• Jueves 20 de septiembre de 2018

Invertir desde la raíz y con tiempo

Por Mauricio Erramuspe

Presentes en Uruguay desde la década de 1960, los fondos de inversión forestal hoy alcanzan casi 220.000 hectáreas de plantaciones. Un 91% cubiertas con inversión extranjera. Su origen previsional o en fundaciones les permiten esperar el crecimiento de los bosques y esto constituye una oportunidad para los inversores y para los desarrollos industriales que agreguen valor al sector y al país.

Comprar tierra y bosques para rentabilizar la inversión a partir del crecimiento de los árboles y la generación de madera. Todo esto en un tiempo determinado, que puede ir de los 10 a los 20 años o más.

De esta manera podría definirse de forma resumida el funcionamiento de los distintos fondos de inversión forestal que existen en el mundo y que también operan en Uruguay.

“En todos los casos el principal generador de renta es el crecimiento biológico de los árboles, donde un inversor compra tierras y bosques cuyo crecimiento y producción de madera será base del retorno futuro de la inversión”, explicó Francisco Bonino, director de Agroempresa Forestal, que organiza y administra los fideicomisos financieros forestales Bosques del Uruguay.

Tres tipos de fondos

Si bien aclaró que no conoce de primera mano los diversos fondos, Bonino explicó a grandes rasgos que hay tres tipos diferentes de fuentes de financiamiento para estas inversiones.

Por un lado, están los que operan a través de la denominación inglesa Timberland Investment Management Organizations (TIMO).

Estos fondos invierten en general “con un horizonte de 10 a 15 años y existe un administrador del fondo (TIMO), un grupo de inversores y un operador forestal que cuida las plantaciones”, comenzó Bonino.

Alejados de la volatilidad de los mercados financieros, los fondos de inversión forestal ofrecen mayor seguridad a largo plazo y certificación de producción sustentable.

Un segundo tipo de fondos de inversión forestal es el de los llamados Endowments. Aquí se trata de fundaciones que administran los activos de una organización (como por ejemplo universidades). Estas tienen un socio o un operador forestal en el país donde invierten. Según el representante del Fideicomiso Bosques del Uruguay, en general lo hacen en plazos más largos que los TIMO.

“Por último podría citar la forma en que se ha hecho en Uruguay, donde la estructura predominante son fideicomisos de oferta pública”, dijo Bonino. Son fondos que “cotizan en bolsa de valores y en este caso participan los inversores, un organizador y un fiduciario. Los plazos de estos están en el entorno de 20 años”, agregó.

Entre las empresas que manejan desde el punto de vista financiero los fondos de inversión forestal, hay algunas que se encargan también de la administración y el desarrollo de la producción forestal y otras que delegan la administración del activo a empresas con trayectoria y experiencia en forestación.

Bosques del Uruguay fue el primer fideicomiso en emitir certificados de participación de oferta pública en 2011. En un artículo de El Observador del 1° de agosto de 2011, Bonino decía sobre la singularidad de estos fondos: “Hasta ahora todos los que hubo eran de deuda y acá el inversor se hace propietario del emprendimiento, es como comprar una acción”. A ese respecto, Bonino puntualizó para Forestal que ese inversor tiene los beneficios de participar en el negocio, dejándole la administración y la gestión operativa a la firma administradora. Este tipo de fideicomisos financieros, profundizó el director, “tienen la virtud de tener el rol del fiduciario que, velando por los inversores, administra el dinero y controla al organizador del negocio, generando una estructura muy balanceada”. Agregó que “son regulados por el Banco Central del Uruguay y calificados cada año por una calificadora de riesgo que controla el cumplimiento del plan de negocio y evalúa los principales riesgos. Hay que destacar que, al ser públicos, estos fondos están obligados a difundir trimestralmente información del negocio desde el punto de vista operativo y contable”.

