• Martes 02 de agosto de 2022

Estrategias productivas

Entre las causas de los incendios está el factor climático. Si los eventos extremos se multiplican y la variabilidad climática se intensifica, ¿qué se puede hacer para afrontar esa realidad desde la producción? El doctor Walter Baethgen responde a esta y otras interrogantes.

El efecto invernadero natural, cuyos gases principales son el dióxido de carbono y el vapor de agua, es el que permite la vida en la Tierra. Pero el problemático es el que provoca la actividad humana, en particular en los últimos 50-80 años: el efecto invernadero aumentado. Además de dióxido de carbono se emite metano, óxido nitroso y otros gases que tienen la capacidad de capturar el calor que está en la atmósfera y enviarlo de vuelta hacia la superficie terrestre.

El doctor Walter Baethgen, vicepresidente de la Junta de Directores del INIA, hace una analogía útil para la comprensión del efecto invernadero aumentado: “Si lo comparás con un invernáculo, lo que está pasando es que, debido a la acción del hombre, el techo vidriado del invernáculo está más grueso. Se atrapa más calor de lo normal y eso provoca el calentamiento global. Y hace que cambios que normalmente se producirían lentamente se precipiten, como la temperatura promedio del planeta, el nivel del mar, el derretimiento de glaciares”.

Aunque estos fenómenos son relevantes en el largo plazo, el más importante para la sociedad hoy es que el calentamiento global produce eventos extremos cada vez más frecuentes y dañinos, como olas de calor, inundaciones, tormentas, sequías. “Creo que eso lo siente mucho más la sociedad que un cambio gradual de la temperatura de todo el planeta”, reflexiona Baethgen. Y, bajando a tierra uruguaya, profundiza sobre la relación del cambio climático con los eventos extremos: “¿Uno puede decir que los incendios forestales espantosos que hubo en Uruguay se deben al cambio climático? No, pero sí puede decir que lo que está pasando con el cambio climático aumenta las chances de que estas cosas pasen. Si hay un período con poca lluvia y mucha evapotranspiración se termina provocando una sequía, que en un ambiente forestal aumenta el riesgo de incendio. No podés atribuir un fenómeno concreto al cambio climático, pero si podés decir que, debido a él, estas situaciones van a ser más frecuentes e intensas”.

LA SINGULARIDAD ORIENTAL

En Uruguay, por nuestras condiciones y ubicación geográfica, la situación climática anualizada es muy variable. Esto hace muy difícil poder detectar tendencias o modificaciones. La información histórica, obtenida en los últimos 100 años, arroja que efectivamente la temperatura mínima ha aumentado y que la lluvia en verano y su promedio en esos meses también subió a través de los años.

Sin embargo, si se va a casos puntuales, surgen datos que de alguna forma se diferencian de esta tendencia país. El doctor Baethgen puso la lupa sobre los datos del departamento de Treinta y Tres en un período de 80 años y encontró que “el promedio de lluvia de los meses de verano en los primeros 40 años es más bajo que en los últimos 40”, lo que se alinea con el aumento a nivel nacional. Haciendo esa misma división del período y con la pregunta de cuántas veces en esos 80 años la lluvia de verano fue el doble de lo esperado, surge que en las primeras cuatro décadas ese fenómeno se dio una o dos veces; en cambio en las siguientes sucedió en nueve oportunidades. Y al hacerse la pregunta inversa de en cuántos veranos llovió menos de lo esperado, da un resultado igual para ambos períodos: en tres años de los primeros 40 y tres de los segundos, hubo veranos más secos.

LA REDUCCIÓN DE DAÑOS
El dióxido de carbono queda en la atmósfera 1.000 años. “Estamos sintiendo el efecto invernadero del dióxido de carbono que fue emitido en los años 1800, 1900”, dice Baethgen. En cambio, otros gases tienen una vida mucho más corta en la atmósfera; por ejemplo, el metano tiene unos 10-15 años. Por eso es correcto concentrarse en bajar sus emisiones, porque vamos a ver un efecto rápido en la temperatura del planeta. Cuando se piensa en emisiones de metano, se relaciona inmediatamente con la ganadería bovina. Sin embargo, “las mejores oportunidades para reducir las emisiones, hay un informe de especialistas en metano y clima de 2021 al respecto, está en los combustibles fósiles. Porque ese metano no estaba en el ciclo natural del planeta, es un carbono que estaba enterrado en forma de gas natural o petróleo y hace 300 años que estamos sacándolo e inyectándolo en la atmósfera”. Baethgen enumera estrategias para el productor de combustibles fósiles de bajo costo e incluso con ganancia (si se captura el metano se puede vender como gas natural): “Eliminar las pérdidas de gas natural que hay desde la transmisión del yacimiento hasta el punto de consumo; eliminar o reducir al máximo las pérdidas de metano cada vez que se hace un pozo de petróleo; reducir la pérdida de metano de las ventilaciones en las aperturas de las minas de carbón”. Baethgen aclara que “si bien no alcanza solamente con gestionar lo referente a los combustibles fósiles, es un muy buen paso inmediato y con un efecto también inmediato”.

“La conclusión”, dice Baethgen, “es que, si bien puede haber tendencias como que aumente la lluvia media de todo el verano debido al calentamiento global, lo que está pasando es que el clima se vuelve más variable y con eventos más extremos”. Como ya se señaló, esto afecta directamente a la sociedad. Y, por supuesto, afecta a la producción agropecuaria y especialmente a la forestal. “A un productor no le importa que la suma de la lluvia de diciembre, enero y febrero sea normal. A fines de 2021 Uruguay estaba seco, había lugares que estaban con problemas serios. Pero un mes después, a fines de enero de 2022 cayeron unos chaparrones de más de 100 milímetros en unas pocas horas. Si mirás la lluvia promedio en enero, estuvo dentro de lo normal, 100-110 milímetros. Pero cayó toda en dos días. Es un buen ejemplo de cómo lo que más afecta a la producción es la variabilidad, que no se ve en los datos promedio”.

