• Miércoles 01 de febrero de 2023

Madera: una nueva construcción

En el imaginario popular uruguayo, construir con madera tiene tanto de romántico como de frágil y precario. Distintos actores –tanto públicos como privados– vinculados a la vivienda, la forestación, la construcción y la academia trabajan para demostrar que estos no son más que mitos infundados. ¿Cuáles son los impulsos más recientes, los principales obstáculos a enfrentar y hacia dónde se apunta?

Al entrar a la sofisticada casa de la arquitecta Carolina Dovat en Montevideo uno no se imagina que esa construcción nació en un bosque. Apa – renta ser una casa común y corriente; de esas hechas con ladrillos, hormigón, hierro… La típica lista de materiales a la que estamos acostumbrados en Uruguay. Sin embargo, no hay nada más alejado de la realidad: el corazón del hogar Dovat es de madera, de abeto italiano para ser más precisos.

Paredes, piso, techo: todo fue elaborado utilizando el sistema constructivo de madera contralaminada. Conocido como CLT por su nombre en inglés (Cross Laminated Timber), este utiliza paneles de madera elaborados con capas de madera maciza aserrada unidos entre sí en forma de cruz con pegamento estructural.

Fotografía: Carly Angenscheidt

“En Uruguay, la construcción con madera está asociada culturalmente a edificaciones de bajo valor. El CLT es un producto de altísimo estándar en cuanto a sus prestaciones y a la capacidad que tiene de diseño, porque es industrializado. El CLT te permite hacer lo que quieras, simplemente que se va a cortar en una fábrica”, explica Dovat. Al desarrollar el proyecto de su casa en 2020, la arquitecta debió traer la madera desde Italia porque en ese momento el sistema CLT aún no se encontraba disponible en Uruguay; hoy ya se está instalando una planta para fabricar este producto en el país.

Pero el CLT es solo uno de los diversos métodos constructivos con madera disponibles en Uruguay (ver recuadro “En el menú”). A mediados de 2021, el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (MVOT) lanzaba un piloto de construcción de viviendas de interés social en Rivera, a través de su brazo ejecutor Mevir, aplicando el sistema de wood framing.

Este método –popular en Canadá y Estados Unidos– “es de entramado ligero, que consiste en hacer bastidores de madera con tablas de dimensiones chicas. Se hacen los marcos y, luego de colocadas las capas para asegurar el desempeño adecuado, se cierran”, detalla Carolina Pérez Gomar, directora de la Oficina de Asesoramiento, Planificación y Desarrollo de la Construcción con Madera del MVOT. El piloto fue exitoso y se amplió a dos proyectos más, uno en Artigas y un segundo en Rivera.

MARCAR EL RUMBO

En mayo de este año se publicó la Hoja de Ruta para la Construcción de Vivienda Social en Madera en Uruguay, un trabajo liderado por el MVOT y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que define el camino a seguir para implementar y desarrollar esta industria, capitalizando los distintos aprendizajes e iniciativas que se han realizado en años recientes.

Juan José Ugarte, miembro de la consultora chilena Tallwood especializada en ingeniería con madera y presidente de la Corporación Chilena de la Madera, fue el consultor a cargo de esta Hoja de Ruta. “Uruguay, en lo referido a la construcción de vivienda social en madera, está tomando una gran oportunidad. Existen dos palancas muy fuertes: por un lado, la mejora en productividad vinculada a costos y velocidad y, por el otro lado, la agenda ambiental”, explica el experto.

Al evaluar el panorama de la industria y el país, Ugarte comenta que “Uruguay ya tiene un sector forestal certificado maduro, y un sector académico y de investigación vibrante que participa de la comunidad internacional. Entonces iniciar una agenda consistente, profunda y de largo alcance es lo que se ha propuesto el Ministerio de Vivienda. El objetivo es pasar de prácticamente el 1% de la vivienda que se construye en madera a un 20% en un plazo de 10 años”. Para Ugarte, teniendo en cuenta la experiencia chilena, esta es una meta ambiciosa pero realizable.

