• Miércoles 20 de noviembre de 2019

Mirada al Código Nacional de Buenas Prácticas Forestales

Existe en Uruguay un elemento fundamental para el desarrollo sostenible en materia de agricultura; las Buenas Prácticas Agrícolas. Esta herramienta se ha convertido en modelo para el desarrollo de guías de los distintos rubros productivos del país, y tiene a la forestación como pionera. Para profundizar y echar luz sobre esta temática acudimos a los ingenieros agrónomos Ana María Quintillán y Gabriel Caldevilla, miembros de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas en Uruguay. Ambos participaron en la elaboración del Código Nacional de Buenas Prácticas Forestales y en el posterior desarrollo de procesos de certificación en Uruguay.

Las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) pueden definirse como “prácticas socialmente aceptables, económicamente viables y ambientalmente adecuadas, que posibilitan la utilización sostenible de los recursos naturales”, tal como indica la ingeniera agrónoma Ana María Quintillán. Se puede afirmar que las BPA buscan un equilibrio, un punto de encuentro de los aspectos sociales, económicos y ecológicos involucrados en la producción.

Las BPA implican un compromiso a la hora de producir. Son prácticas que favorecen el presente y generan garantías para el futuro. Sus beneficios repercuten directamente en los productores, los consumidores, la naturaleza y en los trabajadores rurales.

El ingeniero agrónomo Gabriel Caldevilla manifiesta que “en la medida que las BPA posibilitan el desarrollo sostenible, entendiendo por tal aquel destinado a satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de futuras generaciones para satisfacer las propias, los beneficios alcanzan a la sociedad en su conjunto, a la vez que posibilitan la conservación de la naturaleza”.

Los beneficios de las BPA se ven reflejados en productores, consumidores, en la naturaleza y los trabajadores rurales

Ahondando en los beneficios que genera la adopción de Buenas Prácticas Agrícolas, Caldevilla da cuenta de cómo estas “facilitan los procesos de elaboración de normas y estándares de calidad, y, por ende, la certificación de los productos”. Con el modelo agroexportador que rige en Uruguay desde sus inicios, y considerando la exigencia de los mercados internacionales, las BPA se vuelven imprescindibles para acceder a estos mercados y poder mantenerlos.

Fotografía: Pablo La Rosa

EL SECTOR FORESTAL A LA VANGUARDIA

A lo largo del tiempo, la producción forestal nacional ha comenzado a interactuar con otros rubros productivos. Esto, que significó un agregado nuevo y desconocido para la agricultura, trajo consigo la necesidad de contemplar la integración ambiental de diferentes predios y rubros de producción. De este modo, asegurar y promover el desarrollo de prácticas sostenibles pasó de ser un ideal a una necesidad. Como respuesta a esta nueva realidad cargada de desafíos, en 2004 surgió el primer Código Nacional de Buenas Prácticas Forestales, que hoy continúa siendo una referencia de gran utilidad para todo el sector agrícola.

El Código Nacional de Buenas Prácticas Forestales establece “un conjunto ordenado de prescripciones, procedimientos, conceptos, estilos y guías de trabajo estandarizados aplicables al recurso forestal y sus variables asociadas, las que en carácter de recomendaciones u obligatoriedad procurarán que este sea gestionado sobre bases sustentables mínimas”. Su ámbito de aplicación son los bosques plantados en Uruguay.

En 2004 surgió el primer Código Nacional de Buenas Prácticas Forestales, siendo el primer rubro productivo en contar con un código a nivel nacional

El sector forestal se destaca por haber sido el primero en desarrollar un código a escala nacional, que además logró un alto nivel de adhesión en sus productores. Por este motivo, otros rubros productivos del país lo han tomado como modelo para elaborar sus propias guías de BPA. Luego de la creación del código, fueron elaborando sus respectivas guías de BPA: la producción de carne natural, el cultivo de arroz, la agricultura de secano, la producción de frutas y hortalizas frescas y la producción apícola.

LAS CLAVES DEL CÓDIGO

El código consta de nueve capítulos en los que se explicitan acciones y se establecen recomendaciones para los actores del sector. De esta manera, el contenido del Código de Buenas Prácticas Forestales se suma a aquellas ya establecidas legalmente para alcanzar un manejo forestal sustentable. Así, queda incluida la planificación, la silvicultura, la cosecha forestal, los caminos, canteras y canchas de acopio, los incendios forestales y manejo del fuego, la gestión de productos químicos, la gestión de residuos, la conservación de recursos naturales y aspectos sociales y culturales.

