• Miércoles 17 de julio de 2024

Responsabilidad terrenal

Al declarar a 2015 como Año Internacional de los Suelos, la Asamblea General de las Naciones Unidas expresó: «Los suelos constituyen el fundamento del desarrollo agrícola, de las funciones esenciales de los ecosistemas y de la seguridad alimentaria y son por tanto un elemento clave para el mantenimiento de la vida sobre la Tierra». Desde Forestal hacemos foco en los suelos, su manejo y los resultados de 15 años de investigación que hay sobre ellos en el sector.

Como encargada de implementar el Año Internacional de los Suelos 2015, la advertencia de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) fue clara: «El ritmo actual de degradación de los suelos amenaza la capacidad de satisfacer las necesidades de las generaciones futuras». El 33% del suelo del mundo está moderada o altamente degradado debido a la erosión, la salinización, la compactación, la acidificación y la contaminación con productos químicos.

A esto se suma que el crecimiento previsto de la población mundial implicará un aumento del 60% en la demanda de alimentos, forraje y fibras para el año 2050. La degradación de los suelos es de gran impacto, ya que provoca una reducción en la producción, aumenta la demanda de uso de fertilizantes y además se incrementa el gasto en la preparación de las tierras.

Paralelamente, los productores deben emplear cada vez más áreas de cultivo para lograr sus objetivos productivos.

Esta realidad impone fuertes desafíos en lo que refiere al manejo y producción sostenible de los suelos para los diferentes sistemas productivos, como forma de revertir esta tendencia.

La agricultura en Uruguay sufrió una transformación en la última década: el área de cultivo creció más de cinco veces; la intensidad del uso del suelo pasó de una media de un cultivo por año a casi un cultivo y medio y el cultivo dominante del sistema es la soja.

El uso sustentable del suelo implica mantener un balance en relación a los nutrientes –carbono, y otros–, que equipare la extracción que genera la producción, con las incorporaciones que se logran a través de diversos mecanismos –fertilizantes, restos orgánicos, fijación biológica, etcétera– y que minimice las pérdidas ocasionadas por los procesos físicos relacionados, como la erosión y la compactación. Esta explicación la dio el Ing. Agr. Enrique Fernández, director regional del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) La Estanzuela y director interino del Laboratorio de Suelos, Plantas y Agua de ese instituto, quien agregó que de esa forma se intenta «mantener las propiedades y características del suelo como sustento para el óptimo crecimiento vegetal».

¿CÓMO SE PRODUCE SUSTENTABLEMENTE?

Una de las claves, dijo la Ing. Agr. Mariana Hill, es «que haya heterogeneidad de actividades en las unidades de producción». En la agricultura es necesaria la rotación de cultivos con pasturas, y en el caso de la forestación y la ganadería lo ideal es el silvopastoreo. Hill es directora de la Dirección General de Recursos Naturales Renovables (Renare), organismo encargado de formular y poner en práctica la estrategia nacional sobre el uso y el manejo sostenible de los suelos y aguas. La directora explicó a Forestal que esa repartición supervisa –tanto en la agricultura intensiva, como en la extensiva y en la forestación– que se cumplan buenas prácticas en el uso y manejo de los recursos naturales. Entre los elementos que controla Renare se encuentra la cobertura del suelo (su aspecto morfológico y tangible), las técnicas del laboreo y el manejo de los desagües naturales de los campos. Hill aclaró que, aunque no se supervisan de la misma manera los diferentes sistemas de producción porque tienen distintas formas de trabajar la tierra, «a la hora de las sanciones, los procedimientos son parejos para todos».

Al marcar las diferencias entre los sistemas de producción, Hill dijo que para la agricultura (cerealera y oleaginosa) existen los Planes de uso y manejo de suelos que deben presentar los productores. Actualmente la Renare está trabajando para aplicar un sistema similar para la planificación de la producción lechera.

El Ing. Agr. Fernández, desde el INIA, aportó información sobre lo que ocurre con el uso de suelos en la ganadería, agricultura y lechería. En relación a la agricultura, dijo que en los últimos 10 a 15 años sufrió una «transformación notoria». El área de cultivos creció entre cinco y seis veces y la intensidad del uso del suelo también se incrementó, pasando de una media de cultivo por año en el área agrícola, a casi un cultivo y medio. A esta situación se le suma –dijo Fernández– que el cultivo dominante del sistema es la soja, con sus características propias: lenta cobertura del suelo y escaso volumen de rastrojo. «Se ha impuesto una fuerte presión sobre el recurso suelo», comentó.