REALIDAD DEL MERCADO

¿Es factible, entonces, pensar en el desarrollo de esta potencial industria en Uruguay? Lo primero sería analizar si existe disponibilidad de madera para este uso. Nicolás López, gerente comercial de Urufor, confirma que sí.

En 2022 en Uruguay se cosecharán alrededor de 17 millones de m3 de madera, estima López. Al desglosar esa cifra de forma aproximada, a exportación directa van 850 mil m3 de chips con destino celulosa y 2,25 millones de m3 en forma de rolos (mayoritariamente pinos). “La madera que se exporta en rolos es menos del 15% de lo que se cosecha”, puntualiza López.

EN EL MENÚ
El MVOT trabajó en los últimos años en incorporar metodologías de construcción con madera dentro de los instrumentos conocidos como Documento de Aptitud Técnica (DAT) y Certificado de Incorporación al Registro de Sistemas Constructivos No Tradicionales con Declaración Jurada (CIR). “Esta es una forma de ampliar la cartera de sistemas constructivos con los que el Ministerio puede construir”, sostiene Carolina Pérez Gomar, del MVOT. Las metodologías para construir con madera disponibles en Uruguay son de entramado ligero (wood frame) y, en el rubro de madera masiva, el sistema de madera contralaminada (CLT) y el de bloques en – castrados. Este último es el único que aún no está dentro del CIR.

En el consumo interno, se destinan 2,5 millones de m3 del total a leña y energía, y 9,5 millones de m3 a alimentar las dos plantas de celulosa existentes en el país.

Finalmente, y donde ponemos el foco es en los 2 millones de m3 de trozas que se procesan con destino a la madera sólida: 1,35 millones de m3 en aserraderos y 650 mil m3 en plantas de tableros. El 90% de la producción se exporta. El 10% aproximado que se comercializa en el mercado local atiende distintos segmentos, como: madera para pallets y embalajes, cajones de fruta, apicultura, encofrado, muebles, cielorrasos, pisos, puertas. “Y una muy pequeña proporción a la construcción de la vivienda de madera y su estructura”, dice López.

En Uruguay, más allá de la futura planta para CLT ya mencionada, para el sistema de wood framing se producen dimisiones o escuadrías de madera aserrada, tanto en pino como en eucalipto, y tableros tipo plywood. López sostiene que la fabricación de estos productos “puede aumentar fácilmente si aumenta la demanda. De todas formas, creo que la mayor parte de lo que se produzca en el país se va a seguir exportando”.

EFICIENCIA POTENCIADA

“Esta casa se instaló completamente en dos semanas”, dice Carolina Dovat. Y uno podría pensar que parece milagroso: de una platea de hormigón para la cimentación a la estructura de la casa en pie en solo 14 días.

Fuente: Mevir

Comparándola con la construcción tradicional, la experiencia del MVOT también fue exitosa en ese sentido. “En el proyecto piloto de Mevir en Rivera, la reducción de los plazos de obra fue de alrededor del 50%”, dice Carolina Pérez Gomar.

¿Por qué bajan sensiblemente los plazos constructivos? Por un lado, porque se evita el tiempo que lleva el proceso de secado del hormigón; y por otro, porque en los sistemas de construcción en madera buena parte de los procesos se ejecutan en un taller o una fábrica y no in situ. “Se tiene una parte de la casa que se está fabricando fuera del predio en taller y, mientras tanto, en el terreno se va trabajando en otras tareas”, explica Pérez Gomar.

Para ejemplificar ambas ventajas, basta la escalera de la casa de Dovat: “Una de las cosas más impactantes fue cuando colocaron la escalera de madera, que viene toda armada. Construir una escalera de manera tradicional, con hormigón y ticholo, habría llevado dos semanas fácilmente; acá en 14 minutos estaba puesta”.

Al bajar los tiempos, bajan los costos; aunque no es una ecuación lineal. Por ejemplo, en el caso de la vivienda de Dovat, debido al tipo de terminaciones elegidas, el costo de construcción fue el mismo que si se hubiera seguido un sistema tradicional.

