• Domingo 20 de octubre de 2019

Incendios forestales, la lucha de cada día

Por María José Fermi

Cortesía: SPF

Tras una temporada lluviosa e inusual, ponemos foco sobre el trabajo de prevención y combate de incendios forestales en el país. ¿En qué está el Plan de Protección de la SPF? ¿Cómo se sitúa Uruguay versus otros países de la región y cuánto podría afectar en el futuro el cambio climático en esta materia?

El ruido ensordecedor del helicóptero inunda la Base Alfa del Plan de Protección contra Incendios Forestales. En el predio sobre la Ruta 8, muy cerca de la ciudad de José Pedro Varela, se realiza un simulacro de extinción de incendio forestal. En el aire Robert Barrios, piloto y exmiembro de la Fuerza Aérea Uruguaya, ensaya una arriesgada maniobra de toma de agua con un helibalde en un pozo cercano. Luego, 950 litros de líquido caen desde el aire sobre el “fuego” siguiendo las indicaciones de Wilman Da Rosa, jefe de la brigada antiincendios de la base que –junto a ocho brigadistas forestales– desembarcaron momentos antes a unos metros del “incendio”.

Aunque no hay ninguna llamarada a la vista y la única fuente de calor es el sol que quema nuestras cabezas, el riesgo de la labor y su vital importancia es intuido por todos aquellos que somos testigos del trabajo. La voracidad de un incendio forestal no es cosa de juegos, ni siquiera en un simulacro. Esta conciencia es la que impulsa, año a año, el Plan de Protección contra Incendios Forestales de la Sociedad de Productores Forestales (SPF).

BOSQUE PROTEGIDO

“Este es un sistema con alcance nacional que se sostiene sobre tres grupos según su ubicación geográfica, pero que tienen una base técnica y un plan técnico único con recursos que se contratan de forma conjunta”, explica Rafael Sosa, coordinador del plan contra incendios de la SPF. En total son 110 empresas las que participan del sistema y lo costean según la cantidad de hectáreas que tengan protegidas.

Existen tres bases asiento de las brigadas helitransportadas: Alfa en Lavalleja, Bravo en Tacuarembó y Charlie en Andresito

Durante la temporada de mayor riesgo (de diciembre a marzo), el sistema activa un programa de detección, coordinación de despachos y combate en predios forestales. Para llevar a cabo esta tarea se cuenta con seis aviones que sobrevuelan las plantaciones por rutas preestablecidas hasta tres veces por día, según el índice de riesgo diario. De ser detectado algún foco, se tienen tres helicópteros adaptados para el combate y tres dotaciones de brigadistas forestales.

“Entendemos que el sistema ha sido efectivo. En promedio, en las cuatro temporadas pasadas, hemos tenido 1.200 focos detectados de los cuales combatimos unos 60 o 70 con la brigada helitransportada”, explica Sosa. Asimismo, muchos de los focos detectados por el sistema, tras ser comunicados, son combatidos por las propias empresas que cuentan con recursos en sus plantaciones o, en todo caso, por la Dirección Nacional de Bomberos. Asimismo, en la zona norte del país (Tacuarembó y Rivera) funciona un sistema de detección mediante torres georreferenciadas que está activo todo el año.

PUNTO DE PARTIDA

Pero el Plan de Protección no nació de la noche a la mañana. Originalmente, cada empresa debía tener ciertos recursos para proteger sus patrimonios por ley y trabajaba de forma independiente, aunque los incendios no conocían de marcas ni logos. Así lo explica Miguel Olmos, responsable de Prevención de Incendios de Cofusa y coordinador del Grupo Forestal del Norte: “Comenzamos a tener vínculos entre las empresas porque el fuego no respeta ningún alambre que separa un predio de otro y los riesgos eran los mismos para todos”.

“Más del 90% de las empresas forestales del país están en el plan poniendo su dinero, su esfuerzo y el de sus técnicos para que se arme este sistema que busca proteger las plantaciones”. Rafael Sosa, SPF

Las asociaciones regionales en el Norte y el Sureste iniciaron trabajos conjuntos y compras coordinadas de recursos. Ya para el año 2014 se pasó a tener un plan a nivel nacional y coordinado por la SPF. Hoy el 90% de las áreas forestales productivas del país están cubiertas dentro del programa.

EN REGLA

Algo es innegable: la regulación que impulsó el desarrollo del sector con la Ley Forestal en 1987 le dio una gran ventaja en la carrera contra el fuego. “Ayudó muchísimo que el sector naciera muy regulado”, dice Sosa. “Cada empresa forestal está obligada a mantener el perímetro de sus predios limpios, además hay todo un diseño de las plantaciones que está regulado por la Ley Forestal que no permite áreas mayores a 50 hectáreas de material continuo”. A esto se le suman los requisitos de cortafuegos, caminería, cursos de agua y otras medidas de prevención activa.