LAS TRES CLAVES

Es momento de contestar la pregunta que planteamos al principio del artículo. Si los eventos extremos se multiplican y la variabilidad climática se intensifica, ¿qué se puede hacer para afrontar esa realidad desde la producción? Baethgen responde con tres estrategias.

La primera es una palabra: información. Del pasado, cuándo hubo sequías, inundaciones, cualquier tipo de eventos extremos que afectarían la producción. Si se tiene información propia, conectarla con la climática para identificar qué estrategias y tecnologías fueron más útiles en esas instancias.

Sobre el presente, el experto dice que es importante contar con “sistemas de monitoreo que digan qué está pasando con el clima, con el agua en el suelo, etcétera”. Y ejemplifica: “Estás en el mes de diciembre y ves que la cantidad de agua disponible en el suelo de tu establecimiento está bajando, está llegando a situaciones problemáticas. Entonces aplicás medidas, como aliviar el campo sacándole el ganado, o vendiendo categorías que no tenías pensado vender. Hacés las intervenciones y tomás las decisiones que te permitan adaptarte a lo que la información te dice que está pasando en ese momento”.

“¿Se puede decir que los incendios forestales espantosos que hubo en Uruguay se deben al cambio climático? No, pero sí se puede decir que lo que está pasando con el cambio climático aumenta las chances de que estas cosas pasen”. Dr. Walter Baethgen

Con respecto a las sequías, el sector forestal tiene una ventaja natural. “Si mirás el Grass del INIA –que tiene un buen sistema de monitoreo de lo que va pasando con la vegetación y el agua en el suelo– y ves las imágenes satelitales, especialmente en años secos, las únicas manchas verdes que hay son los bosques. Una vez que el monte desarrolló un sistema radicular profundo, los árboles son capaces de explorar el agua que hay en el suelo de forma muy importante. Salvo que lo encuentre en el período de la implantación o en momentos sensibles de la producción, el sistema forestal sufre menos las sequías”.

Finalmente, con respecto al futuro “evaluás qué información de los próximos tres a seis meses podés incorporar a tu planificación. Por ejemplo, en agosto te dicen que es un año de la Niña, en el que en Uruguay llueve menos en los meses de primavera y el principio de verano. Si pensabas plantar un 80% de tu área con maíz sembrado en época normal, este año capaz quete conviene tener un poco más de soja, usar ciclos más cortos, hacer una parte del maíz en siembra tardía”.

Baethgen resume: “Qué aprendí del pasado, qué puedo hacer con la información de hoy y cómo puedo incorporarla para el futuro inmediato”.

La segunda estrategia es identificar y aplicar las tecnologías que vuelven a la producción más resiliente y menos vulnerable a la variabilidad del clima. Frente a la gran probabilidad de que ocurran eventos de sequía, el experto afirma que sea cual sea la situación, “cualquier estrategia que se implemente o acción que se ejecute que aumente la capacidad de almacenar agua en el suelo es importante”.

Con las dos claves antes desarrolladas, el productor está intentando “manejar mejor los riesgos asociados al clima”. Sin embargo, si el productor “hace todo bien, igual le va a pegar una sequía, igual le van a caer 100 milímetros de lluvia en 45 minutos”. Hay riesgos que no se pueden manejar, obviamente. Baethgen es drástico con ese tipo de riesgos: “Hay que transferirlos. Los tenés que cuantificar, medir y transferir”. ¿A dónde se transfieren ese tipo de riesgos inmanejables? “Para eso existen los seguros, como para el auto”, sentencia el experto.

MEDICIONES Y PRONÓSTICOS
Como la información es vital para el agro, y la variabilidad climática de Uruguay es grande, consultamos al doctor Baethgen sobre el estado de situación respecto a las mediciones en el país. El experto comienza por destacar un ejemplo de trabajo conjunto de la Academia, las empresas y el Estado. “Tenemos la bendición de que hay empresas forestales que trabajaron con la UdelaR y el INIA que tienen experimentos que han medido el agua en predios con comparación entre predios forestados y sin forestar [ver revista Forestal N°29]. La información está, hay que empezar a trabajar en generar modelos que nos permitan decir de forma particular cuánto es razonable forestar en cada cuenca”. Yendo a la situación nacional, Baethgen la ubica en el contexto global: “Trabajo para la universidad de Columbia y nuestro instituto [el IRI, Centro de Investigación sobre el Clima y la Sociedad donde él es director de Investigaciones Regionales] trabaja literalmente en todo el mundo. Hay dos cosas que limitan a los países en desarrollo: la cantidad de observaciones y de estaciones meteorológicas y la formación de los que trabajan en los institutos. En ese sentido, la red meteorológica uruguaya es bastante buena y las facultades de Ciencias e Ingeniería de la UdelaR crearon una licenciatura en Meteorología”. ¿Qué falta? “La formación en pronósticos climáticos para poder informarse de lo que pasará en el futuro próximo”. “Creo que Uruguay está bien desde el punto de vista de las observaciones, que los recursos humanos están cada vez mejor formados, pero hay mucho para hacer, como diseñar políticas públicas que estén fundamentadas en buena ciencia”, concluye Baethgen.

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Martes 02 de agosto de 2022