• Lunes 01 de junio de 2020

Editorial: 2020

Escrito por Ing. Carlos Faroppa, presidente de la SPF

La Sociedad de Productores Forestales (SPF) ha incorporado al Ec. Miguel Helou durante el último trimestre del presente año, con la finalidad de empezar a delinear las actividades y proyectos del año entrante, en su condición de gerente.

Miguel tiene una formación académica muy destacada, que comenzó en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República (UdelaR), sendas maestrías en la propia UdelaR y en la Universidad de Montevideo (UM), y especializaciones en la UM y la Universidad Nacional del Litoral, en Argentina. A esto se suma una experiencia profesional de más de veinte años, que lo ha vinculado al sector público y privado, lo que le permite incorporarse al gran equipo humano con el que cuenta la SPF.

El año 2020 le planteará a la SPF grandes desafíos. Si bien Lumin ha anunciado una ampliación de su proyecto, y en los últimos años ha habido inversiones en aserraderos como Frutifor –lo cual ha aumentado el consumo de madera sólida, de calidad, manejada, raleada y podada–, en el Uruguay existen grandes masas boscosas sin miras de un destino industrial cierto, en razón del diferencial entre la oferta de esta madera y la capacidad industrial instalada para procesarla.

La concreción de la segunda planta de UPM (tercera planta de celulosa en el país), y su eventual demanda de materia prima, genera una certeza para muchos proyectos forestales cuyo objetivo productivo es la madera para pulpa; lo cual es una muestra de la importancia de tener un mercado local que absorba volúmenes importantes en términos relativos de la producción de madera rolliza o procesada. Los proyectos enfocados en la exportación y en la demanda de mercados extranjeros han tenido un desarrollo importante, pero siempre se termina notando la falta de un mercado local fuerte cuando se da un año como el que culmina.

El 2019 empezó con el impulso o inercia que traía del 2018, año en que el sector forestal había logrado el histórico hito de colocarse en el primer lugar en valor de exportaciones, superando a la carne por primera vez. Sin embargo, diversos factores y situaciones ajenos al control de las empresas uruguayas afectaron las exportaciones del sector forestal en gran forma. Una variación en la tasa de cambio entre el yuan chino y el dólar neozelandés generó una coyuntura propicia para la exportación de pino rollizo desde Nueva Zelanda a China, con un flete considerablemente más corto y barato que el requerido para que la madera uruguaya llegue a ese mercado asiático. A su vez, la “guerra comercial” entre China y Estados Unidos complejizóel ingreso de productos manufacturados chinos, lo que generó un sobrestock de madera rolliza en los puertos chinos, redujo prácticamente a cero las exportaciones desde nuestro país y frenó la salida que el sector había encontrado para la madera de raleos, principalmente. Tampoco ha sido fácil la situación para la madera rolliza de E. grandis, cuya exportación se vio afectada por el mismo impasse comercial entre Estados Unidos y China y por la competencia de madera de calidad inferior pero más barata desde Brasil y Sudáfrica.

La madera aserrada de pino se vio afectada por el sobrestock de madera rolliza y, si bien las exportaciones no se detuvieron, bajaron considerablemente su precio, generando importantes pérdidas en la cadena.

¿Qué puede reducir el nivel de incertidumbre y volatilidad de mercados y precios? Quizá la respuesta no sea solo una, pero es seguro que una de las claves pase por impulsar y potenciar el mercado local.

Hoy el consumo local está limitado a unos 120.000 metros cúbicos. ¿De qué manera se aumenta esa demanda? Una posibilidad que se viene explorando y fomentando desde hace un tiempo, con gestiones a varios niveles y por varios caminos para lograrlo, es viabilizar la construcción con madera a gran escala. En la actualidad, esta última depende de impulsos personales y privados de propietarios que eligen este material, ya sea por criterios estéticos, económicos o ecológicos, entre otros; pero no representa aún un cambio de paradigma en el mercado. Está claro que para llegar a la gran escala hay que comenzar de a poco, pero en Uruguay está disponible la materia prima (lista para ser cosechada), hay capacidad instalada y posibilidad de aumentarla, y existe una demanda a través de la necesidad de decenas de miles de viviendas. Además, en los últimos años se ha generado conocimiento suficiente para comenzar a emplear la madera para fines constructivos. En agosto de 2018 se inauguró en la Facultad de Arquitectura de la ORT el Diploma de Especialización en Diseño, Cálculo y Construcción de Estructuras de Madera, y este mes se celebró en Montevideo el IV Congreso Latinoamericano de Estructuras de Madera (CLEM), por lo que hay movimiento e iniciativas para generar conocimiento y profesionales que puedan diseñar proyectos constructivos con madera.

Sin embargo, para que esto ocurra es el Estado el que tiene que dar el primer paso, impulsando proyectos de construcción en madera, ya sea en viviendas de interés social o edificios públicos. En Baden-Württemberg (estado de Alemania) se ha definido una estrategia para que a partir de este año 2019, todo edificio público que se construya sea de madera o de un material proveniente de la madera, como los EWP (Engineered Wood Products); y Bavaria, su estado vecino, lo seguiría a la brevedad. Esto demuestra que incluso en países donde la construcción en madera se considera tradicional, el Estado juega un rol preponderante en el impulso de su expansión, incentivando su empleo.

Uruguay se ha convertido en tres décadas en un país forestal. Cuenta ya con masas boscosas que permiten viabilizar proyectos que giren en torno a su madera. 2020 será un año en que estaremos en camino hacia la tercera planta de celulosa en el país, pero hace falta desarrollar plenamente la cadena de transformación mecánica de la madera para aprovechar el gran volumen de materia prima proveniente de bosques manejados que está disponible. Su exportación en forma de rollizos es una opción válida, pero también depende de la volatilidad de los mercados donde se manufactura esta madera y de los destinos de dichos productos manufacturados. Hay posibilidades y alternativas para aumentar el valor agregado de la madera a nivel local, abaratando a su vez la construcción de viviendas a través de la provisión de un material de construcción más económico, cuyos proyectos constructivos son más económicos en razón de su menor duración, y de mayor eficiencia energética una vez en uso.

Creemos que este es uno de los grandes retos del corto plazo y haremos desde la SPF todo lo que esté a nuestro alcance para coadyuvar y apoyar las iniciativas y procesos que permitan que el año 2020 sea un hito en el crecimiento de la demanda local de madera aserrada uruguaya y la construcción con madera.

El año 2019 no fue sencillo. Tuvimos y seguimos enfrentando grandes desafíos comerciales y regulatorios (cambios discrecionales de la autoridad ambiental), que afectaron y afectarán la actividad del sector en general y de nuestros socios en particular. Esperamos que los desafíos que nos plantee el año 2020 apunten a mejorar nuestras eficiencias, procesos y habilidades profesionales, en lugar de plantearnos obstáculos inconsultos. El diálogo y plantearse objetivos en común es lo que conduce y propicia el desarrollo.

No quisiera finalizar este mensaje hacia el año entrante sin agradecer a todo el equipo y socios de la SPF, haciendo referencia particular a Claudia Pittamiglio y Rafael Sosa, cuyo trabajo, esfuerzo y paciencia fueron claves para concretar todo lo que nos propusimos, y felicitar al equipo de Gota por esta publicación.

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18 diciembre, 2019