Aldan
  • Sábado 28 de noviembre de 2020

Ministro Uriarte, a portera abierta

Carlos María Uriarte, el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, recibió a Forestal para comentar sobre la realidad agropecuaria del país, qué desafíos observa para este quinquenio y cuál es su visión, con luces y sombras, sobre la forestación en el Uruguay.

En su despacho ministerial de la calle Constituyente, Carlos María Uriarte se sienta en el escritorio que décadas atrás perteneció a Wilson Ferreira Aldunate. Curiosamente, minutos después terminaría contándole a esta publicación que es admirador de la Ley Forestal, aquella de la que fue pionero el dueño original del mueble que lo recibe día a día, y que le interesaría replicarla en otros sectores productivos.

–¿Cómo encontró el ministerio al asumir el cargo?

–Uno tiene que saber qué es lo que recibe para poder interpretar dónde se puede y se debe corregir. Si bien las autoridades anteriores nos hicieron llegar mucha información, era imposible imaginar cabalmente lo que estaba pasando. Lo he definido varias veces como una anarquía, donde cada dirección y cada unidad era un estanco con objetivos propios e independientes de lo que hacia la que estaba al lado. No había un sentimiento de equipo.

Otra característica es que aparentemente no había problema de financiamiento porque la mayor parte de los fondos que requirió el ministerio venía de endeudamientos, de fondos externos. Fue un ministerio por el cual se canalizó muchísimo dinero, que no va a ser nuestra realidad, desgraciadamente. La nuestra es la opuesta. Por eso las premisas que desde el vamos hemos tratado de proponer es que el ministerio es uno solo y que estamos al servicio de la gente. La gente no es nuestro cliente, es nuestro patrón y nuestro deber es servirle.

“El Uruguay que nos imaginamos no es uno de solo eucaliptos, solo soja o solo ganado. Es un mosaico de actividades”

–¿Cuáles considera que son los mayores desafíos del sector agropecuario para esta gestión?

–Lo principal es saber lo que somos para saber a dónde podemos aspirar: somos un país agroexportador y turístico. La población mundial estará en crecimiento y la demanda de lo que Uruguay produce va a aumentar. Es muy esperable que debamos enfocarnos en producir más y, por lo tanto, ponerle mayor presión a nuestros recursos naturales. Ese es el desafío, producir y exportar más sin afectar nuestros recursos naturales. Y en la medida de lo posible, no solo hacerlo de forma sustentable, sino regenerativa. Existen formas. Es una línea de acción donde el cuidado del ambiente y la inocuidad, tanto de los alimentos como de la salud animal y humana, son temas preponderantes.

En ese sentido, tenemos que diversificar nuestras exportaciones dándole prioridad a aquellos rubros que favorezcan el asentamiento de la familia rural en el campo. El despoblamiento de la campaña es algo que he sufrido toda mi vida y que me cuesta aceptar. Voy a hacer los máximos esfuerzos para revertirlo. Creo que de la mano de la producción ovina, láctea y de la granja se puede lograr. Debemos darles mejor calidad de vida a nuestros ciudadanos en el campo, en los últimos años hemos hecho lo contrario.

PERSPECTIVA FORESTAL

–En el caso puntual del sector forestal, ¿qué desafíos enfrenta?

–No soy un especialista forestal, pero soy un gran admirador de la actividad. Debo agradecer de corazón al equipo que hemos podido armar en la Dirección Forestal, tengo la absoluta tranquilidad de que sabrá atender las necesidades del sector.