Sin embargo, en una situación estandarizada se ve la diferencia. Pérez Gomar dice que “todos los sistemas [constructivos] aprobados por el ministerio cumplen con los mismos estándares de habitabilidad y confort. Se evalúan la seguridad estructural, la seguridad frente al fuego, el comportamiento higrotérmico y acústico, la durabilidad y los costos. Después, si se les quiere dar un plus será en relación con temas estéticos o de terminaciones, pero la calidad se mantiene”.

Pérez Gomar aclara que se toma como referencia una tipología de vivienda de 50 m2 para que se puedan contrastar los métodos constructivos en igualdad de condiciones. La jerarca es contundente: “Los sistemas avalados por el CIR [Certificado de Incorporación al Registro] o DAT [Documento de Aptitud Técnica], ambos aplicables para sistemas constructivos no tradicionales, tienen un costo menor que los sistemas tradicionales en el entorno de un 30%”.

RECALCULAR LOS APORTES

En la estandarización, hay aspectos en los que se deben contemplar las singularidades. Por ejemplo, el cálculo de aportes al Banco de Previsión Social (BPS) de mano de obra. Es que, en los sistemas de construcción en madera, por todo lo que venimos señalando, se necesitan muchas menos horas de trabajo, lo que redunda en una reducción de aportes. “El ministerio está trabajando con BPS justamente para diferenciar los aportes de leyes sociales de obras de sistemas tradicionales y no tradicionales”, comenta Pérez Gomar, y explica: “BPS maneja una tabla de jornales por metro cuadrado diferenciado por sistema no tradicional. Cada vez que se aprueba un CIR en el MVOT se comunica a BPS y ellos elaboran dicha tabla. Hoy en día este mecanismo está operativo, y una obra con determinado SCNT [Sistema Constructivo No Tradicional] con CIR aporta por lo que corresponde a esa tecnología”.

Asimismo, la Arq. Pérez Gomar comenta sobre otra salvedad que también debe ser tomada en cuenta. “Además, si parte [del proceso constructivo] se hace en taller o en fábrica, hay aportes que no son por mano de obra de construcción, sino que son por Industria y Comercio”.

MÁS AJUSTES

Todas las fuentes consultadas para este artículo estuvieron de acuerdo en que la principal barrera para potenciar la construcción en madera es normativa.

Actualmente, la Ley de Propiedad Horizontal otorga a las intendencias la potestad para determinar cuáles son las exigencias requeridas para las paredes divisorias (en el caso de unidades horizontales) y los entrepisos (en el caso de unidades verticales). Esto significa que es posible tener 19 requerimientos diferentes, dependiendo del departamento donde se vaya a edificar. “En la gran mayoría, para edificios colectivos (en régimen de propiedad horizontal) solo se pueden hacer divisorias o entrepisos con materiales incombustibles. El acero es un material incombustible, por ejemplo, pero frente al fuego se comporta mucho peor que la madera, si esta está bien calculada. Entonces es un preconcepto que tampoco está asociado a una seguridad estructural en caso de incendio”, detalla Pérez Gomar.

El MVOT ya está trabajando en reuniones semanales con el Congreso de Intendentes y en paralelo con la Dirección Nacional de Bomberos (DNB) para la creación de un decreto de Normativa Nacional de Fuego. Se trata de “generar las condiciones técnicas para habilitar la construcción en madera como una construcción totalmente segura frente al ataque de incendio”, señala Juan José Ugarte.

Pérez Gomar explica que “el Ministerio de Vivienda está trabajando en conjunto con las intendencias y DNB para derivar todas las disposiciones reglamentarias referidas a combustibilidad y fuego a Bomberos; y, a su vez, en DNB se está desarrollando una normativa específica para dar respaldo y garantizar a las intendencias que el tema de incendio está cubierto”. Según la proyección de la hoja de ruta, en dos años ya deberían estar listas tanto la aprobación de la Normativa Nacional de Fuego como la actualización de la Ley de Propiedad Horizontal.

