• Viernes 20 de octubre de 2017

Algunas inconsistencias del sector

Por Atilio Ligrone, gte. gral. de la SPF

Hemos insistido en numerosas oportunidades acerca de las dificultades que se le presentan al día de hoy al sector forestal para continuar en la línea de crecimiento y aportes a la economía, y a toda la sociedad, que lo ha caracterizado desde el momento en que fue declarado de interés nacional y acompañado por una política específica para su desarrollo.

En los últimos años se ha aplicado una escalada permanente de nuevas regulaciones y exigencias, tanto en lo nacional como en lo departamental, que constituyen importantes barreras para la incorporación de nuevas plantaciones forestales. Al momento, en Uruguay apenas se han alcanzado 800 mil hectáreas efectivas de bosques instalados con un objetivo industrial, lo que representa tan solo el 5% de nuestro territorio y el 20% de los suelos declarados de prioridad forestal.

La proliferación de normativas basadas en criterios diferentes según el departamento o localidad, las nuevas exigencias en cuanto a información necesaria para lograr las autorizaciones ambientales correspondientes y los tiempos de gestión de las mismas, incrementan costos y desalientan a aquellos que desean incorporar el rubro forestal en sus predios. Ello se agrava al límite de la imposibilidad para el caso de productores con planes forestales de pequeña escala y que desean implementarlos de forma independiente.

Por otra parte, este tratamiento regulatorio se exige casi exclusivamente a la actividad forestal, cuando es notoria la preocupación permanente del sector por trabajar ordenadamente y en el marco de la mayor consideración por los temas sociales y ambientales involucrados con ella.

La actividad forestal ha demostrado en un período de treinta años un alto impacto en las economías locales y, por supuesto, en la economía nacional. Tiene 1.600 micro y pequeñas empresas (menos de veinte empleados cada una) trabajando en torno a ella y una participación del 18% en el total de las exportaciones del país. Cuenta con certificaciones internacionales de las más exigentes, que avalan la responsabilidad social y ambiental de la gestión que realizan. No parece lógico que una actividad con estas características se vea permanentemente desalentada por condicionamientos de todo tipo, muchos de los cuales no se sustentan técnicamente ni guardan la razonabilidad necesaria para compatibilizar la medida implementada con el impacto que provocan.

En la última década, el sector forestal logró atraer 4.500 millones de dólares de inversión extranjera directa.

“En los últimos años se ha aplicado una escalada permanente de nuevas regulaciones y exigencias nacionales y departamentales que constituyen importantes barreras para la incorporación de nuevas plantaciones forestales.”

Actualmente se está considerando la instalación de una nueva planta de producción de celulosa que duplicará en tamaño a las ya existentes. De concretarse, al momento de su pleno funcionamiento la planta requerirá en el orden de los 7 millones de metros cúbicos de madera por año. Eso equivale al 50% de la cosecha anual actual de madera para atender toda la producción nacional y los mercados de exportación. Se desprende claramente el impacto adicional que ello tendrá en todos los indicadores socioeconómicos mencionados. Ello demandará mayor producción de plantas, nuevas superficies a forestar, cuidado y manejo de los bosques, cosecha, transporte, logística y otros servicios indirectos que promueve la actividad.

“No parece lógico que una actividad que ha demostrado tener un alto impacto en la economía a nivel local y nacional, se vea permanentemente desalentada por condicionamientos de todo tipo.”

Ese fue el principal objetivo de política al momento de iniciarse la promoción del sector forestal en nuestro país. Crear una masa crítica de bosques que permitiera sustentar la industria procesadora para atender las necesidades internas y acceder de manera competitiva a los mercados de exportación, en el marco de un escenario mundial de demanda creciente y de importantes restricciones en la oferta. El tan ansiado desarrollo llegó e impactó positivamente sobre toda la sociedad y en particular en el interior del país. Por ese motivo, la actividad forestal integra hoy el grupo de sectores definidos como estratégicos por parte del Gobierno Nacional.

Sin embargo, su consolidación y su crecimiento solo será posible si continuamos plantando los árboles que conforman la base de ese desarrollo. Para que eso suceda y para que la mayoría de los productores del país puedan beneficiarse de sus bondades será necesario ordenar y alinear el marco regulatorio, de modo que cumpla con su finalidad pero que no constituya como al momento una barrera al crecimiento.

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07 septiembre, 2017

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