• Domingo 20 de octubre de 2019

El futuro de la bioeconomía forestal en Uruguay

Dentro del trabajo Hacia una Estrategia Nacional de Desarrollo – Uruguay 2050, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto realizó dos publicaciones sobre el futuro del sector forestal para agregar valor y desarrollar la industria. Fernando Isabella, director de Planificación, comenta los principales hallazgos sobre la bioeconomía forestal en Uruguay.

–¿Por qué se contempló al sector forestal dentro de la Estrategia Nacional de Desarrollo?

–Primero, porque ya es un sector relevante: casi el 20% de las exportaciones del país son producto del sector forestal ya sea en madera rolliza, celulosa o tableros contrachapados. Se habla de unos 25 mil empleos directa o indirectamente asociados al sector. Por otro lado, a partir de algunas tendencias globales, entendíamos que el sector tiene unas oportunidades de desarrollo muy auspiciosas, además de tener condiciones y recursos naturales para ello. Una de las consecuencias del cambio climático es que se impulse la sustitución de la matriz de producción de base petroquímica, que no es renovable, por otra de base biológica. A eso se le llama bioeconomía: la producción de recursos renovables de manera sostenible y su conversión a otro tipo de productos. La madera tiene la posibilidad de convertirse en uno de los sustitutos, ya sea con fibras textiles, papel, bioplásticos o materiales de construcción.

–¿Cómo se trabajó en la investigación de estos estudios?

–Se planteó un estudio prospectivo que tuviera mirada al futuro y que tratara de anticipar posibles evoluciones del sistema del sector forestal, su demanda y mercados. Construimos una gobernanza con organismos públicos que tienen incidencia directa como el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, el Ministerio de Industria, Energía y Minería, el LATU, el INIA, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, entre otros. Contamos con apoyo técnico de VTT –empresa del Estado finlandés dedicada a la investigación y a la innovación– y con el Grupo de Ingeniería de Procesos Forestales de la Facultad de Ingeniería de la UdelaR.

La idea era tener apoyo técnico con una mirada más global y acceso a las bases de datos, y un apoyo más local con información de la situación concreta del país. El proceso prospectivo implica, además, la necesidad de hacer instancias de discusión con expertos donde participaron productores forestales, empresas de transformación de la madera, de la cadena logística, etcétera.

Los estudios identificaron las cinco Áreas de Bioeconomía Forestal (ABF): manejo de bosques, transformación mecánica de la madera, transformación química de la madera, biorrefinería y bioenergía

–Uno de los pilares del estudio fue identificar las Áreas de Bioeconomía Forestal, ¿qué se determinó?

–Las cinco Áreas de Bioeconomía Forestal (ABF) abarcan todo lo que implica la actividad forestal. La primera es el manejo de bosques, desde la genética de los árboles hasta la cosecha. La segunda es la transformación mecánica de la madera: el aserrío, la producción de productos a partir de madera sólida. La tercera es la transformación química de la madera, sobre todo el trabajo con fibras, el pulpeo para celulosa, etcétera. La cuarta es el área de biorrefinería: un sector emergente donde algunas aplicaciones todavía están en fase de laboratorio, pero que consiste en descomponer la madera en sus elementos más básicos para hacer productos farmacéuticos, bioquímicos o biocombustibles. La quinta es la bioenergía, la producción de energía a partir de la madera.

–La primera, el manejo de bosques, es el origen de todas las demás. ¿Cuál es su situación actual?

–El país tiene forestado algo más de un millón de hectáreas de pinos y eucaliptos, los dos géneros más plantados. El eucalipto está en expansión en Uruguay. El pino está pasando por un momento difícil, ya que no se encuentran suficientes aplicaciones rentables y algunos productores empiezan a migrar al eucalipto. Esto es un poco inquietante porque no es bueno que el país esté volcado a un único género, ya que también implica sesgar hacia alguna cadena industrial. El país puede aumentar su superficie forestal, tiene tierras de prioridad forestal que no se están ocupando. Menos del 6% del país está forestado y más del 80% de la tierra en el Uruguay se usa para la ganadería, así que una ampliación de la zona forestal implica diversificación económica. Hay buenas oportunidades y es deseable.

“En otros países, la cadena celulósica está mucho mejor articulada con la cadena de procesamiento mecánico y eso permite aprovechar mejor la madera”

–¿Cuál es el estado de las demás áreas? Nuestro principal enfoque está en la celulosa.

–Comparado con otros países forestales, Uruguay tiene una matriz productiva forestal muy sesgada a lo que es la producción de celulosa. Eso en el estudio se ve con cierta preocupación. En otros países la cadena celulósica está mucho mejor articulada con la cadena de procesamiento mecánico, lo que permite aprovechar mejor la madera. Para producir celulosa no es necesario usar las mejores partes del árbol y estas se pueden reservar para procesamiento mecánico. Nosotros estamos dedicando prácticamente todo a la producción de celulosa y sería bueno un desarrollo de la cadena de transformación mecánica que acompañe y complemente.