BARRERAS INVISIBLES

Es indiscutible que en Uruguay impera la construcción tradicional. Ugarte estima que en el país no más del 1% de las viviendas están hechas con madera. En su enorme mayoría estas edificaciones son de poca calidad, lo que contribuye a la estigmatización.

“El prejuicio se basa en el imaginario social donde las construcciones en madera son precarias o de mala calidad: la cabañita que cruje, con malas prestaciones de confort. Pero, en realidad, eso es un mal construir con madera. El buen construir con madera logra estándaresde calidad excelentes. En los países más desarrollados se está construyendo con madera por decisión. No es una necesidad por abaratar, es una decisión que va con el compromiso medioambiental y también con el de llegar a productos de primer nivel”, afirma Pérez Gomar.

En ese sentido, la experiencia y el ir, poco a poco, entregando obras de calidad será lo que promueva un cambio cultural para desestigmatizar la construcción con madera, como pasó en Chile, comenta Ugarte (ver recuadro “Ver para creer”).

Hay otro aspecto a tener en cuenta, uno cultural. “El ser humano siempre construyó con los materiales que tenía a su alcance. Por eso los pueblos nórdicos fueron empleando productos forestales desde mucho tiempo atrás”, dice Nicolás López, gerente comercial de Urufor. “La población uruguaya desciende principalmente de la Europa mediterránea, donde la construcción es mayoritariamente con ladrillos y piedra. De ahí que el uruguayo se sienta más cómodo con el uso de los materiales que conocemos hace muchos años”.

Justamente, Ugarte comenta que, en países nórdicos forestales como Finlandia y Canadá, el 85% de la vivienda es construida en madera. En este último país, por ejemplo, hay edificios de viviendas de 18 pisos de altura hechos en madera (y que fueron levantados en nueve semanas y media). “Hoy en día, Manhattan tiene aprobada la normativa para construir en CLT en una altura de más de 12 pisos. Esto es nuevo acá, pero en el mundo no”, comenta por su parte Dovat.

CAMBIO DE CABEZA

Donde también debe haber un cambio de mentalidad es en el rubro del diseño y construcción. Así lo comentan tanto Dovat como Pérez Gomar. “Una vez terminado el proyecto [no la obra] no se puede cambiar nada, y eso es una barrera psicológica para cualquiera que encare una construcción como lo hacíamos hasta ahora. Era muy común decir ‘qué te parece si agrandamos un poquito más la ventana, si corremos esto para acá’”, explica Dovat. “Eso se acabó, para esta casa los muros vinieron ya cortados con los agujeros para las ventanas, se pusieron con la grúa y eso no se mueve. Se trata de ir concibiendo la construcción desde otro lugar, porque se acerca mucho más a un ensamblaje”.

Si bien esto puede insumir más tiempo en el diseño y la proyección, “al fabricar piezas en un taller el margen de error es mucho menor, porque se trabaja al milímetro”, dice Pérez Gomar.

En este sentido, con la colaboración de instituciones académicas y de investigación –LATU, Latitud, UdelaR, ORT, Inefop, UTU–, la Hoja de Ruta para la Construcción de Vivienda Social en Madera en Uruguay plantea como objetivos la creación de programas profesionales y de capacitación, y la publicación de guías técnicas de diseño y uso de edificaciones en madera.

Desarrollar la construcción con madera en Uruguay es, sin duda, un camino largo por recorrer. Los primeros pasos, sin embargo, ya se vienen dando.

IMPULSO INSTITUCIONAL
En la Ley de Presupuesto 2020-2024 se creó la Comisión Honoraria de la Madera (CHM) con el objetivo de fomentar el uso de la madera de origen nacional en la construcción, carpintería de obra y mueblería, y promover el manejo sostenible de los bosques. Con representantes del MGAP, MIEM, MVOT, MA, Congreso de Intendentes, LATU, UdelaR y universidades privadas, la CHM sesiona desde diciembre de 2020 y es presidida por la Dirección General Forestal.

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Miércoles 01 de febrero de 2023