• Viernes 14 de diciembre de 2018

Aliado natural

Por María José Fermi

Teniendo como guía el equilibrio propio que existe en la naturaleza, el control biológico identifica organismos vivos que pueden ser utilizados como aliados para atacar plagas y enfermedades que afectan a las plantaciones comerciales. ¿Cómo funciona esta herramienta y cuál es su relevancia para el sector forestal?

La naturaleza es sabia. Ha sabido mantener el equilibrio en nuestro planeta durante más de 4.400 millones de años. Teniendo en ella a una gran maestra, el control biológico ha aprendido y aplicado la lección. La fórmula, a grandes rasgos, es simple: al tener una plantación comercial es posible que esta sea atacada por una plaga o enfermedad. ¿Qué hace el productor responsable por esa plantación? Mirar hacia la naturaleza y buscar las respuestas. El concepto de esta herramienta se basa en observar cuál es el agente controlador (normalmente un insecto u hongo) que tiene ese organismo en su vida silvestre y replicar la situación para que lo “ataque” y se logre un balance.

Jorge Martínez Haedo, coordinador de la Comisión de Sanidad Forestal de la Sociedad de Productores Forestales (SPF), enfoca esta práctica al sector: “Es un método de control de plagas y enfermedades que consiste en utilizar organismos vivos con objeto de controlar las poblaciones de otro organismo que esté afectando la productividad o calidad de lo que se produce en el sector forestal”. ¿Cómo la afecta? Dependiendo del tipo de organismo, este puede atacar el área foliar (las hojas), los tallos, las raíces, la corteza o el tronco. Las consecuencias podrían ser: disminuir la calidad (manchas y orificios) de la madera, afectar el crecimiento y la forma del árbol e incluso ocasionar su muerte.

DELICADO EQUILIBRIO

En forestación, cuando se habla de control biológico el enfoque está puesto en ataques realizados por insectos. El proceso utiliza como aliados a enemigos naturales para atacar a la plaga. Lo que se busca es hallar alguna fase de la plaga en la que se pueda frenar o interrumpir la actividad del patógeno mediante el uso de otro agente biológico.

Cada relación entre plaga y agente de  control es única: algunos pueden comérselo directamente, otros parasitarlo hasta debilitarlo –ocasionándole la muerte– o también pueden atacar su descendencia

Al examinarlo más en detalle, uno se siente en un documental de la National Geographic. ¿Qué más podría venirnos a la mente si pensamos en una diminuta avispa cuyo aparato reproductor es parasitado, sin que ella lo sepa, por minúsculos gusanos que volverán infértiles a sus huevos? Este, por ejemplo, es el caso del nematodo parásito Deladenus siricidicola para el control de la avispa de la madera del pino (Sirex noctilio). Cada relación entre plaga y agente de control es única: algunos pueden comérselo directamente, otros parasitarlo hasta debilitarlo ocasionándole la muerte o también pueden atacar a su descendencia.

A diferencia del uso de químicos, con el control biológico no se elimina una plaga por completo, sino que –como bien dice su nombre– se la controla. “Su objetivo principal es mantener los niveles de la plaga dentro de parámetros que no impacten negativamente en las plantaciones”, explica Martínez Haedo. Además, hay que tener en cuenta que en la mayoría de los casos de supervivencia para los enemigos naturales es justamente la plaga, por lo que si esta se erradica por completo, los agentes controladores también perecerán. “Si aniquilo a la plaga se me acaba el enemigo natural, y mientras lo consigo de nuevo, la plaga ataca y me saca ventaja en la carrera. Es un ‘toma y daca’ donde hay que mediar por el equilibrio”, añade el responsable de la Comisión de Sanidad de la SPF.

TRABAJO PREVIO

Aunque suene sencillo, antes de empezar a liberar enemigos naturales en el bosque existe una gran etapa de investigación que debe ser llevada a cabo para que el control biológico tenga éxito. La primera fase es estudiar la situación ecológica en la que se desempeñará el agente de control; así como los árboles plantados en forestación comercial no son originarios del Uruguay, tampoco lo son sus enemigos naturales. “Es necesario estudiar muy bien la equidad de las situaciones ecológicas porque el controlador puede no llegar a trabajar acá de la misma forma en que lo hace en su hábitat natural”, detalla Martínez Haedo.

La segunda es la variabilidad genética: al cambiar de ecosistema tanto al árbol como al enemigo natural, estos pueden desarrollar –como cualquier ser vivo– una evolución adaptativa a su nuevo entorno. Cuando ambos aspectos hayan sido aprobados, se procede a liberar una cantidad de enemigos naturales determinada por las magnitudes de daño que se tienen.