Ministro Uriarte habla sobre forestación en Uruguay
Desde el mismo escritorio en el que Wilson Ferreira Aldunate comenzó a impulsar el desarrollo forestal, Uriarte se confiesa admirador de la Ley Forestal. (Fotografía: Pablo La Rosa)

La visión que tengo de la forestación es que es un rubro muy importante para el país que todavía no ha expresado todo su potencial. Si bien tenemos dos plantas de celulosa, y tendremos tres, hay regiones a las cuales no ha llegado la forestación. En lo personal, me gustaría hacer lo posible para que llegue al este y el noreste del país. Todavía hay mucho por hacer para darle sombra y abrigo a nuestros ganados y hacer interactuar la forestación con la ganadería, lejos de las plantas de celulosa. También pensar en madera aserrable, aunque hoy el flete es lo que la limita y la hace inviable. La celulosa no puede ser todo, tenemos que apuntar a otros rubros, a pesar de malas experiencias. Soñamos con una forestación incorporada al mosaico. El Uruguay que nos imaginamos no es uno de solo eucaliptos, solo soja o solo ganado, es un mosaico de actividades donde cada una se desarrolle en el ambiente que le corresponde.

–En julio declaró en la Comisión de Ganadería de la Cámara de Representantes que no se trata de la forestación versus el ganado o la agricultura, sino de buscar la complementariedad en la producción.

–Ese es el camino. Debo reconocer que hay unos debes que tiene la forestación donde me gustaría contribuir. Uno va de la mano del despoblamiento. Bien se podría pretender que hubiera familias instaladas cada 500 hectáreas de forestación –o algo parecido– que puedan servir de guardabosques, educar y formar a sus hijos, tener un control de las actividades que se realizan dentro de los montes. El otro factor es el cuidado de los predadores que se crían adentro y que provocan daño a otras actividades, sobre todo jabalíes y caranchos. Hay un potencial enorme en la forestación por el área que mencionaba y hay algunos debes que, desde el punto de vista social, se sienten mucho, sobre todo por la gente de campo.

Normalmente se critica a la forestación y más hoy con el tema de la segunda planta de UPM. Creo que no nos podemos dar el lujo de dejar prevalecer al fundamentalismo. Tenemos que basarnos en la ciencia y en el conocimiento cabal. La forestación tal cual está planteada, sobre todo las papeleras, puede ser muy importante en los números para el país por las inversiones y los trabajos que ha implicado, pero no nos podemos engañar tampoco en que la mayor parte de ese ingreso que genera no queda en el país, se va. No podemos ni sobredimensionarla ni subdimensionarla, a eso me refiero con fundamentalismos. Es muy importante por la actividad que promueve y en dónde lo hace; basta ir y ver cómo han cambiado todas esas regiones, no solo en el lugar donde está la planta. Por ejemplo, hay pueblos que han revivido de estar casi muertos porque los camioneros que transportan madera decidieron llevar a sus familias ahí porque pasan dos o tres veces por día, duermen en sus casas, ven a sus hijos. Eso ayuda al poblamiento. Son las partes positivas y creo que no son muchos los que pueden apreciar esa parte de la forestación cuando se la evalúa.

“Tenemos mucho para trabajar a nivel de costos internos, donde trasladamos ineficiencias de otras partes a los factores de producción”

–¿La idea sería, entonces, no centrarse tanto en la cadena celulósica sino potenciar otros rubros como la madera sólida o el silvopastoreo?

–La diversificación de los rubros ayuda muchísimo. La gente conoce poco cuánto merma la producción de nuestros animales la exposición al sol. Quizás el silvopastoreo es una etapa más avanzada, pero sí trabajar a nivel de cortinas que ofrezcan sombra y abrigo y que permitan tener más diversificación al dejar espacios para hacer agricultura o ganadería. Hay mucha sinergia para trabajar.

Uruguay debe ser, si no el más, uno de los países más ganaderos del mundo. Hoy se pone en tela de juicio el rol que los rumiantes tienen en cuanto a la liberación de gases de efecto invernadero. Tenemos que asumir como una responsabilidad nuestra el contribuir a reducir el calentamiento global. Tenemos formas de reducir las emisiones de nuestros animales, pero lo más importante es aumentar la captación de carbono y la forestación es la herramienta con la cual balancear lo que emitimos. Uruguay apunta al neutro, es decir, a no contribuir al calentamiento global, y el rol de la forestación para lograr ese objetivo es fundamental.

