• Viernes 20 de octubre de 2017

Una industria que llegó para quedarse

Por Ignacio Pintos

Más de 21.000 empleos permanentes, 970 mil hectáreas forestadas, 2.400 millones de dólares en inversiones y 1.250 millones en exportaciones en 2011. Descentralización de la actividad, iniciativas logísticas y generación de energía renovable. Son el resultado del desarrollo de una industria que creó un nuevo rubro de la economía uruguaya, a influjo de la Ley Forestal. Esa política pública fue solo el impulso para un crecimiento que lleva 25 años recorridos y recién comienza.

La Ley 15.939 se aprobó por unanimidad en el Parlamento y constituyó una política de Estado para generar incentivos a la industria forestal. A las naturales características geográficas atractivas, la normativa sumó beneficios tributarios y exoneraciones de Contribución Inmobiliaria que permitieron el comienzo y consolidación de empresas nacionales, pese a la casi nula experiencia de mercado. Permitió también el arribo de las multinacionales.

De esa manera se comenzó a gestar la materia prima. Era solo el comienzo. En 24 años se multiplicó la superficie forestada más de 30 veces. Por otro lado, el inventario forestal está creciendo y habrá lugar para mayor desarrollo: si se mantiene el ritmo actual de plantaciones (aproximadamente 30 mil hectáreas por año), la disponibilidad de materia prima en el sector será al menos un 50% mayor en el año 2020.

A 25 años de la ley, la celulosa nacional es reconocida en los principales mercados del mundo por su calidad para fabricar papeles de excelente impresión y gramaje mientras que los chips uruguayos lograron acceder al exigente mercado japonés.

Se estima que existen aproximadamente 800 empresas en el sector forestal a nivel industrial, de las cuales 700 corresponden a la cadena de productos elaborados y las demás a la celulosa. La mitad del total son empresas pequeñas.

A 25 años de la ley, la celulosa nacional es reconocida en los principales mercados del mundo por su calidad para fabricar papeles de excelente impresión y gramaje. Los chips uruguayos lograron acceder a uno de los mercados más exigentes: el japonés, y de ahí al resto del mundo. Los aserraderos locales exportan hoy productos semielaborados como vigas laminadas para techos, cielorrasos, pisos, molduras, entre otros, a más de 125 países en cinco continentes. Son solo algunos de los logros de un sector que se refleja en cada una de sus cadenas industriales: la celulósicapapelera, la de productos de madera elaborada (madera rolliza tratada, aserrada, tableros, carpintería de obra, muebles y molduras) y la energética.

LA CELULOSA PROTAGONISTA

El rubro celulosa es el más desarrollado de la industria forestal. Hoy Uruguay cuenta con una planta de celulosa instalada en Fray Bentos que compite a escala mundial con Brasil, Chile y la península ibérica, principales productores de celulosa de eucalipto. UPM es el líder en lo que refiere a inversiones en industrializar las plantaciones. Pero para lograrlo tuvo que sortear una serie de obstáculos.

La primera exportación fue un hito para el país. Y UPM se convirtió en el primer productor de celulosa del mercado uruguayo. Ronald Beare, gerente general de UPM, señaló a Forestal que actualmente Uruguay tiene un buen nombre en el mercado y la calidad de la celulosa uruguaya permite producir los mejores papeles del mundo. Pero ese desarrollo partió de cero e implicó un “trabajo de hormiga”. “Tuvimos que desplegar un esfuerzo en Asia, China y Europa para que se aceptara la celulosa de un origen desconocido. Al inicio mandamos madera de Uruguay a Finlandia para producir celulosa con eucalipto uruguayo y poder enviar muestras”, contó Beare a Forestal.

La investigación en genética permitió una evolución de la fibra de eucalipto. “Hace 20 años era una fibra marginal, hoy es de preferencia, muy homogénea, ideal para la calidad de papel que se necesita, de excelente impresión y gramaje”, agregó Beare.

Respecto a la inversión, la celulosa significó un mojón significativo para la economía uruguaya. La planta implicó una inversión de más de 1.200 millones de dólares.

