• Domingo 17 de octubre de 2021

Radiografía del mercado laboral forestal

La pandemia tuvo graves consecuencias en el empleo de la mayoría de actividades económicas a escala global. Sin embargo, en Uruguay, la forestación fue una de las pocas excepciones: la ocupación en el sector se mantuvo estable. El estado actual del mercado laboral, su proyección, las características y relación entre demanda y oferta, a continuación.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2020, a raíz de la emergencia sanitaria y la consecuente crisis económica, se perdieron un promedio de 59.000 puestos de trabajo en comparación con 2019. Sin embargo, la ocupación en el sector forestal –también según cifras oficiales– conservó su estabilidad. ¿Por qué esta actividad mantuvo certezas en contextos de incertidumbre laboral? Alfonso Capurro, gerente sénior de la consultora CPA Ferrere, explica que alrededor de la forestación siempre existió la hipótesis de que esta era una cadena estable que sufría poco ante los avatares de los ciclos económicos.

Para el economista, la pandemia permitió demostrar que efectivamente esto es así: “En 2020, el sector continuó relativamente estable en términos de generación de empleo. Los números que tenemos hoy muestran que el sector habría sido como un soporte para el mercado laboral, y creo que es una buena noticia que confirma esa hipótesis de que es un sector estable y, probablemente, por sus características algo más estable que algunas otras actividades agroindustriales que se han ido expandiendo y contrayendo en los últimos años en función del ciclo económico”.

Las características a las que hace mención Capurro están estrechamente ligadas a los ciclos biológicos de largo plazo que maneja la producción forestal. Esto genera que, justamente, las inversiones, proyectos y decisiones vinculadas también deban ser planificados para periodos de tiempo bastante amplios. Asimismo, por el tipo de desarrollos industriales que se han montado a lo largo de los años, el proceso industrial continúa y eso le da cierta estabilidad a la cadena en general. “Estos son activos intangibles a los que, a veces, es difícil ponerles un número o un valor. En esta crisis de Covid, desde el punto de vista económico, las mayores secuelas a nivel mundial estuvieron sobre el empleo. Y en ese marco, la forestación sale bien posicionada”.

NÚMEROS CONCRETOS

Las estimaciones oficiales de la Dirección General Forestal (DGF) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) para 2020 señalan que existen 14.200 puestos de trabajo formales en el sector. En estos cálculos se incluyen únicamente las fases de silvicultura y transformación industrial (no se contemplan otros eslabones de la cadena como el transporte de madera y la fabricación de muebles, por ejemplo).

Sin embargo, en los años recientes se han realizado trabajos que, en detalle, sí encierran estas actividades emparentadas directamente con la forestación. Así, un estudio realizado por CPA Ferrere en 2016 hablaba de 14.389 empleos directos, teniendo en cuenta aquellos vinculados a viveros, silvicultura, cosecha, transporte de madera, transformación industrial y logística de exportación, ya sea con empresas forestales o contratistas de la cadena. El año pasado, por su parte, la consultora Exante presentó otro estudio con cifras de 2019 donde estimaban que eran 18.035 los empleos directos en la forestación.

Según este informe de Exante, de esos más de 18.000 puestos de trabajo asociados al complejo forestal de forma directa, casi un 50% se empleaban en la fase primaria, un 35% en la industria de primera transformación (incluyendo proveedores y contratistas clave) y el 15% restante en actividades de transporte.

Bajo una mirada más amplia, tanto el trabajo realizado por CPA Ferrere (cifras 2016) como el realizado por Exante (cifras 2019) estimaban que, en total, la cadena de valor forestal generaba algo más de 25.000 empleos en todo el país (incluyendo las plazas directas, indirectas e inducidas). Desglosando la data de 2019, el estudio de Exante contaba un poco más de 7.200 empleos indirectos e inducidos que, sumados a los 18.035 directos, daba un total de 25.248 empleos generados.

PASOS FUTUROS

La puesta en marcha de la segunda planta de celulosa de UPM en el país, que empezaría a operar en 2022, tendrá un impacto muy importante en el mercado laboral de Uruguay. “Sin duda el sector forestal es uno sumamente dinámico y que ofrece un horizonte muy prometedor”, explica Federico Muttoni, director de Advice, compañía experta en recursos humanos que ha estado involucrada en los procesos de apertura de las tres plantas de celulosa del país, además de trabajar con diversas empresas de la cadena forestal. Con UPM2 “estamos hablando en el escenario de mínima de 5.000 puestos y en el de máxima quizás de 10.000 puestos entre directos e indirectos asociando todo lo que se está haciendo más allá de la planta, como los trabajos en el puerto y el ferrocarril”, dice Muttoni.

