• Jueves 23 de septiembre de 2021

Bonos de carbono: el valor del aire limpio

Si pensamos en la palabra “secuestrar” las connotaciones son lógicamente negativas. Sin embargo, este término se emplea para algo alentador: refiere a cómo los árboles “secuestran” dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera. Hay una oportunidad para el sector líder en producir este efecto positivo, la venta de bonos de carbono para que empresas con grandes emisiones balanceen su impacto medioambiental. ¿Cómo funciona este novedoso sistema y cómo se está desarrollando en Uruguay?

Desde que en 2005 entró en vigencia el Protocolo de Kioto –acuerdo internacional que buscaba reducir las emisiones de gases de Efecto Invernadero enviadas a la atmósfera–, algunas empresas u organizaciones del mundo han debido o deseado, según el caso, reducir su huella de carbono, es decir, acortar la cantidad de estos gases que emiten. Cuando ya agotaron esfuerzos para hacerlo y todavía cuentan con una huella considerable, en la actualidad pueden recurrir al mercado de bonos de carbono para balancear este aspecto de su producción y “neutralizar” sus emisiones. ¿Cómo? Es sabido que, durante el proceso de fotosíntesis, las plantas y los árboles absorben dióxido de carbono y lo almacenan, retirándolo de la atmósfera. Específicamente en el sector forestal, a través de un extenso proceso de Validación y Verificación, un ente internacional cuantifica las toneladas de CO2 que secuestraron los montes y luego las empresas propietarias de dichos certificados de carbono pueden venderlos a otras empresas en otros rubros que así lo necesiten.

De esta manera, las organizaciones que compran los bonos pueden compensar por lo que contaminan para “neutralizar” sus emisiones. Un bono de carbono, denominado VCU (unidad de carbono verificada, por sus siglas en inglés), equivale a una tonelada de CO2 que fue “secuestrada” de la atmósfera.

El valor por tonelada de carbono capturada es de entre 1,5 y 2,5 dólares.

Álvaro Pérez del Castillo, director ejecutivo de Carbosur, empresa que asesora a los emprendimientos forestales que quieran ser parte de este sistema, explicó a Forestal que esta actividad comenzó a llevarse a cabo a través de mercados regulados en los países primermundistas, pero que estos no veían con buenos ojos el ingreso de certificados forestales provenientes de países en vías de desarrollo al sistema. “Algunas empresas de Uruguay lo hicieron con parques eólicos o plantas de biomasa y trataron con algunos proyectos forestales, pero dicho mercado regulado nunca logró desarrollarse para estos proyectos”, comentó.

Esto llevó a que más cerca en el tiempo los proyectos forestales uruguayos se presentaran a vender sus bonos en mercados voluntarios. El principal de ellos es el programa Verified Carbon Standard (VCS) que lleva adelante una organización sin fines de lucro llamada Verra. “Ahí se presentan estos proyectos de secuestro de carbono y una vez que se hace esto, quedan expuestos al público y las empresas que voluntariamente quieren bajar o neutralizar sus emisiones pueden entrar allí, seleccionar un proyecto y comprar tantos certificados de carbono como necesiten para neutralizar sus emisiones”, comentó Pérez del Castillo.

MERCADO EXIGENTE

Carbosur lleva desarrollados siete proyectos forestales que fueron presentados en los mercados voluntarios, pero no cualquier emprendimiento forestal puede ser presentado en estos mecanismos. Una de las condiciones más importantes que tienen que demostrar los postulantes es la adicionalidad, es decir, que el proyecto no se hubiera hecho si no hubiese tenido el incentivo del ingreso de dinero por la venta de estos certificados. Es por esto que las empresas como UPM y Montes del Plata, que tienen montes para sus plantas de celulosa, no califican. Pérez del Castillo señaló que los proyectos que suelen recomendar desde Carbosur están en la zona centro-este del país (norte de Lavalleja, Treinta y Tres y Cerro Largo, por ejemplo) y que mayoritariamente producen madera de calidad. La ubicación es otro factor crucial, ya que se buscan lugares alejados de los mercados forestales como otro ingrediente para demostrar la adicionalidad.

“Desde el momento en que uno demuestra la adicionalidad, en el fondo está diciendo que necesita de alguien que pague por los certificados para que el proyecto sea viable. Dicho de otra manera, el inversor que pone la plata para desarrollar el proyecto dice que tiene muchos riesgos, que está lejos de los puertos, que la caminería no es tan buena, etc., por lo que para animarse a dar el salto e invertir en algo que será muy bueno desde lo ambiental, necesita que alguien pague ese extra que viene de la venta de certificados”, explicó el director ejecutivo de Carbosur.

El más relevante de los mercados voluntarios de carbono lo lleva adelante la organización Verra y se denomina Verified Carbon Standard (VCS).

