• Jueves 02 de febrero de 2023

Enfoque proactivo en el control biológico de plagas

Decenas de palmeras secas sobre la Ruta 5 a la altura del peaje de Mendoza, en Canelones, colocaron en el ojo público un problema que ocupa a diario a entomólogos y otros científicos: la emergencia de plagas exóticas y los daños que pueden causar los insectos a las especies vegetales. ¿Cuáles son las líneas de investigación y las acciones para combatir las plagas forestales?

Por Javier Lyonnet

Una plaga hasta hace poco ausente en Uruguay, el picudo rojo (Rynchophorus ferrugineus) está matando palmeras de la especie Phoenix canariensis en Canelones. La Dirección General de Servicios Agrícolas emitió una alerta fitosanitaria y conformó un Comité Técnico de Emergencia Fitosanitaria (CTEF) integrado por referentes de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y la Dirección General Forestal (DGF) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), con la finalidad de proponer medidas y acciones para mitigar el riesgo de establecimiento y dispersión de la plaga.

El doctor Gonzalo Martínez, director del Sistema Forestal de INIA, especializado en plagas forestales, fue uno de los asesores convocados.

El picudo rojo no es una amenaza para eucaliptos y pinos, que tienen sus propios enemigos: chinches, escarabajos, hormigas, avispas. Algunas de las plagas están presentes en el país desde hace décadas. Otros insectos exóticos perjudiciales no han sido registrados en el territorio uruguayo.

“Para cada plaga hay un controlador que fue introducido en el marco de un programa de control biológico o que en algunos casos entró espontáneamente –por fortuna– junto con la plaga; el control biológico es la principal estrategia de manejo de plagas en el sector forestal”, dijo Martínez a revista Forestal.

El gorgojo del eucalipto ingresó al país en la década de 1930 y, a partir de mediados de los años 1990, con el impulso de la forestación, empieza a aumentar la invasión de plagas de eucaliptos en los países en los que se explota.

Escarabajo de corteza en pino. (Gentileza: INIA)

Al incremento de la superficie plantada se suma el tránsito de personas y de bienes vinculados a la producción forestal.

“Como resultado de la globalización del comercio, muchos insectos viajan ‘como turistas’ en embalajes de madera, en maquinaria, incluso en personas”, describió Martínez.

Sin embargo, en los casos en que se quieren introducir deliberadamente para el control biológico, ciertos cambios recientes en la legislación están haciendo muy difícil la exportación de insectos de un país a otro, advirtió Martínez. Nueva Zelanda está haciendo punta en evaluar los potenciales riesgos de plagas que puedan llegar a invadir el país y dejar preaprobada la importación de insectos controladores. Esto es control biológico proactivo, una tendencia mundial.

Martínez lo comprobó durante su participación como conferencista invitado en el Congreso Mundial de Entomología celebrado en julio en Helsinki (Finlandia): “Me parece un punto de vista que deberíamos considerar en el marco de las diferentes instancias de coordinación entre actores forestales que afortunadamente tenemos en nuestro país, fundamentalmente el Comité Ejecutivo de Coordinación de Plagas y Enfermedades Forestales (Cecope) y el Consorcio Forestal”.

CHINCHE DEL EUCALIPTO: MANEJO EXITOSO

Una plaga reportada en 2008 que probablemente ingresó uno o dos años antes a Uruguay fue la chinche del eucalipto (Thaumastocoris peregrinus). “En países donde existían redes de monitoreo previas se detectó que el ingreso está muy asociado a los aeropuertos; eso muestra bien claramente cómo los insectos transitan y el aumento de los viajes internacionales representa un riesgo”.

El trabajo para impedir la propagación de esta plaga es un ejemplo de manejo reactivo en Uruguay. Por un lado, se desarrolló un sistema de monitoreo con trampas amarillas –placas adhesivas que capturan insectos– y por otro lado se iniciaron acciones para el desarrollo de un programa de control biológico clásico, que fueron articuladas en el marco del Cecope, un organismo con sede en la DGF que integran además la Dirección General de Servicios Agrícolas (Dgssaa), la Sociedad de Productores Forestales (SPF) y el INIA.

A través de un proyecto internacional coordinado en el Prosicur (organismo que nuclea a los INIA de la región) se hizo una importación del enemigo natural de la chinche que parasita sus huevos, la avispa parasitoide (Cleruchoides noackae). Desde los años 90 no se importaba un insecto controlador. Se logró traer la avispa desde Brasil y, a su vez, Uruguay la transfirió a Argentina, junto con el know how para su reproducción y aplicación.

“Hoy en día ese control biológico está presente en varias zonas del país; la chinche no se desplegó con la virulencia que se vio en otros países, tenemos el control instalado y es una ventaja”, afirmó el experto.

En el marco de un proyecto INIA se desarrolló además un biopesticida en base a hongos entomopatógenos para la chinche, pero que podría funcionar bastante bien también para el gorgojo del eucalipto. Actualmente los investigadores están completando su validación y registro ante el MGAP para que quede disponible como un insumo.

HORMIGAS CORTADORAS: AFINANDO LA PUNTERÍA

Las hormigas cortadoras son el principal agente perjudicial en toda la agricultura y la forestación nacional y en el continente sudamericano, por lo que “implican un abordaje más sistémico que otras plagas específicas”, sostuvo Martínez.

Son muy difíciles de combatir: se ha probado de todo, pero el único control que tiene cierta efectividad son los químicos.