Es en ese marco, y porque el INIA cuenta con información sobre las diferentes secuencias de cultivos y su impacto en la fertilidad y propiedades físicas de los suelos, es que se pusieron en funcionamiento los Planes de Uso y Manejo de Suelos. «Esto significa un avance fundamental desde el punto de vista de la conservación de nuestros recursos», afirmó. Este Programa de Conservación de Suelos recibió en 2014 un premio Morosoli de la fundación Lolita Rubial.

Fernández dijo que en un proceso similar se encuentra la lechería, «aunque con la ventaja de que allí las pasturas siguen jugando un rol importante. Quizás la ganadería, y en particular la que se realiza sobre campo natural, sigue siendo la menos atendida».

Fernández destacó que en algunas zonas «el sobrepastoreo ha provocado procesos de erosión y de pérdida de especies valiosas del tapiz vegetal y algunos problemas con el balance de nutrientes». Al respecto, Hill dijo: «El objetivo es planificar la rotación de cultivos». Se busca que la combinación entre cultivos y pasturas sea en plazos que conviertan a la actividad en sostenible, y se minimicen los impactos sobre el recurso suelo.

LA REALIDAD DEL SISTEMA FORESTAL

A diferencia de los otros sistemas, la forestación es un cultivo a largo plazo, por lo que el manejo y su contralor tienen particularidades. Por ejemplo, según explicó Hill, la planificación de rotación de cultivos no es aplicable. La jerarca de Renare dijo que el uso del suelo se controla en base a las buenas prácticas definidas por el organismo, en relación a aspectos como la forma en que se realiza el laboreo y la cobertura del suelo.

Hill afirmó que para el suelo es muy favorable un cultivo perenne como es la forestación, a diferencia de los cultivos anuales, que son los más perjudiciales. «En la forestación hay dos momentos que pueden ser complicados, que son la plantación y la cosecha. Entre esas dos instancias, pueden transcurrir siete años o más de bosque, que es el momento ideal». Hill dijo que con el transcurso del tiempo –teniendo en cuenta que el gran desarrollo del sector se dio en los últimos 20 años– el uso de los suelos por parte de la forestación ha mejorado mucho. «Hoy se hace con un sentido de la conservación muy presente», aseguró.

Algunas de las pautas que persigue la industria forestal se encuentran nucleadas en el Código Nacional de Buenas Prácticas Forestales, publicado en 2004, que aporta a los técnicos y profesionales guías de trabajo estandarizables e incluye un capítulo de guías para la conservación de los recursos naturales.

Una de las características distintivas del manejo forestal en la que se destaca Uruguay –y en eso coinciden expertos de diferentes áreas de investigación y también la FAO– tiene que ver con la certificación.

En el marco de la Expoactiva 2015, Hill destacó la política actual de suelos que lleva adelante el país, y señaló que Uruguay es referente a nivel regional y mundial. En el mismo evento, el representante de la FAO en Uruguay, Vicente Plata, también dijo que el proceso uruguayo «es virtuoso y pionero en el manejo de suelos y en los procedimientos empleados». Al respecto, Fernández dijo a Forestal que la existencia de certificación implica realizar un exhaustivo seguimiento del sistema productivo y su impacto; tanto sobre los recursos naturales, como sobre su entorno social y económico.

Momento de cosechar: los propios tiempos del proceso productivo hacen que recién tras 15 años de investigación se puedan sacar conclusiones sobre los suelos forestales.

¿Todo esto logra minimizar la afectación del recurso suelo? ¿Cuál es la realidad?

Las cifras de crecimiento del sector forestal son contundentes: la superficie de bosques plantados pasó de 45.000 hectáreas en 1990 a 1,2 millones en 2014. En tanto, los suelos definidos como de prioridad forestal alcanzan los 4 millones de hectáreas, de acuerdo a información recopilada por Uruguay XXI. Este crecimiento exponencial de las últimas dos décadas hizo que tanto el gobierno, como investigadores académicos y el propio sector productivo, pusieran una lupa para entender cómo se está viendo afectado el suelo y qué se puede hacer para mejorar sus condiciones.