Para que los emprendimientos puedan ingresar en este mercado internacional de compra y venta, deben pasar severos controles por parte de la organización Verra y el VCS. En primer lugar, tienen que superar un proceso cualitativo (denominado validación) en el que se presenta un documento con las características del proyecto y un auditor indica si entra o no en los estándares internacionales. En segundo lugar viene la verificación, donde se presenta un reporte de monitoreo en el que se cuantifica con precisión la cantidad de carbono que fue absorbida de la atmósfera por los árboles. Estos dos procesos incluyen la visita de auditores internacionales que realizan chequeos súper exhaustivos de documentos, así como recorridas de las plantaciones, de las comunidades, las áreas protegidas, y recién ahí dan la aprobación.

Pérez del Castillo explicó que una vez que los proyectos ya tienen bonos a la venta se negocia el precio como en cualquier mercado de oferta y demanda. Hoy en día, el valor por tonelada de carbono capturada, es decir, por bono o VCU (Verified Carbon Unit) es de entre 1,5 y 2,5 dólares. Los certificados que fueron generados más recien[1]temente en el tiempo se pagan mejor que los “viejos”. El precio también depende del volumen a adquirir o del tipo de proyecto de que se trate.

Cuando se acuerda el monto se firma un contra[1]to, se solicita a Verra que emita los certificados, y cuando Carbosur los tiene en su cuenta se los transfiere al comprador, que ahí hace el pago correspondiente.

LAS POSIBILIDADES A FUTURO

Actualmente, los proyectos que se encuentran activos en la producción de certificados en Uruguay corresponden a Agroempresa Forestal SA, Guanaré SA, Intercontinental Timber Asociación Agraria (ITTA), Eucapine SRL, El Arriero SA y Los Eucaliptus SA.

“Somos optimistas respecto a que el precio de las VCU va a seguir aumentando, porque lo ha venido haciendo en los últimos dos años y medio”, planteó Pérez del Castillo. Él tiene la teoría de que el interés en este sistema aumentó desde que el por entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió retirarse del Acuerdo de París, un convenio internacional con intenciones similares al de Kioto que se firmó cuando finalizó la vigencia de este último. Según planteó el director ejecutivo de Carbosur, es posible que esta decisión de Trump hiciera que muchas empresas de ese país se pararan firmes en contra de la postura del gobierno y decidieran que iban a tomar medidas contra el cambio climático por sí mismas, lo que llevó al auge de los mercados voluntarios de carbono.

También explicó que los compradores se fijan mucho dónde se generan los certificados, y los proyectos de Uruguay llaman la atención por su envergadura. “No es común que haya proyectos tan grandes, entonces sorprenden a los compradores”, señaló. Los brokers de este negocio o las empresas que contactan directamente a los emprendimientos siempre buscan atiborrarse de información sobre estos, y a veces les hace algo de ruido escuchar que los montes van a ser cosechados. “A veces llaman y dicen ‘me decís que es una plantación comercial y mi cliente está preocupado por el impacto, por la cosecha’. Ahí les explicamos que las empresas están certificadas, que tienen un impacto positivo desde lo ambiental, lo social y lo económico para el país, que las cosechas se hacen de determinada forma, que todo lo que se cosecha se vuelve a plantar y que existen áreas protegidas, y ahí entienden”, señaló Pérez del Castillo.

“Somos optimistas respecto a que el precio de las VCU va a seguir aumentando porque lo ha venido haciendo en los últimos dos años y medio”. Álvaro Pérez del Castillo. Director ejecutivo de Carbosur

Un aspecto que genera diversos puntos de vista es que en un futuro se espera que los propios países sean los que presenten sus mediciones de emisiones y armen estrategias de reducción y neutralización. Pero hay un tema clave que es la doble contabilidad, o sea el hecho de que un mismo certificado pueda venderse más de una vez. El problema surge en que los bonos que ya han sido vendidos no pueden volver a ser presentados por el país en ese otro planteo nacional. “La realidad es que estos mercados voluntarios son súper controlados y todos tienen una trazabilidad permanente que hace que no pueda existir doble contabilidad. Cuando Uruguay tenga que presentar sus balances de gases, tiene que saber que determinada cantidad de certificados fueron vendidos en mercados voluntarios y que esto ya es parte del buen rol que Uruguay está jugando para bajar las emisiones a nivel mundial”, indicó Pérez del Castillo.

Por lo pronto, los emprendimientos uruguayos están siendo parte de este sistema mundial y hasta algunas empresas uruguayas han decidido comprar certificados para neutralizar las emisiones de sus operaciones o de los eventos que organizan, como es el caso de Hyundai Fidocar o del hotel Hilton.

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27 abril, 2021