en esta oportunidad nos vamos a enfocar en dos: raleo y poda.

PERO ANTES…

Una vez plantados los plantines, Gutiérrez destaca dos actividades para lograr la adecuada implantación del bosque. Como veremos en cada una de las actividades, los géneros determinan también el cronograma: “En el caso del eucalipto, estas actividades llevan menos de un año y en el pino se extienden por lo menos dos años”.

Una de las actividades es el control de hormigas cortadoras, que constituyen la principal plaga en esta primera etapa. “El control de hormigas posplantación se hace con personal que recorre las plantaciones identificando la presencia de daños, ubicando el hormiguero y controlándolo”, describe Gutiérrez.

La otra acción es el control de malezas, para el cual “se va monitoreando e identificando el problema para ejecutar el control”.

“En nuestro caso, donde las plantaciones son sobre desechos de cosecha, el control se concentra básicamente en la línea de plantación”, señala Gutiérrez. El tamaño de los árboles definirá cómo se hace el trabajo. Si se puede circular por una línea de plantación, se hará de forma mecanizada con tractores con pulverizadoras. Si ya no es posible por el crecimiento de los árboles, se realiza de forma manual, con personas con mochilas. “En todos los casos se hace un uso responsable de agroquímicos (hormiguicidas / herbicidas) buscando minimizar su utilización, aplicar productos debidamente registrados y de reconocida eficacia y hacerlo con personal habilitado, capacitado para la tarea y debidamente equipado”, aclara Gutiérrez.

poda y raleo en la forestacion
Corte de tronco (Foto: Global Forest Partners)

LA SELECCIÓN Y LA MEJORA

El raleo es la técnica por la cual se busca lograr determinados objetivos de mejora del conjunto a través de la eliminación de ciertos individuos que no cumplan con los estándares fijados. Hay diferentes formas de aplicar el raleo y esquemas para realizarlo.

El raleo selectivo, explica Gutiérrez, “es la etapa inicial de manejo del bosque y consiste en eliminar a desecho un número determinado de árboles por hectárea, sacando de la plantación los árboles que tienen defectos como bifurcaciones, torceduras, daños o crecimiento muy por debajo del promedio; con lo que se logra homogeneizar la población y por lo tanto mejorar su calidad”.

El objetivo de la poda es mejorar la calidad por individuo. “La madera libre de nudos es la que crece luego de ejecutada la poda, que genera mejores propiedades físicas y apariencia”, asegura Gutiérrez.

La poda se realiza en varias instancias que tienen distintos tiempos según el género. El manejo planificado completo implica que el árbol no tenga ramas desde su base hasta los 6 metros de altura.

En el eucalipto, la primera poda se realiza aproximadamente a los dos años de plantado. Se poda de 3 metros de altura. Aproximadamente un año después, cuando el árbol tiene 3 años, se realizan dos intervenciones de poda más, primero de 3 a 4,5 metros y luego de 4,5 a 6 metros de altura.

En el pino, la primera poda recién se hace en promedio al cuarto año, de 3 metros de altura. Al quinto año se poda de 3 a 4,5 metros de altura. Y finalmente, al sexto año se completa el manejo llegando a los 6 metros de altura.

La actividad de poda se distribuye a lo largo del año con un equipo de trabajo que desarrolla esta tarea. “Sólo se interrumpe por eventos extremos de estrés para las plantas: déficit hídrico muy marcado para ambos géneros o, específicamente en el caso del eucalipto, eventos de heladas extremas que hayan afectado el crecimiento de la planta. En todos los casos, la herramienta utilizada es el serrucho”, explica Gutiérrez.

“El raleo consiste en eliminar a desecho un número determinado de árboles por hectárea, sacando de la plantación los árboles que tienen defectos”. Fernando Gutiérrez, Lumin

El raleo también se puede combinar con las etapas de la poda. Se llama raleo a pérdida a la eliminación de individuos que no tiene un fin comercial, o sea que la madera de esos árboles extraídos no se comercializa. “Por la densidad de árboles por hectárea que manejamos, en el caso de los eucaliptos no realizamos raleos a pérdida”, aclara Gutiérrez, y agrega que, para los pinos, “en la primera intervención de poda se realiza el raleo a pérdida”.

LA CALIDAD

Una buena estrategia de poda y raleo redunda en una mejora del rendimiento por hectárea y es determinante en la calidad de la madera.

El resultado del uso de una madera de calidad se ve en el producto final. Gutiérrez dice que muchas veces los consumidores perciben el valor de “puertas, mesas o muebles en general hechos con láminas de madera homogéneas donde se aprecia el veteado natural de la fibra, sin saber el trabajo que está atrás de ese producto”. Pero el hecho es que, aunque el consumidor no sepa cómo se llegó a ese resultado, entre la oferta existente, “fácilmente podrá reconocer artículos de madera que tuvieron manejo” enfatiza Gutiérrez.

OPORTUNIDAD LABORAL

Tanto la poda como el raleo requieren de mano de obra y generan puestos de trabajo estables.

Las actividades de poda y raleo “se concentran en algunas empresas, la mayoría en las zonas norte y noreste del país, zonas con menor densidad poblacional y muy distantes del área metropolitana”, señala Gutiérrez. El jerarca destaca que “las empresas y personas que trabajan en esta actividad especializada provienen de comunidades cercanas a los bosques, siendo para ellas otra fuente de trabajo”.

poda y raleo para evitar incendios forestales
(Foto: Fernando Gutiérrez)

Durante los intervalos en que no se realizan estas tareas, se va monitoreando para definir la próxima intervención.

TEMPORADA ESTIVAL

Según las “Tendencias climáticas noviembre – diciembre – enero 2021-2022” proporcionadas por Inumet, se prevén temperaturas máximas por encima de lo normal en todo el país. Por otra parte, la precipitación acumulada esperada para este trimestre es inferior a lo normal. Por lo que esta temporada será desafiante.

Desde la silvicultura, Gutiérrez explica que “las medidas estructurales de prevención de incendios arrancan con la planificación y ejecución de las plantaciones: cumplimiento de áreas cortafuego reglamentarias y diseño adecuado de caminos que permitan acceso a todos los sectores del campo en caso de emergencia”.

Los restos que se generan por la poda (ramas) y el raleo (desechos de fustes) deben disponerse adecuadamente y no interferir con las áreas de cortafuego, por lo que se dejan dentro de la plantación.

Cuando se presentan sequías extremas, “se toman medidas adicionales, como suspender actividades de máquinas o equipos que generan más riesgo de incendios, y en casos extremos se suspenden actividades de manejo”.

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Jueves 02 de febrero de 2023