Además de ese primer fideicomiso de 2011, Bosques del Uruguay emitió otro en 2015 y más recientemente, en diciembre de 2016, un tercero, que alcanzó una demanda de 400 millones de dólares, mucho más que la emisión que fue por 190 millones de dólares, lo que demuestra el interés del mercado por este tipo de inversión.

En su globalidad, los proyectos que administra Bosques del Uruguay significan inversiones por 310 millones de dólares, que se han aplicado en campos ubicados en la zona centro y noreste del país, informó Bonino. Las plantaciones tienen el objetivo de producir madera para aserrío y debobinado, principalmente de Eucalyptus grandis, aunque también de Pinus taeda.

“A la fecha los fondos tienen unas 17.000 hectáreas de plantaciones y cuando estén todos los campos comprados esperamos llegar a unas 47.000 hectáreas forestadas”, agregó Bonino.

Más seguridad en el largo plazo

Otro de los actores en los fondos de inversión forestal en Uruguay es la empresa Global Forest Partners, que está en el país desde 1997 e invierte desde entonces en el desarrollo de plantaciones de pino y eucalipto para madera sólida así como en plantaciones pulpables de eucalipto. Alberto Voulminot –quien se desempeña como Portfolio Manager para Colombia, Guatemala y Uruguay de la empresa– destacó el carácter sustentable de las inversiones de este tipo: “Los fondos de inversión forestal les permiten a inversores institucionales, ya sean fondos de pensión privados o públicos, invertir en el sector forestal internacional de manera responsable y sustentable. Dado su perfil de largo plazo, las inversiones forestales tienen un atractivo especial. Generalmente estos fondos invierten en varios países a la vez, buscando diversificar especies forestales, regiones y mercados”.

Voulminot además remarcó que en Uruguay, la mayoría de estas inversiones están certificadas por sistemas internacionales de auditoría tanto en gestión ambiental de los bosques como en las actividades posteriores a la extracción de la madera. Este es otro elemento que aporta certezas respecto al capital invertido y su futuro rendimiento en el plazo previsto.

Miguel Oñate, representante de la empresa chilena Terena, que tiene 20.000 hectáreas plantadas en Uruguay, también se refirió al plazo que permite el negocio forestal como uno de los principales argumentos que definen esa opción de los fondos.

La aplicación define un plazo de ejecución con una rentabilidad esperada. “Culminado ese plazo, dentro del que ocurren muchos negocios, se busca una alternativa. Se vende o se vuelve a fijar otro plazo”, explicó.

“Pocas empresas pueden desarrollar un patrimonio forestal de cero y esperar 20 años. Ahí es donde entra el rol de los fondos de inversión, que pueden esperar”. Alberto Voulminot, Global Forest Partners.

En el mundo hay muchos tipos de fondos de pensión o institucionales y el negocio forestal es una de las opciones que manejan porque tiene buena rentabilidad y es más seguro en el largo plazo. El proceso biológico de los árboles “escapa a los ciclos cortos de la economía”, dijo Oñate. “El árbol sigue creciendo, sigue ganando valor, y la tierra en general no se deprecia. Es una alternativa tentadora para los administradores de fondos”, agregó.

Los especialistas consultados por Forestal coincidieron en que esta es la principal diferencia de las aplicaciones forestales frente a otras disponibles en el campo uruguayo. Además, ese tiempo es el que permite el desarrollo de los bosques que luego pueden aportar materia prima para otras producciones agroindustriales que agreguen valor dentro del país, previo a la exportación.

“En mi opinión las principales diferencias estriban en el perfil de largo plazo de la inversión y en que estos fondos son pioneros en el desarrollo de patrimonios forestales que posteriormente viabilizan la industria forestal. Pocas empresas forestales tradicionales pueden desarrollar un patrimonio forestal de cero y esperar 20 años para tener madera madura para procesar. Ahí es donde entra el rol de los fondos de inversión, que pueden esperar 20 años para que el recur so madure y así se desarrolle la industria”, consideró Voulminot.