ESTÍMULOS E INCENTIVOS

–¿Qué herramientas manejarán para mejorar la competitividad del sector agropecuario?

–Hoy está arriba de la mesa lo que el Uruguay gasta para vender sus productos fuera de fronteras pagando aranceles. Tenemos mucho para trabajar a nivel de costos internos, donde trasladamos ineficiencias de otras partes a los factores de producción. No me atrevería a opinar de más, pero sí creo que incide muchísimo lo que es la tasa de cambio. Nos guste o no nos guste. Reconozco la importancia que tiene para estos momentos en la economía del país, pero la tasa de cambio muchas veces nos saca de la discusión, sobre todo cuando nuestros vecinos la utilizan sin discreción y afectan nuestra competitividad.

–En la Ley de Urgente Consideración (LUC) está contemplado el tema del crudo, que influye mucho en los costos.

–Eso ya es parte de la realidad: se va a vender el combustible a paridad de importación. En el corto plazo lo vamos a estar viviendo. El 1 de setiembre estuvimos con el presidente de Ancap y creo que hay muchos aspectos que se pueden trabajar para tener un gasoil competitivo. Las tarifas de UTE en ciertos rubros también son muy importantes.

Ceremonia de asunción de las autoridades del MGAP en marzo 2020. (Fotografía: MGAP)

–¿Cómo incentivar mayor inversión dentro del agro?

–Más a menudo de lo que uno pensaría se usa como ejemplo la Ley Forestal como forma de incentivar el desarrollo y la inversión, y estoy totalmente de acuerdo. En el sector lácteo, por ejemplo, no es solo conseguir una línea de crédito o dar una subvención a través de un impuesto; hay que crear un marco que abarque eso y todo lo necesario para que pueda funcionar, que garantice que aquel que invierta va a tener el mercado a la hora de colocar sus productos. Hay que trabajar detenidamente la competitividad por rubro para ir visualizando las barreras a levantar.

Más que tener una ruta fija, como diría el Maestro Tabárez, “lo importante es el camino”, cómo uno se prepara para ir sorteando los obstáculos. Si tenemos claro que somos un país agroexportador (y turístico) sabremos cuáles deben ser la política de cambio, la política de inserción internacional, las políticas de marketing, los productos a producir y colocar. Lo mismo para la parte financiera y la inversión. Cada rubro es una historia aparte y amerita identificar dónde están las limitantes principales.

 –Dentro de este concepto de país agroexportador, ¿es interés del ministerio abrir y buscar nuevos mercados internacionales?

–Eso es permanente. El 1 de setiembre hicimos el lanzamiento de Pro Carne, espacio donde interaccionan privados y públicos cuyo objetivo principal es resolver los problemas que tiene Uruguay y marcar estrategias para el futuro en lo que es la inserción de sus productos en el mundo. Esto es un constante análisis de los mercados, no solo acceder sino tenerlos operativos. Por ejemplo, en lo que va del año en la carne vacuna comenzamos teniendo problemas en China, después fue la Unión Europea, recuperamos a China y en el ínterin el que nos fue sacando fue Estados Unidos. Los mercados son muy dinámicos y como país agroexportador tenemos que ser dinámicos, estar preparados para ir viendo dónde están esos mercados y qué es lo que nos piden.

Otro desafío que Uruguay tiene como país chico es el diferenciarse, porque en tamaño y en volumen jamás lo va a hacer. El objetivo es que nos busquen y sean capaces de pagarnos un poco más porque lo nuestro es distinto. Ahí hay características de nuestra agropecuaria que son destacables y un poco únicas. La ganadería que realizamos no es a base de cortar árboles ni monte nativo, ni de quemar pajonales. Tenemos un monte nativo, y vuelvo al tema forestal, que se ha incrementado en un 25% en los últimos tiempos. Es nuestra obligación no solo velar por que se mantenga y aumente, sino por que recupere la riqueza en cuanto a sus especies y su conformación. Ese tipo de aspectos son los que debemos saber identificar para diferenciarnos. Cada rubro va a saber encontrarlos, pero es parte nuestra promoverlos. Hoy también le podemos decir al mundo algo que no muchos países pueden, y es que, hasta ahora, Uruguay no ha tenido coronavirus en sus cadenas agroalimentarias. Eso lo tenemos que hacer valer.