Hill mencionó que la forestación provoca una menor erosión de los suelos, dados los largos plazos del proceso desde la plantación hasta la cosecha. Pero ese mismo sistema de producción implica una dificultad para obtener a corto plazo información certera sobre lo que está ocurriendo con los suelos: tienen que transcurrir muchos años de producción para poder comprender la situación y sacar conclusiones. Es por eso que recién ahora, tras 15 años de investigaciones de la Facultad de Agronomía, pueden visualizarse algunas conclusiones sobre el impacto de la forestación en los suelos nacionales.

15 AÑOS DE INVESTIGACIONES. PRIMERAS CONCLUSIONES

Los recursos de la Universidad para encarar estas investigaciones son escasos, pero a nivel país se cuenta con fuentes de financiación –por ejemplo la Agencia de Investigación e Innovación (ANII)– además de la financiación aportada por las empresas forestales. El Ing. Agr. Jorge Hernández, profesor agregado del Departamento de Suelos y Aguas de la Facultad de Agronomía, destacó que el marco establecido bajo el cual se realizaron las investigaciones fue que los resultados obtenidos en ellas serían publicados y difundidos, y así lo son.

El 70% de la biomasa, que es lo que se cosecha en la forestación, lleva apenas el 30% de los nutrientes que extrajo la plantación al suelo. Esto significa que el 70% de los nutrientes absorbidos por los árboles quedan en el sitio donde la plantación creció.

Hernández enumeró algunas de las líneas de trabajo que desarrollaron.

Una de ellas tiene que ver con el reciclaje de nutrientes, se pretendía saber qué cambios se estaban dando en las propiedades físicas, químicas y biológicas de los suelos. Se investigó acerca de las extracciones de nutrientes que se realizan con las cosechas, procurando cuantificar su magnitud y las consecuencias a nivel de los suelos.

Otro foco de investigación, dijo el docente, fue el estudio de «qué nutrientes estaban siendo limitantes para la producción y si podían ser corregidos mediante fertilización».

También se analizó en qué medida, luego de la cosecha forestal (con destino a la producción de pulpa de celulosa o madera para aserrío), ocurría un reciclaje de nutrientes a partir de los restos de cosecha que quedaban en el lugar. Y la conclusión fue muy interesante. Según informó Hernández, «el 70% de la biomasa cosechada es exportada fuera del sitio (la madera comercial). Sin embargo, este 70% lleva apenas el 30% de los nutrientes que extrajo la plantación al suelo. Esto significa que el 70% de los nutrientes absorbidos por los árboles quedan en el sitio donde la plantación creció, son reciclables y pueden ser reutilizados por una futura plantación». Es así que tras varios años de estudio, se puede concluir que las exportaciones de nutrientes en las plantaciones forestales actuales «no son de una magnitud tan grande comparadas con algunos cultivos agrícolas», al tiempo que se observó que el reciclaje que ocurre de estos nutrientes «es importante».

Los investigadores también trabajaron sobre las modificaciones en la materia orgánica que se producen en suelos forestados. «Se ha hablado mucho sobre la potencialidad de los bosques de secuestrar carbono atmosférico y reducir su efecto como gas de efecto invernadero. Es cierto que los bosques en su biomasa aérea logran secuestrar carbono. Sin embargo ¿qué ocurre en el suelo?», se preguntó Hernández. Hasta el momento la Facultad de Agronomía obtuvo información que demuestra que, si bien al inicio puede haber una pérdida de carbono orgánico del suelo, en el transcurso del tiempo las especies forestales tienden a recuperar ese carbono que se ha perdido en las primeras etapas. Sin embargo, aún no se pudo determinar el período de tiempo de esta recuperación.

Los investigadores también procuran evaluar si existen diferencias en la recuperación de esa materia orgánica cuando se planta una especie forestal luego de muchos años de agricultura y cuando se planta en un campo natural.

El desafío de todos los sectores productivos que utilizan el suelo es no sobrecargar el sistema, para que sea capaz de encontrar un nuevo equilibrio y ser sostenible.