Efectivamente, “si uno descompone esa cifra, hay en el orden de 5.000, 5.500 trabajadores directamente vinculados a la operación de UPM, de Forestal Oriental y de todos sus contratistas”, detalla Capurro. “Además de eso, entre 1.000 y 1.500 trabajadores vinculados a lo que sean proveedores de insumos, como puede ser la industria química, de fertilizantes, productos agrícolas y también la industria de distribución de combustible que tiene que abastecer un consumo importante. Y además de eso, también hay efectos inducidos. Por eso cuando uno suma todo termina con un número de 9.000 a 10.000 trabajadores”.

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“El sector forestal está muy lejos de ser solo el árbol. El árbol es lo que se ve, como la punta del iceberg, pero es una cadena que interactúa entre ella y, además, derrama sobre el resto de la economía”. Alfonso Capurro, CPA Ferrere

Esta enorme demanda laboral no nace de la noche a la mañana y como Muttoni explica, “el Uruguay se ha ido preparando, en general, para darle cobertura”. ¿De qué manera? “En nuestra experiencia con el sector forestal, y en particular con las plantas de celulosa, hemos visto que estas organizaciones grandísimas son sumamente profesionales en su planificación, entonces tienen muy claro cuál es el objetivo y trabajan, etapa por etapa, para llegar en tiempo y forma con la gente”.

El director de Advice comenta, por ejemplo, que, aunque la planta continúa en la fase de construcción, UPM ya transita la segunda ronda de selección de técnicos. Esto con la intención de contratar anticipadamente al personal y poderlos capacitar en la planta de Fray Bentos. “Son compañías que planifican a tal detalle para que el día que se corta la cinta y se inaugura la planta, todo su personal pueda funcionar al 100% o a niveles muy, muy buenos”.

Asimismo, Muttoni explica que estas empresas llevan a cabo un proceso de formación dual: valoran la formación que sus colaboradores han obtenido a nivel académico por fuera de la compañía y, además, los proveen de una muy fuerte formación ya en el campo de trabajo.

A partir de la Ley Forestal en 1987, el sector empezó a desarrollarse con más fuerza y con él también apareció un requerimiento de formación académica. Es así como hoy existe una maestría en Ingeniería de Celulosa y Papel; aumentaron los ingenieros forestales; las facultades de ingeniería y química sumaron cursos vinculados a la industria forestal; nació la carrera de técnico forestal en la Universidad de la Empresa (UDE); aparecieron carreras relacionadas al rubro en la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU) y Universidad Tecnológica del Uruguay (UTEC); entre muchas otras iniciativas. Por otro lado, los contratistas también comenzaron sus propios programas de formación (para operar maquinaria forestal, manejar transporte de carga, etcétera).

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SALTO DE CALIDAD

Los números no han sido lo único relacionado al mercado laboral que ha evolucionado en el complejo forestal; se ha generado “un salto de calidad en la transformación del trabajo”, dice Muttoni. El director de Advice comenta que tradicionalmente, cuando se establecía una industria en el país, “literalmente había que poner manos a la obra. Cuando vinieron las industrias de celulosa no había prácticamente nada manual, los operarios eran técnicos”. Entonces, ya desde el punto de partida, se escaló un nivel en el organigrama.

La atención hacia la seguridad y la salud en el trabajo es algo que también ha cambiado. “Hace décadas este era un sector de hacha y motosierra, con elementos de protección personal poco controlados. Hoy hay toda una norma de seguridad que se aplica al detalle”, señala Muttoni. Las certificaciones y el nivel de productividad que requiere satisfacer esta industria obligan a que las empresas se rijan bajo rigurosos estándares de seguridad.

Otro aspecto que no pasa desapercibido para aquellos vinculados al rubro de la gestión humana es que estos son empleos que, a diferencia de lo que sucede en muchísimas otras actividades, no se ven amenazados por la transformación del trabajo. ¿La razón? Pues porque son industrias que al momento de su instalación lo han hecho con la última tecnología disponible, lo que ocasiona que sus trabajadores estén aggiornados.

PARA TODOS LOS GUSTOS

Al ser una cadena con eslabones tan diversos, el tipo de demanda laboral del sector es muy variado. En una instancia inicial están las personas relacionadas a la fase primaria como los viveros y los bosques. Allí, por ejemplo, es posible encontrar operarios que cuidan los plantines, genetistas que trabajan en laboratorio, personal de raleo en el bosque, operadores de cosechadoras y de maquinaria de carga, supervisores de plantaciones, técnicos prevencionistas, coordinadores de caminería, mecánicos, personal que trabaja en la prevención de incendios forestales.