Para el gerente de UPM, hay otros logros del desarrollo que exceden el aspecto comercial. Por ejemplo, vencer el miedo a lo desconocido. “Hoy, los productores incorporados a la forestación como fuente de ingreso son grandes defensores del sector. Y eso ocurre porque cuando uno hace algo bien, tiene un factor multiplicador”.

A la fábrica de Nueva Palmira se sumará en 2013 la planta de producción de celulosa de Montes del Plata, que consumirá más de 4 millones de toneladas de madera pulpable por año y exportará 1,3 millones de toneladas anuales. Según el informe Oportunidades de Inversión en Uruguay del Instituto Uruguay XXI de diciembre de 2011, Montes del Plata generará, en promedio, 3.200 empleos directos con un máximo cercano a 6 mil personas. Luego de construida la planta, trabajarán 500 personas dentro del predio y también se generarán 5 mil empleos indirectos.

LOS CHIPS ABREN MERCADOS

Convertir la madera en chips es el primer proceso que se le hace al producto destinado a la obtención de pulpa de celulosa. Puede realizarse en destino o en el propio país con máquinas chipeadoras. Eso adelanta un proceso industrial y tiene la ventaja de una mejor ubicación de la madera en los buques para el transporte a largas distancias, factor que resulta atractivo para el comprador.

“El primer embarque de chips tuvo la emoción de lo inédito y la satisfacción enorme de lograr la apertura de un mercado interesante como lo era Japón en aquella época. Se impuso una modalidad de comercialización de la madera”, recuerda Gerardo Barrios, director de Foresur.

Foresur surgió en el año 1992 y desde 1994 al 2003 se dedicó a exportar rolos para celulosa. Sin embargo, luego de varias visitas comerciales al continente asiático, entendieron que podían pensar con firmeza en la instalación de una chipeadora.

Si se mantiene el ritmo actual de plantaciones, que es de aproximadamente 30 mil hectáreas por año, la disponibilidad de materia prima en el sector será al menos un 50% mayor en el año 2020.

Así surgió la alianza con Grupo Forestal (de capitales chilenos) para emprender una estrategia comercial conjunta que apuntaba al negocio de la pulpa de Eucalytpus globulus, vendiéndole chips a Japón. Lograron acceder de esa forma a un mercado impensado para Uruguay porque el Puerto de Montevideo no tenía el calado suficiente para recibir buques chiperos. En 2004 el puerto logró estar apto y la planta chipeadora se hizo realidad. Se instaló en la zona de La Tablada, a 13 kilómetros del puerto, con una inversión de 2 millones de dólares. La capacidad productiva contempla la carga de 10 barcos por año.

La alianza comercial generó la empresa Madelur y, a través del primer contrato a largo plazo para Uruguay (4 años) con la japonesa Sumitomo, accedieron a cargar ocho barcos anuales.

“La exigencia de los japoneses nos obligó a la excelencia desde el arranque. Tuvimos que demostrarles que a los valores que estaban dispuestos a comprar la madera, el producto forestal uruguayo era sustentable en el tiempo. Además, cada vez que nos presentábamos en otros mercados, decíamos que vendíamos a Sumitomo y era el mejor pasaporte”. Así resumió Alberto Rodríguez, director de Grupo Forestal, el vínculo comercial con Japón.

Uno de los avances tecnológicos derivados de la exigencia del comprador fue la modalidad de trabajar con madera seca. “Nosotros no transportamos agua. Es complejo chipear madera seca pero lo hemos logrado para tener eficiencia en todos los movimientos”, explicó Barrios a Forestal.

La apertura del mercado asiático facilitó la llegada a destinos más atractivos en términos de cercanía, como Europa. Es así que, desde 2009, la alianza comercial atiende el mercado de España y Portugal. En la actualidad la industrialización de Madelur se divide aproximadamente en un 70% para el mercado de la península ibérica y un 30% para abastecer a UPM.