Los cambios en las propiedades químicas del suelo también son objeto de análisis para medir el impacto de un sistema de producción como el forestal. Hernández dijo que se detectaron algunos cambios en el suelo que «no van en un sentido positivo, sino que denotan afectación en determinadas propiedades del suelo. Se constató una acidificación del suelo y una pérdida de determinados nutrientes, sobre todo calcio y magnesio». En ese marco es que se realizaron experimentos agregando ese tipo de elementos para remediar situaciones donde ocurre una extracción importante de ellos. Sin embargo, Hernández indicó que este problema «no es ninguna particularidad ni es exclusivo del sistema forestal. El llamado de atención no es solamente para la forestación, sino para otros sistemas productivos, como los agrícolas, donde también se da el mismo proceso a lo largo del tiempo, y que incluso hoy en día están pensando en la utilización de materiales para tratar de remediar estos cambios», puntualizó.

EL MANEJO DE LOS SUELOS Y LA CALIDAD DEL AGUA

La calidad del agua está asociada al buen manejo de los suelos. Consultado sobre qué pasa con la erosión en los suelos forestados y cómo influye esta en la calidad del agua, el experto del INIA Enrique Fernández respondió: «En términos comparativos, una plantación forestal nacional presenta un bajo riesgo de erosión cuando el cultivo ya está implantado. La tasa de uso de agroquímicos (pesticidas, fertilizantes) es muy baja si se compara con lo que se usa normalmente en un cultivo agrícola. En este sentido, no encontramos cambios permanentes en corrientes de agua asociadas».

Hill explicó que la contaminación de cursos de agua por productos fitosanitarios, fertilizantes y agroquímicos, se produce por erosión del suelo y por escurrimiento. En ese marco, «la forestación no es un agente contaminador importante ni por la cantidad de uso de químicos  ni por la erosión». Tampoco es importante el escurrimiento. «Se afecta la hidrología de la cuenca, pero con cualquier intervención humana se ve afectación», afirmó.

En la misma línea, Fernández cerró de esta manera su aporte para Forestal: «Toda intervención sobre el ambiente, en este caso a través de un cultivo, sea agricultura o forestación, determina cambios en la calidad del suelo y en las características de las cuencas asociadas. Si el sistema no se sobrecarga, es capaz de encontrar un nuevo equilibrio y de ser sostenible». Ese es el gran desafío para todos los sectores agropecuarios.

CURSO PARA DIVULGAR CONOCIMIENTO GENERADO. La Facultad de Agronomía, tras 15 años de investigaciones en producción forestal, decidió plasmar y aplicar los resultados de las mismas en un curso especial cuya primera edición comenzará en octubre de 2015 y se extenderá hasta diciembre. La finalidad del curso es tomar toda la información generada y ofrecerla para estudiantes de grado, y también como curso de posgrado en la Maestría de Ciencias Agrarias, y en la modalidad de formación permanente. Es así que cualquier técnico que quiera tomar el curso podrá hacerlo, aunque en ese caso tendrá un costo. Para inscribirse, contactarse con Unidad de Posgrados y Educación Permanente.

PLANES: SEGUIR INVESTIGANDO. El profesor adjunto del Departamento de Suelos y Aguas de la Facultad de Agronomía, Mario Bidegain se refirió a los planes que tiene el departamento en el área de la investigación. Uo de ellos es estudiar más en detalle la dinámica del agua en el suelo en sistemas forestales: «Hemos estudiado esa dinámica a una escala temporal estacional. Ahora queremos conocer día a día cómo evoluciona el contenido del agua». Además, dijo que se está comenzando a trabajar con modelos físicos de estimación de erosión adaptados a sistemas forestales. Por su parte, su colega Jorge Hernández dijo que hace algunos años, el departamento comenzó a investigar sobre la utilización de efluentes de plantas de procesamiento de celulosa y de plantas de generación energética en base a combustión de madera, como enmiendas a ser aplicadas al suelo. De esta manera las industrias se verían libres de manera no nociva de un efluente que tiene gestión complicada. «Sería una manera de cerrar el ciclo de los nutrientes, en la medida en que los estamos sacando del sitio forestal, van a una planta, es procesado el producto, los nutrientes son desechados y son gestionados de determinada manera, o existe la alternativa de que puedan retornar al suelo y de esa manera compensar su extracción», resumió el docente. Se estima que en tres o cuatro años habrá resultados sobre qué ocurre con la reincorporación al suelo de estos materiales.

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sábado 01 de agosto de 2015