HECHO A LA MEDIDA

Aunque en el sector agrícola está bastante extendido el uso del control químico para batallar contra enfermedades y plagas, en el caso del rubro forestal la herramienta predilecta es de carácter biológico. ¿La razón? Las características propias de la producción forestal. Las grandes extensiones de plantaciones, las largas rotaciones (de ocho años en adelante), la estructura vertical de su masa vegetal, el espesor de la corteza, entre otras características, hacen que utilizar un control químico sea complejo, costoso y no tan efectivo al momento de atacar una plaga.

A diferencia del uso de químicos, con el control biológico no se elimina una plaga por completo, sino que se la controla para que esté dentro de niveles que no impacten negativamente en la producción

“Es impensable dada la propia fisonomía de la producción forestal –y sobre todo su escala– imaginar el uso de controles químicos. Nadie se imagina en esta época utilizar un químico desde un avión en una plantación forestal donde no solo tienes árboles, sino que hay praderas, animales, fuentes de agua”, dice Martínez Haedo.

Eso no significa, sin embargo, que el sector forestal no utiliza el control químico; este se enfoca mayoritariamente en la etapa de vivero e instalación del cultivo. Su aplicación en el Uruguay, además, es limitada pues las certificaciones internacionales por las que optan la gran mayoría de bosques comerciales del país incluyen restricciones sobre su uso.

Tanto el control químico como el control biológico son actores dentro de un escenario mayor. “La estrategia fundamental en el control de las plagas es el manejo integrado de plagas donde se utiliza una cadena de medidas que se apoyan entre sí”, explica Martínez Haedo, “esto involucra no solo a los enemigos naturales y al control químico sino también medidas silvícolas [podas, daño te hace la plaga en términos económicos. raleos, eliminar residuos en el campo], estudiar los sitios adecuados para las especies que se van a plantar y optar por el mejoramiento genético”.

VIGILANCIA SANITARIA

Desde el año 2008 se establecieron monitoreos de plagas a nivel nacional con herramientas como trampas autoadhesivas y trampas puente-embudo. Adicionalmente, la Comisión de Sanidad de la SPF realiza una encuesta anual a empresas forestales para identificar prioridades en cuanto a plagas y enfermedades.

Para Martínez Haedo, si bien esto es un comienzo, aún queda mucho trabajo por delante, especialmente enfocado en la coordinación de los actores que integran el Comité Ejecutivo de Coordinación en Materia de Plagas y Enfermedades que afectan a las plantaciones forestales (Cecope). Estos son la Dirección General Forestal y la Dirección General de Servicios Agrícolas, ambas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP); el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y la SPF. “Lo ideal es tener una mejor coordinación a nivel país para lograr una vigilancia sanitaria adecuada, no solo un monitoreo o control. La vigilancia implica tener claro cuáles son las plagas que tenemos, cuáles son sus niveles y cuáles son sus variaciones estacionales para, así, poder actuar antes de que se produzcan los picos”.

VALOR FUTURO

Aunque internacionalmente el control biológico es una herramienta que cada vez toma mayor importancia en el sector forestal, en el Uruguay su relevancia aún no es percibida como vital. Martínez Haedo hace un paralelismo con el rubro anti incendios. “En las empresas forestales a veces surgía la pregunta ‘¿por qué gastamos tanto en incendios si no hay incendios? Y la respuesta es justamente esa: porque estamos previniendo”. ¿Qué es lo que hace falta, entonces, para que el forestal uruguayo empiece a ver el trabajo sanitario con otros ojos? Como en cualquier otro negocio, la clave está en el bolsillo. “Lo más importante en el trabajo de sanidad es saber cuánto daño te hace la plaga en términos económicos.

Las características de la producción forestal hacen que utilizar un control químico sea complejo, costoso y no tan efectivo al momento de atacar una plaga en comparación con el control biológico

Pocos van a querer invertir en sanidad si no saben cuánto duele. Tiene que costar más lo que perdés que lo que invertís en prevenir para que valga la pena”, resume el coordinador de Sanidad.

“Lo ideal es tener una mejor coordinación a nivel país para lograr una vigilancia sanitaria adecuada, no solo un monitoreo o control”. Jorge Martínez Haedo, coordinador de la Comisión de Sanidad Forestal de la SPF

A pesar de que en el país aún no se cuenta con esta data específica, lo cierto es que poco a poco el forestal uruguayo adquiere una mayor noción sobre el valor del control sanitario. El propio contexto lo ha obligado a hacerlo: en los últimos 20 años se ha producido un aumento importante en el número de plagas y enfermedades a raíz del crecimiento en la producción, el comercio internacional y la fluidez del transporte. “Se está creando mayor consciencia sobre la sanidad. Ahora se acercan y te dicen ‘¿mi monte tendrá o no tendrá? ¿Por qué no lo venís a ver?’”, confiesa Martínez Haedo. El camino del balance natural ya fue marcado por la propia naturaleza hace mucho tiempo; ahora toca seguir investigándolo y aplicándolo.

Fotografías: Gentileza Jorge Martínez Haedo.

24 septiembre, 2018