“Mucha gente que viene de afuera nos dice que nuestros predios parecen parques, porque controlamos el perímetro, pasamos una rotativa y mantenemos ese pasto bajo en unos 10 o 15 cm todo el año”, explica Olmos. “Dentro de lo posible vemos que esté verde, y si viene una sequía y se empieza a secar pasamos una excéntrica, dejamos suelo mineral. Tenemos un montón de métodos que ayudan a proteger el monte”.

“En los bosques productivos existen retiros, cortafuegos y otros elementos de seguridad que no permiten la continuidad del fuego. Se puede generar un incendio, pero va a poder ser contenido. Esa es la diferencia versus el monte indígena e incluso el agro, donde sí hay continuidad de plantaciones”. Leandro Palomeque, director nacional de Bomberos

Justamente que los bosques productivos estén agrupados en masas chicas (no más de 50 hectáreas) nos da una ventaja frente a otras realidades de la región que tienen áreas mucho más grandes de vegetación, ya sea productiva o de bosque nativo. Adicionalmente, los sistemas de protección se manejan de forma diferente. En Chile, por ejemplo, operan dos sistemas de forma paralela: uno donde las grandes empresas forestales protegen cada una con recursos propios sus bosques y otro donde el Estado toma acción mediante la Corporación Nacional Forestal para resguardar áreas protegidas, terrenos rurales medianos y pequeños, y las áreas de interfaz urbano forestal. De la misma forma, “en países como Brasil y Argentina el trabajo es exclusivamente público, pero cada empresa igual tiene su plan de protección. La ventaja que tenemos nosotros es que somos más de 110 empresas que trabajan codo a codo en un sistema único en conjunto. Esa es nuestra fortaleza”, señala Sosa.

PREVENCIÓN EN LAS AULAS

Aunque el programa uruguayo es cada vez más sólido, para Sosa los desafíos futuros se enfocan sobre todo en el ámbito de la detección y la concientización de la población. “Creemos que la detección es donde tenemos todavía mucho por avanzar; cuanto antes detectemos un foco es mucho mejor y podemos ganar en cuanto a la eficiencia del sistema”, explica. “Lo otro es hacer más consciencia en la gente. El 90% de los focos que detectamos y combatimos vienen desde fuera de los bosques y están generados por el factor humano”.

Miguel Olmos lo sabe bien. En el Grupo Forestal del Norte existe un amplio trabajo en educación forestal desde hace más de una década con niños, adolescentes y adultos. Al principio cada empresa tenía gente que iba a las escuelas de forma independiente. “De pronto llegabas a una escuela rural a dar una charla y dos días antes había venido otra empresa”, cuenta el forestal. Entendieron, entonces, la necesidad de agruparse y trabajar en prevención de forma conjunta. Aunque arrancaron con escuelas, el programa fue creciendo e incluye trabajo en centros preescolares, liceos, escuelas agrarias y facultades.

“Empezamos creyendo que la educación en prevención era el camino y seguimos convencidos. Este es un trabajo de hormiga”. Miguel Olmos, Grupo Forestal del Norte

“Trabajamos con niños a partir de los 4 años y muchas personas dirán ‘¿qué va a entender un niño de esa edad sobre incendios forestales?’, pero vamos adaptando el discurso. Explicás que si hay un incendio no vayan hacia ese lugar, que corran hacia un espacio seguro donde haya un adulto y mucho más”, detalla Olmos. “Empezamos creyendo que este era el camino y seguimos convencidos. Este es un trabajo de hormiga y de larga duración”.

Adicionalmente, desde la SPF y algunos grupos regionales se lanzan campañas de difusión en radio que buscan informar a la población y dar a conocer los teléfonos de emergencia. “Al 098 BOSQUE (267783) se puede reportar cualquier foco y la ubicación por WhatsApp para gestionar la respuesta que sea necesaria”, dice Sosa.

NADA COMO ESTAR EN CASA

La madre naturaleza también parece haberle dado una mano al Uruguay en lo que a combate de incendios forestales se refiere. Así lo confirma el director nacional de Bomberos, Leandro Palomeque: “Si debo elegir un lugar para combatir incendios, ese es Uruguay. Estamos en uno de los mejores escenarios para minimizar los riesgos de incendios”. Los tres factores fundamentales que determinan el riesgo de generación de fuegos y su propagación son la topografía, el clima y el combustible (conocidos como La Gran Triada). En el Uruguay ninguno de estos elementos presenta características alarmantes. “Prácticamente somos una planicie, no tenemos elevaciones. Nuestro punto más alto tiene 514 metros, a diferencia de Chile o Argentina que tienen zonas amplias de elevaciones de 2.000 metros con mucha vegetación ininterrumpida. Nosotros desde el punto de vista topográfico estamos seguros”, señala Palomeque. En el caso del clima, si bien las altas temperaturas conllevan que la humedad en el índice de vegetación disminuya y seamos más vulnerables a la rápida ignición y propagación del fuego, no se trata de un factor excesivamente desequilibrante.