VALOR AGREGADO DE LA MADERA

Al comienzo los aserraderos en Uruguay se concentraban básicamente en el mercado local y para productos básicos como embalajes, packing o cajones de frutas. El paso del tiempo generó conocimiento y antigüedad suficiente en los eucaliptos para pensar en productos de mayor valor.

“Hace 25 años la industria era inexistente. Pasamos de vender rolos para celulosa a la situación actual, en la que exportamos a más de 25 países en cinco continentes, productos semielaborados como vigas laminadas para techos, cielorrasos, pisos, molduras, semielaborados para puertas, ventanas y cocinas”. Así resume Javier Otegui, director de Urufor, el desarrollo de la industria forestal.

La mirada al exterior sirvió para derribar el mito de que la madera de Eucalyptus grandis es de baja calidad, pero también para concientizarse de que la calidad del árbol (sin nudos) se lograba únicamente con podas y raleos. Existía un desconocimiento de técnicas sobre cómo y cuándo hacer las podas y raleos, pero a ensayo y error la industria logró superarse.

En 1992 Urufor abrió su primer aserradero, y en 2009 el segundo. “El primero fue un viejo laboratorio para aprender a lidiar con una especie que tiene sus particularidades, y el segundo para trabajar específicamente el grandis”, recuerda Otegui. “Aprendimos que los ciclos de cultivos tenían que ser de 20 años. Antes creíamos que con 12 años teníamos madera para aserrar, hoy consideramos ciclos de 20 años para tener los diámetros aserrables”, agregó Otegui a Forestal.

Pero como si la confianza local para aserrar nuestra madera no fuera suficiente, en 2006 desembarcó en Uruguay una de las mayores empresas forestales del mundo, la estadounidense Weyerhaeuser, que opera en 14 países desde hace 110 años y emplea a más de 18 mil personas a escala mundial. En Uruguay comercializa desde láminas de eucaliptos y pinos hasta tableros contrachapados (plywood), tanto para usos estructurales como para aplicaciones de apariencia, en muebles, molduras, puertas, gabinetes, entre otros.

Los chips uruguayos lograron acceder a uno de los mercados más exigentes: el japonés, y de ahí al resto del mundo. Los aserraderos locales exportan hoy productos semielaborados como vigas laminadas para techos, cielorrasos, pisos, molduras, entre otros, a más de 125 países en los cinco continentes.

Álvaro Molinari, gerente general de la compañía, comentó a Forestal que si bien llevan operando tan solo cinco años y medio, existieron avances en el tipo y calidad de los productos. “Cada vez nos volcamos más a los productos que requieren de una muy buena cara en el tablero, que serán utilizados en aplicaciones de buena apariencia. Allí apuntamos con nuestros manejos en los montes, donde empieza todo”.

Y los números alientan una proyección del desarrollo. Según el instituto Uruguay XXI, “entre los años 2014 y 2020 llegarán a la madurez las plantaciones realizadas para la producción con mayor valor agregado y contenido tecnológico (madera chapada y contrachapada, tableros, madera aserrada y de ingeniería). De esa manera se diversificará aún más la matriz exportadora del sector”.

El camino hacia la diversificación es un objetivo claro también para el gobierno. Así lo aseguró el ministro de Industria, Energía y Minería, Roberto Kreimerman, a Forestal. “El desarrollo de la industria forestal ha sido exitoso pero aún se deben dar algunos pasos para consolidar una cadena productiva más larga y diversificada”.

VIVIR EN MADERA

“La primera casa de madera que construí fue la mía. La hice con el manual en la camioneta; me la jugué”, recuerda a Forestal Julio Balbuena, ingeniero industrial y uno de los referentes nacionales en la construcción de viviendas en madera. Balbuena vive en Rivera, en un barrio llamado Pueblo Madera, junto a otros seis constructores que apostaron por capacitarse y desarrollar ese tipo de viviendas, tanto para su hogar como para dedicarse a esa industria.

Hasta 1999, Balbuena fue gerente del aserradero de Urufor. Luego se dedicó a la construcción de viviendas en madera y junto a su equipo llevan construidas casi 70 casas en 16 departamentos de todo el país.