Pioneros extrasectoriales

Si bien el auge de los fondos de inversión aplicados en plantaciones forestales se dio en las últimas décadas a partir de la aprobación de la Ley Forestal en 1987, los bosques financiados con capitales de previsiones tienen más larga data. Se trata de las aplicaciones originadas en las cajas paraestatales.

Una de ellas es la Caja Bancaria, que desde la década de 1960 lo utilizó como forma de lograr rendimientos para cumplir con sus obligaciones.

Roberto Bavosi, presidente del Directorio de Forestal Caja Bancaria, dijo que la historia se remonta a 1962 cuando se aprobó una ley que permitió que las cajas paraestatales invirtieran parte de sus excedentes financieros en colocaciones a largo plazo, con fines de incorporar reintegros para el pago de sus obligaciones sociales (básicamente jubilaciones y pensiones).

“Hasta ese momento las colocaciones de excedentes financieros eran en bonos del tesoro y otros instrumentos financieros autorizados por el Estado, pero en ese entonces se abre la posibilidad de invertir en forestación específicamente”, recordó Bavosi a Forestal. “Es así que una colocación en forestación a largo plazo intentaba disminuir el riesgo que tienen las colocaciones netamente financieras y cumplir con las expectativas de la ley aprobada”, agregó.

Forestal Caja Bancaria hoy opera en 18.000 hectáreas en los departamentos de Paysandú (donde comenzó sus actividades) y Durazno. Genera 300 empleos directos e indirectos en plantaciones de eucaliptos y pinos.

“Uruguay ha demostrado ser bastante serio, más allá de algunos cambios que hubo en la aplicación de la Ley Forestal”. Miguel Oñate, Terena.

Por qué Uruguay

Como para la mayoría de las inversiones de largo plazo, la estabilidad y credibilidad que ofrece el país son los principales argumentos para decidir aplicar un fondo en Uruguay.

“Uruguay ofrece estabilidad, credibilidad y transparencia”, destacó Voulminot. Aportando una mirada extranjera, Oñate, chileno, consideró que “Uruguay ha demostrado ser bastante serio, más allá de algunos cambios que hubo en la aplicación de la Ley Forestal. Pero las políticas que tiene son estables y no ofrecen riesgos desde ese tipo de vista para los fondos”.

La chilena Terena está presente en Uruguay desde 2005 y opera en un área de 20.000  hectáreas, 15.000 de ellas forestadas. La especie principal es el pino, casi no trabajan con eucalipto. Oñate dijo que consideran al pino más seguro en el largo plazo, “aunque hoy esté pasando por un problema de mercado”. Eso se da, dijo, porque “no hay muchas alternativas para venderlo en Uruguay y hay que apostar al mercado externo. Es una coyuntura, pero el negocio forestal permite administrarla”, afirmó.

Terena tiene desde bosques de 20 años a plantaciones realizadas el año pasado. Posee montes en edad de ser cosechados pero están esperando mejores oportunidades de mercado, explicó. Respecto a los planes de expansión en el país, Oñate afirmó que por el momento decidieron “permanecer quietos”. “El precio de la tierra estaba demasiado alto y no era momento para crecer”, señaló.

Más allá de las opciones de cada uno de los fondos que operan en el país, Bonino opinó que el sector forestal “tiene mucho lugar para crecer y dentro de él los fondos forestales pueden jugar un rol clave, como ocurre en los países más desarrollados”.

“Creemos que hay un rol especial de los fondos en lo que tiene que ver con la plantación de nuevos bosques, ya que por su plazo, los fondos pueden esperar tiempos de maduración que pueden ser muy largos para privados”, agregó, coincidiendo con Voulminot.

“El sector forestal tiene mucho lugar para crecer y dentro de él los fondos forestales pueden jugar un rol clave, como ocurre en los países más desarrollados”. Francisco Bonino, Agroempresa Forestal.

Por último en este aspecto, consideró que “los fondos pueden ayudar a las empresas a enfocarse en activos industriales y dejar la tenencia del bosque a inversores de más largo plazo, esta es una tendencia mundial que también podría ocurrir en Uruguay”.

