• Lunes 21 de mayo de 2018

De desafío a oportunidad

Por María José Fermi

Forestal conversó con Gonzalo Freiría, coordinador de la vigésima edición del Anuario Estadístico de la DIEA, del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, sobre la evolución de la forestación en el sector agropecuario uruguayo y su relación, cada vez más sinérgica, con la ganadería.

–En el último tramo de 2017, el Área de Estadísticas Agropecuarias (DIEA) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) publicó su vigésimo anuario estadístico. ¿Qué ha cambiado en la matriz productiva uruguaya con el paso de los años que abarca?

–A través de las 20 ediciones se pueden abarcar alrededor de 25 o 26 años de datos estadísticos de la estructura agropecuaria del país. El Uruguay registra un gran desarrollo emergente del subsector forestal dentro del sector agropecuario, de la mano de una política de Estado que tiene sus inicios en la década de 1960. Esto se da a raíz de un primer gran y profundo diagnóstico que se hace sobre las potencialidades del país. Allí se encontró que el Uruguay tenía 2 o 3 millones de hectáreas, de sus 16 millones utilizables, con una capacidad para la producción de madera que no se usaba hasta la fecha. Desde el punto de vista del marco legal, [la ley actual] significó quitarle el tapón al subsector, pues estimuló la fase industrial. Hoy tenemos una realidad distinta. En esos veinte y pico de años que abarca el anuario, el sector forestal emerge ostensiblemente a través de las cifras.

–Efectivamente, su presencia en los primeros anuarios dista muchísimo de la actual. ¿Cómo fue la evolución de la forestación en el mapa agropecuario uruguayo?

–Al principio era casi inexistente, sin duda. La forestación, por una parte, coloniza rápidamente un área territorial que, en primera instancia, agentes de otros subsectores, básicamente el ganadero, miraban con cierta desconfianza. Eso hasta que luego, en poco más de 10 años, vieran que debajo de los árboles se podía hacer ganadería también. La curva de aprendizaje está en pleno crecimiento, pero muestra que la asociación de la ganadería y la agricultura forestal parece ser muy compatible, tanto como lo ha sido la coexistencia de la ganadería con la agricultura de granos. En Uruguay está comprobado que nuestros recursos naturales en materia de agricultura de granos no soportan un ciclo exclusivamente agrícola de cultivo sobre cultivo sin dejar de pagar un costo ambiental. Por eso existen los ciclos agrícola-ganaderos. En el caso forestal se está insinuando, a lo largo del tiempo, algo parecido. Hoy debajo de los árboles hay más de 500 mil, tal vez 700 mil cabezas de ganado, según sus categorías, cumpliendo parte de su ciclo productivo y conviviendo con el desarrollo forestal.

“Hoy debajo de los árboles hay más de 500 mil, tal vez 700 mil cabezas de ganado cumpliendo parte de su ciclo productivo y conviviendo con el desarrollo forestal”

–Justamente en una entrevista con El Observador en noviembre de 20171 usted mencionó este fenómeno diciendo que “la ganadería aprendió a vivir con la forestación”.

–Son fenómenos que no tienen tanta prensa en el sentido de que no fueron rubros estudiados estrictamente por la academia y que luego esta dijera “hay que llevar las vacas debajo de los árboles”. Fue al revés. El árbol comenzó a aparecer en la pradera oriental y el hombre de campo, que es muy pragmático y observador, al principio vio el avance de esta cosa nueva con cierta desconfianza. Luego empezó a probar qué pasaba con los animales allá adentro por la vía de los hechos. Se fue generando una curva de aprendizaje en la que ahora sabemos, más o menos, cuánta carga de ganado lleva un monte según categorías y en qué categorías de ganado funciona o no el negocio. Ahora la academia lo reconoce y hay ya algunos trabajos desarrollados.

–Como, por ejemplo, el de un profesor de la Facultad de Agronomía de la UdelaR, Álvaro Simeone, donde se estudió el aumento del volumen cárnico del ganado con acceso a sombra.

–Aunque es un entorno diferente al monte artificial, los que hemos trabajado alguna vez en campos de sierra con muchos montes naturales sabemos que [allí] uno tiene la protección del viento y de la sombra; es decir, abrigo en invierno y frescura en verano. Uno, empíricamente y sin mayores mediciones, observaba que los resultados eran totalmente distintos al funcionamiento ganadero a campo raso sin defensa alguna. Esto desarrolla una generación de valor paralela y todavía no muy medida para la forestación. Existe un tipo de coproducto, un derivado. En buena medida por esto, dentro de la competencia por el recurso terreno, hoy parece que el subsector forestal está en pie de competencia más fuerte que los otros subsectores por cada hectárea.