Balbuena explica que durante mucho tiempo existieron restricciones por el Banco de Seguros del Estado y por permisos municipales, pero según él, al haber superado esos obstáculos “el desafío actual está en crear una cultura de vivir en casas de madera”.

Desde noviembre de 2011, cuatro familias de Rivera viven en su propia casa de madera, como parte de un plan de relocalización y un proyecto pedagógico impulsado por el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. Las casas forman parte de un proyecto total de 45 viviendas a construirse. La apuesta del gobierno es clara: aprovechar el desarrollo de la industria forestal para afrontar el déficit habitacional y fomentar la construcción en madera.

Además, los costos también estimulan esta industrialización: edificar un metro cuadrado de una casa de madera cuesta, en promedio, 500 dólares, menos de la mitad que con materiales tradicionales.

Balbuena ve con buenos ojos el proyecto. “Es muy bueno porque se necesita educar a la gente a construir en madera para luego derribar prejuicios. La madera, si la tratas bien, no trae problemas pero hay que generar una cultura de vivir en casas de madera”, reconoció.

Desde la Asociación de Industriales de la Madera, Roberto Bavosi comentó a Forestal que no se deben olvidar las restricciones educativas hacia los arquitectos, que egresan de la universidad sin conocimientos profundos de la madera. Y coincidió con Balbuena en el camino: “Por deformación, somos del ladrillo. Es un tema cultural que debería cambiar”.

Bavosi contó que se están haciendo grandes esfuerzos por potenciar el desarrollo de las viviendas en madera, fundamentalmente en la capacitación en UTU. “Han venido canadienses para trabajar en galpones con los alumnos”.

Desde el gobierno, el ministro Kreimerman reflexionó sobre el asunto y coincidió en la importancia de la construcción en madera. “La fabricación de casas de madera es la base para el desarrollo de las industrias madereras. El mercado interno de casas de madera es incipiente, producto de nuestra cultura mediterránea. De ampliarse ese mercado, la industria se afianzará más rápidamente”, comentó el jerarca a Forestal.

Según el informe Oportunidades de Inversión en Uruguay, del Instituto Uruguay XXI, de diciembre de 2011, al año 2010 el sector forestal alcanzó las 21.400 personas empleadas de forma casi directa, que se dividen de la siguiente manera: 13.000 trabajadores vinculados a la silvicultura, 3.500 personas en las industrias de transformación mecánica (aserraderos y tableros), 2.500 en industria de celulosa (pasta, papel, cartón y chips), a los que se agregan los empleos indirectos de sectores que prestan servicios (principalmente transporte y logística). Esos 21.400 empleos equivalen al 1,3% de la población ocupada del país.

Pese a encontrarse en una etapa incipiente del desarrollo, la ley promulgada hace 25 años generó un cambio de cultura productiva en Uruguay. Y cuantos más logros a la vista existan, con más naturalidad cada uruguayo podrá convencerse de una nueva realidad: vivimos en un país agrícola y ganadero. Pero, sin duda, también vivimos en un país forestal.

BIOMASA POR ENERGÍA. Con la generación a través de biomasa, la industria forestal contribuye a generar energía sustentable y renovable, a la vez que ayuda a minimizar los efectos de “gases de invernadero” por las emisiones nocivas al medioambiente. Actualmente son tres las empresas que cuentan con plantas de generación eléctrica a partir de biomasa. UPM, que genera 110 MW/hora y deja un excedente de 32 MW para la red nacional con la que se abastecen en promedio 150.000 hogares; Urufor, que genera 12 MW/hora y el excedente para UTE es de 8 MW, y Weyerhaeuser, con una capacidad instalada de 10 a 12 MW/hora. Además, cuando comience a funcionar Montes del Plata, también generará su propia energía renovable de la cual 90 MW/hora los consumirá la planta industrial y entre 55 y 75 MW se volcarán a la red estatal. Eso equivale al consumo promedio de unos 200 mil hogares. Por otro lado, las políticas energéticas conducen cada vez más a un aumento del uso de la madera como fuente de energía, y constituyen otro incentivo.

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01 diciembre, 2012