Los desafíos

Oñate consideró que Uruguay no tiene restricciones o particularidades que hagan distinto el funcionamiento de los fondos de inversión forestal del que se da en otros países. De hecho, la mayoría de los fondos vienen de afuera y funcionan de la misma manera.

Por ejemplo, destacó que no hay diferencias destacables con su país, Chile, más allá de que allí es más difícil encontrar terrenos disponibles por razones topográficas.

Bonino consideró que el sector forestal de Uruguay “está más avanzado en cuanto a la presencia de fondos forestales, tanto locales como internacionales, y eso es algo bueno a mantener y promover. Entre otras ventajas, la presencia de los fondos permite mantener diversos actores en el sector (desconcentración) que además por sus plazos de inversión siempre se renuevan dando lugar a nuevos inversores”.

Entonces, ¿cuáles son los desafíos para que el sector siga creciendo? Para Bonino estos coinciden con los del conjunto del sector forestal.

“Creo que debemos trabajar para que el común de la gente entienda lo que hacemos, cómo generamos valor, ya que hoy hay ahorros de muchos uruguayos volcados al sector; antes también los había a través de las cajas Bancaria y Profesional, pero ahora ha tomado una dimensión mayor”, consideró.

Se ha destacado la estabilidad y credibilidad como las mejores cartas que tiene el país para presentar e invitar a que lleguen este tipo de inversiones de largo plazo. En tal sentido, se reclama que el Estado adopte las definiciones ambientales que están pendientes para terminar de dar un marco que, si bien no se ve comprometido, sí está cambiando.

“Si miramos lo que depende del Estado, para que este tipo de inversión siga creciendo, es muy importante que se defina el marco regulatorio ambiental. Este está sufriendo cambios muy importantes en estos últimos meses que restringen mucho la posibilidad de forestar campos que hoy se dedican a ganadería y que le aplican a la forestación un marco mucho más exigente que a las demás producciones del agro. Pensamos que los controles ambientales siempre aportan, pero estos cambios deben ser coordinados entre las distintas partes del Estado (Dirección General Forestal, Dirección Nacional de Medio Ambiente, intendencias, etcétera) para que no generen incertidumbre y sean cumplibles”, agregó.

“Uruguay tiene una oportunidad única para establecerse como un jugador de peso ya que el recurso forestal ya maduró y en calidad tiene pocos competidores que lo igualen”. Alberto Voulminot, Global Forest Partners.

Para Voulminot, Uruguay también tiene el desafío de “consolidar el desarrollo industrial por los elevados costos y confiabilidad logística”.

“A diferencia de los demás commodities, el precio de los productos terminados de madera sólida (tableros, madera aserrada clear, etcétera) ha bajado desde la crisis estadounidense del año 2008. Sin embargo, Uruguay tiene una oportunidad única para establecerse como un jugador de peso en el mercado mundial de estos productos, ya que el recurso forestal ya maduró y la calidad del mismo tiene pocos competidores que lo igualen”, explicó.

Según información de la Sociedad de Productores Forestales (SPF), el total de superficie que manejan los fondos forestales en el país es de 218.235 hectáreas. Un 91% de esa superficie corresponde a bosques plantados con financiación de fondos de origen extranjero. El resto responde a aplicaciones nacionales. También según información de la gremial, los distintos fondos que están aplicados en esta actividad y son socios de la SPF son nueve: el Fideicomiso 20806/11, el Fideicomiso 54455/2014, la Caja de Jubilaciones y Pensiones Bancarias, Global Forest Partners, BTG Pactual, GMO Renewable Resources, Fideicomiso Financiero Forestal Montes del Este/ Fideicomiso 20242, Terena S.A. y Forestal Atlántico Sur (FAS). También existen fondos de pensión como la Caja de Profesionales y la Caja Notarial de origen nacional pero que no son socios de la SPF.

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