–Exportar madera en rolos también es desperdiciar una oportunidad de sumar valor agregado.

–Con el pino, especialmente, tenemos un flujo de exportación de madera en rolos que implica muy bajo valor agregado y sería importante avanzar en su industrialización local. Mientras hacíamos este estudio con visión a largo plazo, desde Transforma Uruguay –el área donde se definen las políticas productivas– se trabajó de forma paralela en la elaboración de una hoja de ruta. Esta implica medidas de corto y mediano plazo de políticas concretas para, por ejemplo, promover la industrialización de la madera en términos de transformación mecánica.

–¿Qué medidas fueron propuestas?

–Para que esta industria sea rentable, es indispensable poder valorizar los residuos. Ya sea que se utilicen para producir energía, pellets u otra cosa, no es rentable tener que recorrer largas distancias para juntarlos. Una clave es fomentar parques industriales para tenerlos concentrados y hacer un mejor aprovechamiento de los mismos.

Otra de las claves está en favorecer la construcción en madera en Uruguay. Si uno mira los países nórdicos, donde las temperaturas caen a 20 grados bajo cero, las casas son de madera y son mucho mejores en aislación térmica y sonora, también en términos ambientales y en las posibilidades constructivas que brindan. Para usar la madera en construcción, lo primero es certificarla porque es necesario conocer sus propiedades estructurales. Hay un proceso de certificación que ya está en marcha con el LATU. En la hoja de ruta también se establecen puntos sobre capacitación a los actores industriales para un manejo adecuado. Certificar la madera es la llave para iniciar una industria que se dedique a esto, tanto para el mercado interno como, fundamentalmente, para exportación.

“La clave está en cómo el país genera capacidades para desarrollar la transformación mecánica de la madera a corto plazo y la biorrefinería a mediano y largo plazo”

–¿Qué otras brechas y oportunidades podemos encontrar en el resto de ABF?

–En biorrefinería hay un tema clave que es generar conocimiento e investigación, y eso surge como un lineamiento de primer orden. Hay que estudiar las características específicas de la madera uruguaya y sus propiedades para poder utilizarla en aplicaciones de biorrefinería. En el mundo ya hay avances para rescatar la lignina en procesos celulósicos y usarla como adhesivo. Eso se ve como una posibilidad. Pero de las cualidades de la corteza de nuestra madera se conoce poco, es necesario estudiarla para ver si se pueden obtener cosas que sean más valiosas que simplemente quemarla. Es relevante generar centros de estudio. En el acuerdo con UPM para la tercera planta de celulosa está pensado un centro tecnológico en bioeconomía donde la empresa pondrá recursos durante 23 años.

–La generación de energía por biomasa parece haber llegado a su tope.

–Es cierto que la puerta de venderle energía a UTE hoy está cerrada: ya hay una capacidad de generación más que suficiente. Eso plantea un desafío grande para darle otro uso a los residuos que permitan valorizarlos de manera alternativa. La biorrefinería surge como una posibilidad que hay que investigar. Están también los pellets como algo más estandarizado y conocido. En Europa se está demandando muchísimo y hay oportunidades de exportación relevantes.

 

EL POTENCIAL DEL BOSQUE NATIVO
En los estudios de la OPP también fue contemplado el bosque nativo uruguayo. Más allá de los servicios ecosistémicos propios del bosque, se tiene potencial en bienes y servicios más comerciales, como el turismo sostenible y la biorrefinería. “Las farmacéuticas en el mundo están invirtiendo muchísimo en investigar las cualidades de distintos tipos de plantas, y nosotros no tenemos idea de qué hierbas hay en nuestros bosques, qué potencialidades tienen”, explicó Isabella.

–De todas las ABF, ¿cuál presenta mayores oportunidades de desarrollo en el país?

–Es difícil desarrollar una cadena productiva sola porque todas tienen mucha interrelación entre sí. Una conclusión central es la necesidad de que crezcan de manera articulada. La producción de celulosa seguirá creciendo en el país, y es importante ver cómo eso genera oportunidades para las otras cadenas. La celulosa tiene una demanda global muy importante y no requiere políticas para favorecerla sino políticas para ver cómo se le saca el mejor jugo y cómo sirve para impulsar a otros sectores de la economía. El tema es cómo generamos oportunidades para que la cadena de transformación mecánica, específicamente en construcción en madera, se genere. Entendemos que ahí están las mayores oportunidades del país.

–¿Cuáles son las principales conclusiones del estudio?

–Confirmamos la impresión que tuvimos al inicio: la forestal es un área de producción con enormes posibilidades de futuro. El mundo va a demandar cada vez más productos de madera. Hay buenas oportunidades, van a venir inversiones y la clave es cómo el país genera capacidades para desarrollar la biorrefinería (a mediano y largo plazo) y la transformación mecánica de la madera (a corto plazo).

 

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15 septiembre, 2019