“Nosotros podemos tener el incendio, pero la propagación no será rápida, primero por la topografía y en segundo lugar por las condiciones meteorológicas reinantes”. Los incendios generan microclimas y estos, al darse en la altura de las montañas, aumentan la velocidad de los vientos, los hacen variables y generan un desbalance que compromete el trabajo de combate, pero acá esto no sucede. En cuanto al material vegetal, el director de Bomberos detalla que “si bien hay una continuidad de vegetación natural de muchos kilómetros sobre todo en la zona costera hacia el Este, como Esmeralda y Santa Teresa, hemos trabajado en la construcción de cortafuegos”. En el caso del área productiva forestal sí hay una mayor continuidad de material combustible, pero está sectorizada. “Existen retiros, cortafuegos y otros elementos de seguridad que no permiten la continuidad del fuego. Se puede generar un incendio, pero va a poder ser contenido. Esa es la diferencia versus el monte indígena e incluso el agro, donde sí hay continuidad de plantaciones”.

Fotografía: María José Fermi

CAMBIO A LA VISTA

Sin embargo, no todo es color de rosa en las planicies uruguayas. Hay un enemigo que acecha a todos por igual sin diferenciar si eres un eucalipto plantado en Uruguay o en Estados Unidos: el cambio climático. En noviembre de 2018 se publicó en Estados Unidos la Cuarta Evaluación Nacional del Clima (una serie de resúmenes federales de datos del cambio climático) que explicaba la relación entre el aumento de incendios forestales en ese país y el cambio climático.

“Desestimar el papel del cambio climático en estos incendios es simplemente incorrecto”, le dijo Michael F. Wehner, científico y autor principal del informe, al New York Times (1). El experto señaló que el aumento de temperaturas provocó olas de calor más intensas, así como sequías severas que influyeron en sumar mayor combustible vegetal seco y hacerlo más susceptible al fuego. Estas condiciones han generado que las temporadas de incendios en Estados Unidos empiecen antes, duren más tiempo y afecten áreas más grandes. El reporte explica, además, que la continua emisión de gases de efecto invernadero en el mundo provocará que los incendios forestales sean más frecuentes.

En un informe de la BBC (2), también publicado en noviembre de 2018, se detalló que la duración de las temporadas de incendios forestales a escala global se incrementó casi en 19% entre 1978 y 2013. El cambio climático “sí influye en factores que contribuyen a la generación y propagación de los incendios como grandes sequías, temperaturas altas, baja humedad y vientos fuertes. Como resultado, científicos dicen que el incremento de incendios forestales alrededor del mundo, desde Siberia hasta Portugal, está vinculado al cambio climático”, se lee en el informe.

EN PRIMERA PERSONA

Aquí en Uruguay lo que dicen los estudios se materializa año a año frente a los ojos de quienes trabajan con la naturaleza. “Hay una realidad cambiante desde, más o menos, 2004 en adelante” dice el director de Bomberos mientras recuerda aquellos fuertes vientos que golpearon Montevideo en 2005, y los eventos de Dolores y Tres Islas. Para el comisario mayor estas son alteraciones climatológicas que vienen sucediendo de forma recurrente en todo el país. “Esto genera una alteración del ‘orden’ que existe en las masas de combustible vegetal que tenemos porque los vientos fuertes ocasionan la caída de árboles. Esto resulta en pérdida de cortafuegos y afecta el trabajo de prevención realizado”. Entonces, la posibilidad de que se genere y propague un incendio forestal es mayor.

Asimismo, con las turbonadas y tornados el material combustible que está en las copas de los árboles cae al suelo y suma al llamado sotobosque (la vegetación formada por arbustos o mata que crece bajo los árboles). “Este aumento del colchón combustible incrementa el riesgo de incendios forestales. Para nosotros al inmediato y corto plazo es evidente que nos afecta el cambio climático”, sostiene Palomeque. El reloj avanza y la incertidumbre también.

EL PLAN CONTRA INCENDIOS DE LA SPF EN CIFRAS
– 1.200.000 hectáreas de bosques plantados están cubiertas por el sistema.
– 110 empresas están adheridas al plan de la SPF. – 6 aviones sobrevuelan las plantaciones hasta 3 veces por día. – 3 helicópteros adaptados para el combate están al servicio del plan.
– 500.000 km en vuelos de detección se realizan, en promedio, cada verano.
– 1.200 focos de incendio por verano han sido detectados, en promedio, en los últimos cuatro años.
– 15 torres de detección funcionan en Tacuarembó y Rivera los 365 días del año.
– El Plan de Protección contra Incendios Forestales tiene un costo de entre 2,5 y 3 millones de dólares por la temporada de diciembre a marzo.

 

  1. Cfr. www.nytimes.com/2018/08/08/us/california-today-fires-and-climate.html
  2. Cfr. www.bbc.com/future/story/20181113-five-myths-about-wildfires

 

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