Luego, en la fase industrial, dependiendo del bien que se produzca, se emplea a ingenieros químicos, industriales, de sistemas, controladores de madera, responsables de encofrado, personal para chipeado, especialistas ambientales, operarios de autoelevadores y fabricantes de mobiliario.

Y pensando en el eslabón logístico se tiene a camioneros, operarios portuarios, controladores de accesos, expertos en comercio exterior, entre otros. Faltaría agregar, también, a personal administrativo, responsables de gestión humana, comunicaciones, responsabilidad social, fomento rural. En general, los mencionados son solo algunos ejemplos de personal empleado en el sector forestal, a cuya lista se suma un enorme etcétera.

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“Los empleos de la industria celulósica, por ejemplo, son empleos que hoy en día no se ven amenazados por la transformación del trabajo porque ya involucran mucha tecnología y hacen que sus trabajadores estén aggiornados”. Federico Muttoni, Advice

FUERZA INTERIOR

El monitor del mercado laboral de Advice, que mide la creación de oportunidades de empleo para Uruguay, es contundente: entre el 72 y 73% de las oportunidades laborales que existen en el país son para Montevideo, mientras que entre el 23 y 25% son para el interior y lo restante para el exterior. En este panorama, la forestación cumple un papel fundamental. “Esta es una cadena que netamente demanda y ofrece trabajo en el interior: la actividad primaria está fuera de Montevideo, los viveros también, las plantas de celulosa, el chipeado, etcétera, todo está en el interior”, dice Muttoni. “En general, además, también apunta mayoritariamente a contratar gente del interior”.

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En la misma línea se expresa Alfonso Capurro. “Al estar muy descentralizado, está generando oportunidades en rincones del país donde los índices de desarrollo humano tienen niveles más bajos y donde hay más necesidades de empleo”. Además, esta característica contribuye a combatir una de las principales tendencias a escala global: el despoblamiento de las áreas rurales. Para Capurro, “el sector ha sido un ancla de oportunidades que ha permitido que más gente permanezca en áreas rurales porque hay oportunidades de trabajo”.

Tanto para Capurro como para Muttoni, esta característica de la cadena forestal también comprende un desafío. Además de las oportunidades laborales, “se debe trabajar en la descentralización pues, al final, es un tema de oferta de bienes públicos: transporte, salud, educación, seguridad. Es tener una visión de cómo queremos que se desarrollen los negocios y el país de forma sostenible”, dice Capurro.

Muttoni explica a su vez que, efectivamente, “al tratarse de un país pequeño y muy centralista, la radicación en el interior en algunos casos aún cuesta. Este es un desafío que resulta increíble porque en otros países trasladarse 300 o 400 km es como ir de acá a la esquina”.

Encontrar suficiente personal capacitado es otro de los grandes desafíos que no solo enfrenta el sector forestal uruguayo sino el mundo laboral en general. Es una carrera que, mayoritariamente, se corre de atrás mientras se trabaja para que la brecha sea lo menor posible y las nuevas necesidades que surgen puedan ser satisfechas. En ese sentido, el sector forestal uruguayo tiene muy bien analizado el panorama.

MUNDO DUAL
A raíz del debate por el proyecto de ley que busca limitar la forestación, que en las últimas semanas giró alrededor de la informalidad del sector en Uruguay, CPA Ferrere realizó una nota técnica para analizar la información disponible al respecto. La Encuesta Continua de Hogares (ECH) de 2019, realizada por el Instituto Nacional de Estadística, arrojó que la informalidad en el sector forestal ascendía al 44%. Sin embargo, al analizar en detalle los microdatos de la ECH es posible identificar que “buena parte de esa informalidad se explica por la actividad de extracción de madera, que tiene una tasa de informalidad de 82%”, detalla el documento de CPA Ferrere. “No olvidemos que en Uruguay seguimos teniendo casi tres millones de metros cúbicos de extracción de leña por año”, añade Alfonso Capurro, de CPA Ferrere. Asimismo, en ese desglose se identificó que la informalidad también es elevada en los trabajadores por cuenta propia y las empresas de menor tamaño (menos de 10 empleados). Por el contrario, en empresas de más de diez trabajadores, solo el 2% de los empleados no realiza aportes a la seguridad social. “Dentro de la forestación existe un mundo dual donde conviven las empresas profesionales de la producción forestal y en el otro extremo un mundo menos profesionalizado que es el de la extracción de leña”, detalla Capurro. “Esta es un área de trabajo para el sector porque, en definitiva, quiere decir que no es un sector homogéneo sino dual”. Así, la necesidad de contextualización de las cifras se hace evidente.

*Por María José Fermi / Producción de trabajadores: Juan Manuel Pozzi

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17 septiembre, 2021