“El sector forestal es un ejemplo. La Ley Forestal ha tenido un excelente resultado y resume muchas herramientas que podrían aplicarse en otros sectores”

–¿Cuál es su opinión sobre el proyecto de ley de Cabildo Abierto para limitar la forestación?

–Respeto mucho la opinión de Cabildo Abierto, lo que sí creo es que debemos basarnos en hechos concretos, no podemos dejarnos llevar por fundamentalismos. Todos nos debemos informar. Muchas de las cosas que se hablan no se hacen de forma correcta y simplemente me voy a referir a una: cuando se dice que muchos suelos que se plantan no son de prioridad forestal hay que expresarlo en su contexto. En Uruguay sin un plan forestal se puede plantar hasta el 8% de una propiedad particular, con un máximo de 100 hectáreas. En ese 8% puede caber algún suelo que no sea de prioridad forestal, pero está en ese contexto. Que imaginemos a un Uruguay “solo árbol” está lejos de la historia que hemos vivido. Uruguay tiene unos cuatro millones de hectáreas de prioridad forestal y se han plantado un millón y pico.

Si nos basamos en el pasado y en la realidad no está dentro de la visualización que todos nos pasemos a la forestación y que todos los suelos que puedan producir alimentos van a terminar con árboles. Exhorto al razonamiento constructivo. Obviamente hay cosas que son para tener en cuenta pero, en el contexto general, no somos de los que regulan si no tenemos una razón contundente, no emocional. No todo es bueno ni todo es malo, el justo balance es lo difícil.

–¿Hay algo más que desee agregar para cerrar?

–El rubro forestal es un ejemplo. La Ley Forestal ha tenido un excelente resultado y resume muchas herramientas que podrían aplicarse en otros sectores y que han sido exitosas. Desde el financiamiento y las exoneraciones tributarias a un plan correcto en cuanto a dónde se va a plantar, cuándo, cómo, dónde se vende, dónde se procesa.

¿QUIÉN ES CARLOS MARÍA URIARTE?
Carlos María Uriarte Bregante es ingeniero agrónomo con un máster en Economía y Ciencia Agrícola de la Lincoln University de Nueva Zelanda (usó la corbata de esta casa de estudios el día de su juramentación como ministro). Asumió la dirección del MGAP a los 60 años, tras más de tres décadas trabajando en el sector agropecuario –especialmente en el ganadero– como productor, técnico y activista gremial. Entre 1986 y 1996 fue técnico regional de Cerro Largo en la Comisión Honoraria del Plan Agropecuario. De esta época como funcionario del ministerio recuerda especialmente al ministro Álvaro Ramos, del gobierno de Luis Alberto Lacalle Herrera, “que nos juntó a todos los de la región para conocernos. Eso me marcó de por vida y me dije que si algún día del destino me tocaba la responsabilidad de ser ministro, iba a hacer lo mismo. Así que nos estamos esforzando al máximo por conocer a cada integrante del ministerio”. Uriarte fue director de las Unidades Gestión, Proyectos y Administración en el Instituto Plan Agropecuario de Uruguay, director del INIA en nombre de la Asociación Rural del Uruguay y presidente de la Federación Rural del Uruguay. En los últimos años se acercó a la forestación al arrendar un campo forestal en Rocha. En lo personal, Uriarte es padre, esposo y abuelo, y un apasionado del rugby y el asado.

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18 septiembre, 2020