En un marco cada vez más restrictivo de uso y de manejo por estándares ambientales y de certificación hay que ir generando desarrollos que permitan minimizar el uso de agroquímicos, señaló Martínez. Afinar el conocimiento sobre el comportamiento de las hormigas permite avanzar en el objetivo de reducir el uso de insecticidas químicos: aplicar la menor cantidad posible para lograr el mejor impacto.

Dentro de Bosque 30 (ver recuadro), junto al doctor Martín Bolazzi, experto de la Facultad de Agronomía que lleva más de veinte años estudiando el comportamiento de las hormigas cortadoras, están siendo investigados los ritmos de forrajeo de las distintas especies del género Acromyrmex. Bolazzi también fue consultor de un estudio realizado desde la SPF que demandó cinco años, el trabajo de 20 personas y una inversión de 150 mil dólares, con el mismo objetivo de reducir el uso de agroquímicos en el control de la plaga.

Monitoreo de plagas en vivero. (Gentileza: INIA)

ALERTA TEMPRANA

En definitiva, el conocimiento y la sinergia entre el sector productivo, la Academia y el Estado son la clave para optimizar la eficiencia de los mecanismos de manejo de las plagas.

La proactividad está en la base de la esperada herramienta informática inteligente que desarrolló el Consorcio Para la Investigación y la Innovación Forestal –integrado por la SPF, el INIA y el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU)– y que quedó lista a fines de 2021. “Estamos empezando a introducir información y discutiendo la gobernanza de esta plataforma de software que sirve a un Sistema Nacional de Vigilancia Fitosanitaria Forestal (Sinaviff) que está en una etapa avanzada de elaboración”, dijo Martínez.

El experto explicó que la plataforma “acelera y facilita la capacidad de gestionar problemas sanitarios que puedan surgir antes de que sea demasiado tarde; permite ser más proactivos y no solo reactivos”.

Opera como un portal online al que se puede acceder desde computadoras y dispositivos móviles. De acuerdo a la función de cada actor, hay personas que tienen permisos para ingresar datos, para visualizarlos o para administrarlos.

¿Cómo se activan las alertas tempranas? Un ejemplo: si las capturas de determinado insecto en una red de trampas superan cierta cantidad de individuos en un departamento, se envía automáticamente una alerta temprana a todos los productores de ese departamento “para tener más detalles de qué están viendo y contener un potencial episodio de esta plaga”.

El software permite generar mapas que puedan ser cruzados con capas de información geográfica, ambiental, tipos de suelos y rutas, “y es un salto cuántico en la capacidad de procesamiento de la información”.

El sistema se hará más inteligente a medida que vayan creciendo las series de datos y “se va a poder modelizar mucho mejor el comportamiento de las plagas en el territorio y desarrollar sistemas de alerta más eficaces”.

PLAGAS Y CAMBIO CLIMÁTICO

¿Es posible ser proactivo y adelantarse a los cambios que pueden provocar las alteraciones en los regímenes de lluvias y de temperaturas?

Es un tema muy interesante que “está en discusión a nivel de toda la comunidad científica”, sostiene Martínez. En el caso de los insectos, que han habitado la Tierra durante millones de años, sobreviviendo a extinciones masivas y mostrando una fabulosa capacidad de adaptación, hacer predicciones no es fácil.

Es necesario estudiar caso a caso las poblaciones de insectos. Se está abandonando la idea lineal de hace unos años de que al aumentar la temperatura los insectos incrementarán la actividad.

Hay distintos efectos. Los insectos dependen mucho de la emisión de feromonas para comunicarse entre sí. Y las feromonas son funcionales a determinados rangos de temperatura, “lo que puede producir que un insecto tenga más capacidad de reproducirse pero pierda capacidad de comunicación, de ‘escuchar’ las feromonas, porque no están funcionando como debieran en rangos de temperatura que no son los óptimos”.

“En el Congreso Mundial de Entomología en Finlandia fue expuesto que hay plagas en las que no se observan cambios ante modificaciones bastante importantes de los regímenes climáticos”, señaló el biólogo, “algo completamente contraintuitivo respecto a lo que se esperaba”.

EL PROYECTO BOSQUE 30
Trampeos de escarabajos barrenadores de corteza y escarabajos de ambrosía, así como estudios para el control biológico de la avispa agalladora del eucalipto forman parte del proyecto Bosque 30 del INIA, liderado por Gonzalo Martínez, que comenzó en 2018 y se extenderá hasta marzo de 2023. La idea de Bosque 30 fue abarcar en un solo proyecto varias líneas de trabajo de protección forestal del INIA. La sanidad en los viveros forestales, que no había sido estudiada en forma sistemática, es uno de los componentes que destacó el investigador. Dentro del vivero, las plantas presentan problemas sanitarios particulares derivados de las condiciones ambientales, que difieren de las condiciones en plantación. Así como las plantas se benefician de las condiciones óptimas de temperatura y humedad propias del vivero, también lo hace un conjunto de hongos patógenos y artrópodos dañinos. Fue completado el primer año de muestreo en 12 viveros en 2019, pero esta labor debió ser restringida en 2020 debido a la pandemia de Covid-19. En el primer diagnóstico de cuáles son las plagas y enfermedades más importantes en viveros, fue confirmado que no necesariamente guardan relación con lo que pasa en plantación. El riesgo más importante de traslado al campo en las bandejas de plantines se reduce a dos vectores: la avispa de la agalla (Leptocybe invasa) y los psílidos de brote de los eucaliptos (Ctenarytaina eucalyptii y Ctenarytaina spatulata). “A partir de esta priorización de agentes causales empezamos a hacer ensayos con estrategias de manejo”, apuntó el líder del proyecto Bosque 30.

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Jueves 02 de febrero de 2023