–Cuando se potenció el desarrollo del sector forestal hubo resistencias, ¿se mantienen hoy en día?

–Ante lo que no se conoce, la primera actitud que uno tiene es tomar cierta distancia y mirar con atención. A medida que va pasando el tiempo, hay una adecuación entre las partes; esto es, el mundo forestal y el resto del agropecuario. Por otro lado, además de la producción económica, desde un punto de vista ambiental con la forestación estamos haciendo un secuestro de carbono muy importante. El cambio climático parece ser una realidad y a nuestro país le va la vida en este asunto. Uruguay tiene que demostrar que es sustentable; esto es, que secuestramos más carbono del que emitimos. Doce millones de vacas sueltas, más seis o siete millones de ovejas y algunas cosas más emiten mucho carbono, y de alguna manera tenemos que lograr ser neutros.

– ¿Es por esta relevancia que esta edición del Anuario Estadístico presentó una nueva sección sobre las emisiones de gases de efecto invernadero?

–De forma muy preliminar, hay áreas del MGAP dedicadas al cambio climático que, en cooperación con otras dependencias oficiales, empiezan a generar los primeros elementos de medición. No sabemos si vamos a poder tener un flujo de mediciones que dé como para publicar todos los años. La cuestión ambiental se ha incorporado fuertemente a la agenda técnica, académica, productiva y económica. El Uruguay históricamente ha sido bastante bueno en el manejo de sus recursos naturales, pero, además de serlo, tenemos que parecerlo. Para eso hay que medir y conseguir que organismos internacionales digan “está bien medido”. Con mayor o menor velocidad, estamos en la dirección correcta. Volviendo al subsector, el incremento del área forestal responde, en términos generales, a una adecuación en la política de comercio exterior. En definitiva, el cultivo de madera vino a diversificar la matriz productiva. Sería harina de otro costal decir si se puede o no, o si se debe o no, extender las medidas que tiene un subsector respecto a los otros. Esta es una discusión encaminada a darse en el corto plazo.

“La asociación de la ganadería y la agricultura forestal parece ser muy compatible, tanto como lo ha sido la coexistencia de la ganadería con la agricultura de granos”

– ¿Una realidad cada vez más evidente de la mano de los reclamos del campo uruguayo?

–Ojalá así como se pudo expandir la forestación después de una arquitectura legal mejorada, [esto] se pueda replicar en rubros de tipo granjeros, por decir algo. El desafío es, antes que la producción, el mercado, no solo en temas arancelarios, sino de transporte y logística. En Uruguay, al tener energía cara y no muchas cosas para mover, el costo fijo para operar un transporte es alto. Siempre fue así. ¿Por qué funcionó la vaca y no tanto otras producciones durante años? Durante más de un siglo la carne uruguaya llegaba caminando de todo el país a La Tablada, que era la terminal de las vacas, y ahí se repartía a los frigoríficos del Cerro. No venían ni en camión ni en tren, venían caminando. Las ovejas también. Pero el árbol no camina, las hojas tampoco, entonces había que moverlos. Tú puedes ser muy eficiente por hectárea portera adentro, pero de la portera para afuera se te desparramó el negocio.

“Desde un punto de vista ambiental, la forestación está haciendo un secuestro de carbono muy importante. Doce millones de vacas sueltas, más seis o siete millones de ovejas y algunas cosas más emiten mucho carbono, y de alguna manera tenemos que demostrar que somos neutros”

– ¿La oportunidad de la forestación dentro del sector agropecuario está en la complementariedad entre subsectores?

–Creo que le queda mucha cancha por operar con articulaciones sinérgicas con los otros subsectores. Además, si no se buscan [esas complementariedades] en un territorio tan pequeño y en una sociedad tan chica como los de este país, las tensiones y líos aparecen solos. A esta altura del partido, por escala y concentración, la forestación tiene, tal vez no la oportunidad sino el deber y la responsabilidad de funcionar de forma sinérgica con los otros sectores agropecuarios para resolver problemas comunes, no solamente desde el punto de vista social, sino ambiental y económico. De alguna manera es la forma de cooperar con que las políticas de Estado permanezcan, porque si no los problemas que tienen los demás pueden acabar en un ataque [a esa misma política] que termina, en el caso particular del sector forestal, complicándole la vida.

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