• Miércoles 28 de octubre de 2020

El sector continúa consolidándose

Por Atilio Ligrone, gte. gral. de la SPF

Recientemente fueron anunciadas la instalación de una tercera planta de producción de celulosa y un nuevo aserradero en Uruguay. Se trata de dos importantes inversiones, cada una dentro de su rubro, que constituyen una excelente noticia para el crecimiento del país en general y para el sector forestal en particular.

Es ya conocida la contribución del sector forestal en nuestra economía. En 2015, un 17% de las exportaciones totales de Uruguay provinieron del sector, que ocupa más de 20 mil empleos directos entre la fase primaria, la industrial, la logística y el transporte, con un importante impacto en el interior del país. Este efecto se genera a partir de una cobertura forestal efectiva –de plantaciones forestales instaladas y manejadas con un claro destino industrial– que ocupa hoy tan solo el 5% del territorio uruguayo.

Otra característica que identifica a los proyectos forestales, tanto en las plantaciones como en la fase industrial, es la innovación e incorporación permanente de tecnología y la preocupación por los temas ambientales y sociales relacionados a ellos, lo que asegura a la población y a los consumidores una producción sostenible.

La participación de la biomasa (cuya casi totalidad proviene del sector forestal) en la matriz energética del país es cada vez más relevante: en el año 2015 representó un 18% del total. Los proyectos anunciados, en particular la planta de celulosa, la incrementarán de modo importante.

Para el sector forestal, la incorporación de los proyectos industriales anunciados es un paso más hacia la consolidación de los objetivos y metas trazados al momento de implementarse la política forestal nacional y los instrumentos para su desarrollo. El aumento de la cobertura forestal del país bajo condiciones preestablecidas claramente debía ser la base de sustentación de un desarrollo industrial competitivo para satisfacer demandas internas y del mercado internacional.

La radicación de estos emprendimientos en el interior del país, y en particular en zonas de menor desarrollo, imprimirán un mayor dinamismo, y generarán numerosas oportunidades de empleo y de puesta en marcha de pequeñas y medianas empresas locales. El desarrollo de las infraestructuras necesarias para viabilizar estas actividades redundará en beneficio de las producciones y de las poblaciones locales, así como de nuevos emprendimientos.

Las industrias demandarán madera que podrá ser suministrada por plantaciones radicadas en las cercanías y que hoy, en función de las distancias, tienen dificultades para su comercialización. Muchas de ellas, instaladas con el objetivo de obtener madera de buen diámetro para la industria del aserrado o debobinado, verán facilitados los manejos al disponer de una demanda para la madera fina en la zona.

Crecerá también la motivación de los productores agropecuarios para incorporar en sus establecimientos la forestación como rubro complementario, y con ello se integrarán más bosques asociados con ganadería, con los consiguientes beneficios económicos y ambientales para ambos rubros. Mejores balances de emisiones de gases de efecto invernadero a nivel de unidad de producción contribuirán a un mejor balance a nivel nacional, y ello se puede lograr a través de dicha integración.

El aumento en el área plantada, la intensificación de los manejos, mayores niveles de cosecha y de transporte demandarán más inversión y empleo y por lo tanto se generarán mayores ingresos y desarrollo.

Lo que hace treinta años parecía una utopía es hoy una realidad. Bosques instalados y manejados bajo los estándares nacionales e internacionales más exigentes, industrias trabajando con las mejores tecnologías disponibles, altos niveles de ocupación y de ingresos y una proyección de crecimiento a futuro por demás interesante.

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01 agosto, 2016