Este código se originó enmarcado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992, la Agenda 21 y los Principios Forestales emanados de esta, así como el Foro de Bosques de las Naciones
Unidas, en el que se destacó la importancia del manejo sostenible de los bosques, con el fin de cubrir las necesidades de las generaciones presentes y futuras.

Para la creación de este código, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) conformó un grupo de trabajo integrado por: la Dirección General Forestal (DGF) del MGAP; la Inspección General del Trabajo y Seguridad Social (IGTSS) del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS); la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (Mvotma); el Programa Forestal Nacional del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA); el Departamento Forestal de la Facultad de Agronomía de la UdelaR; la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Uruguay; la Asociación de Empresas Contratistas Forestales del Uruguay (Asecfur) y la Sociedad de Productores Forestales (SPF).

“Más allá de los beneficios de índole económica, social y ambiental que se logran con la aplicación de buenas prácticas, el mayor beneficio es que se está actuando con ética en la medida que se hacen las cosas bien”. Ing. Agr. Gabriel Caldevilla

Quintillán puntualiza que la necesidad de un código “surge por el acelerado incremento de las plantaciones forestales en nuestro país, el cual fue impulsado por una normativa que procuraba el desarrollo del sector forestal en forma sostenible, contemplando aspectos económicos, ecológicos y sociales”.

Asimismo, en 2003 comenzaban a existir etiquetados de productos forestales y algunos procesos de certificación, lo que “demandaba la elaboración de un Código Nacional de Buenas Prácticas Forestales aplicable a los bosques plantados, para quienes procuraran la certificación de sus plantaciones forestales a efectos de cumplir con las exigencias del mercado internacional”, agrega Quintillán.

NO OBLIGATORIO, PERO FUNDAMENTAL

A la hora de la producción la implementación del código no es obligatoria, pero como se refirió anteriormente, la exigencia de los mercados lo requiere. Quintillán enfatiza en relación a esto que, “si bien la aplicación del código no es obligatoria, la certificación es una condición sine qua non para la exportación de productos con destino a los más importantes centros de consumo del mercado internacional”. De este modo, a pesar de no ser obligatorio, se tornó fundamental para poder acceder a la certificación de la producción.

Más del 95% de la superficie de las plantaciones forestales comerciales del país está certificada, lo que evidencia la alta tasa de aplicación de buenas prácticas forestales. “El cumplimiento de lo pautado por el código no supone la certificación de por sí, pero la facilita, dado que la implementación documentada de buenas prácticas es un requisito fundamental para lograr la certificación de la producción”, consigna Quintillán.

“Más allá de los beneficios de índole económica, social y ambiental que se logran con la aplicación de buenas prácticas, el mayor beneficio es que se está actuando con ética en la medida que se hacen las cosas bien”. Ing. Agr. Gabriel Caldevilla

Las certificaciones de la producción pueden ser otorgadas por distintas empresas certificadoras que operan en el país, mediante la realización de auditorías que verifican la implementación y documentación de los procesos en cuestión.

Quintillán destaca que el código “ha sido sumamente importante, porque más allá de facilitar la implementación de buenas prácticas en la producción forestal, este código constituyó efectivamente una plataforma para el desarrollo de los procesos de certificación forestal en nuestro país. En estos últimos, se ha contado con una activa participación de representantes de diversas instituciones vinculadas al sector forestal, entre las cuales es oportuno mencionar a la SPF”.

Por su parte, Caldevilla se centra en el valor agregado que se obtiene con la aplicación de buenas prácticas y mantiene que “más allá de los beneficios de índole económica, social y ambiental, el mayor beneficio es que se está actuando con ética en la medida que se hacen las cosas bien”.

ACTUALIZACIÓN DEL CÓDIGO

Ambos especialistas aseguran que, luego de 14 años, es necesaria la actualización del código. Quintillán explica que “es un requisito estipulado en la introducción del propio código, donde se expresa que la producción forestal constituye un proceso dinámico, y que los avances en la investigación, las experiencias de campo y las nuevas tecnologías, requieren de una mejora continua en las buenas prácticas forestales”. La ingeniera agrónoma dice que, en función de lo estipulado por el código y de los lineamientos internacionales, “corresponde su actualización, independientemente del hecho de que más del 95% de la superficie de plantaciones forestales hoy se encuentre dentro del marco de sistemas de certificación”.

Caldevilla opina que, además de la actualización, es necesario también incorporar al código el manejo del bosque nativo: “Venimos proponiendo, desde hace un tiempo, la elaboración de una Guía de Buenas Prácticas Forestales para el Bosque Nativo que contenga un conjunto ordenado de procedimientos, conceptos y guías de trabajo estandarizados para gestionar la conservación y la producción de estos bosques”

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15 septiembre, 2019