• Jueves 20 de septiembre de 2018

El bosque abre sus puertas

Por María José Fermi

Contrariamente a lo que el prejuicio dicta, en los últimos treinta años el sector forestal se convirtió en uno de los protagonistas que impulsó la conservación del monte nativo, la investigación medioambiental y hasta el descubrimiento de nuevas especies de flora y fauna en Uruguay. La ingeniera Carolina Sans, exdirectora del Departamento de Producción Forestal de la Facultad de Agronomía, habló con Forestal sobre cómo el sector ha ido derribando mitos y abrió las puertas del bosque a científicos, conservacionistas e investigadores.

–Se cumplen treinta años de la Ley Forestal, ¿cree que existe un antes y un después para el monte nativo gracias a esta ley?

–Ha sido fundamental. Con la ley de 1987 se incentiva la protección del bosque nativo, se prohíbe su corta en todo el territorio nacional, ya sea en terrenos públicos o privados. Esto ha sido vital a través de los años pues el monte nativo ha pasado de un 3,5% a un 5% [de cobertura en territorio uruguayo]. Como antecedente de protección se tenía la anterior Ley Forestal [1968] y también un decreto en la década de 1980 que prohibía el corte de determinadas especies, en especial aquellas en quebradas nativas del norte.

–Antes de la ley, ¿cuál era la perspectiva que se tenía del monte nativo? ¿Era infravalorado? ¿Se depredaba?

–A excepción de algunas especies reconocidas por su madera para aserrío como el ñandubay o el algarrobo, a la mayoría de aquellas que componen el monte no se las valoraba como tal. Solamente cumplían funciones como el control de erosión o la regulación de sistemas hidrológicos. De acuerdo a varios autores, por ejemplo el bosque serrano en la zona del Este había sido muy utilizado para carbón. En otros lugares del país también se usaba indiscriminadamente. Esta protección del bosque nativo fue casi pionera para los países de América del Sur. Recuerdo a colegas de Chile y Argentina que comentaban cómo nosotros protegíamos el bosque nativo y ellos aún no.

–La búsqueda de certificaciones internacionales, ¿también propició un mejor cuidado del medio ambiente en áreas forestadas?

–Efectivamente. La mayoría de empresas certificadas tienen Áreas de Alto Valor de Conservación que pueden ser bosques nativos o bien otras áreas como bajos, espacios de interés por sus especies, aspectos culturales, etcétera. A través de la certificación también se logró más investigación.

–¿Qué tanto ha contribuido el sector forestal a la investigación?

–Hizo que se abriera la puerta de los bosques a la investigación tanto en lo ambiental como en lo económico y social. La facultad, por ejemplo, contribuyó mucho en cuanto al estudio de especies, la procedencia, su adaptación al Uruguay, los ensayos de progenie. Se ha trabajado mucho en el área forestal y, si bien esta ha sido criticada por forestar con especies introducidas, se ha hecho mucha investigación. Siempre digo que el bosque se fue abriendo, que antes solo se pensaba en él como productor de madera y hoy es un bosque que brinda servicios: servicios de pastoreo, de captación de dióxido de carbono (CO2), de uso para la apicultura, producción de hongos y muchos otros bienes que antes no se pensaban. Todo lo que llamamos productos forestales no madereros, y que contribuyen al bienestar social y económico de las comunidades.

“El sector forestal hizo que se abriera la puerta de los bosques a la investigación ambiental, económica y social”

–El relevamiento de información aumentó sustancialmente en las últimas décadas, incluso se descubrieron nuevas especies. ¿Tuvo que ver el desarrollo del sector forestal en esto?

–Se identificaron nuevas especies y no solo de flora sino también de fauna. Antes de la certificación se hicieron estudios sobre qué es el bosque nativo, qué especies lo componen, su localización, etcétera. Luego, en el marco de la certificación, se han hecho muchos relevamientos de fauna, lo que ha permitido ampliar el conocimiento sobre la misma. Otro aspecto a destacar es la parte social, las comunidades. En los comienzos de la forestación, era muy difícil conseguir gente que trabajara en el campo que estuviera dispuesta a bajarse del caballo para plantar una plantita o para perseguir una hormiga. Eso ya cambió. La ley de 1987 también determinó las áreas de prioridad forestal. Al inicio había quienes creían que se les quitaba espacio a otras actividades para poder forestar. Se dijo y es un mito. Lo cierto es que la producción forestal siempre fue atacada como los malos de la película pero no solo están legisladas las plantaciones forestales, sino que la producción forestal está amparada en la Ley de Impacto Ambiental y la legislación laboral. Toda plantación mayor a 100 hectáreas tiene que tener la aprobación de la Dinama. Por ley no puedes plantar a menos de 20 metros del bosque nativo, tampoco puedes plantar en los bajos ni zonas frágiles. El sector forestal está regulado desde todos los ámbitos, productivo, social, ambiental y laboral.

–¿Se ha podido comprobar o desmentir alguno de los mitos ambientales más comunes alrededor de la forestación gracias a la investigación?

–Muchos piensan que la forestación se toma toda el agua; que las raíces son tan profundas que le quitan el agua a los chinos, prácticamente [risas]. Hay varios trabajos en cuencas pares, una cuenca forestada y otra no forestada, en los que sí se ha observado una disminución del escurrimiento, pero por otro lado en la facultad hicimos un trabajo con eucaliptos de diez años en el litoral que mostró que la profundidad de las raíces no superaba los dos metros. Otro trabajo hecho con una universidad de Chile en el Parque Roosevelt con eucaliptos de casi cien años determinó exactamente lo mismo: si bien las raíces eran más gruesas, eran paralelas a la superficie y poco profundas.

–A lo largo de su carrera, ¿se ha debido enfrentar a esos prejuicios?

–Una vez, haciendo un trabajo de campo, llegué a un almacén de campaña y cuando el hombre del almacén se enteró de que yo era ingeniera forestal, me dijo: “Yo leí en internet que un eucalipto toma 2.000 litros de agua por día”. Si fuera así hoy no tendríamos agua en el país, no crecería nada. Se habla mucho por desconocimiento. Nos faltó divulgar más todas las cosas buenas que se hicieron.

“Se habla mucho por desconocimiento. Nos faltó divulgar más todas las cosas buenas que se hicieron”

–¿Cree que a raíz de la investigación o a la mayor presencia del sector forestal han cambiado en algo esos prejuicios?

–Creo que ha ido cambiando. Ha sido lento, todavía quedan algunos aspectos por cambiar, pero en las comunidades locales sí se ha modificado muchísimo. Además porque su nivel de vida y capacitación es otro. Cómo han cambiado los pueblos que antes no tenían forestación en las cercanías. Yo vi toda la evolución desde que me recibí hasta el día de hoy, es un cambio brutal que a uno lo reconforta. No solo en la gente, que pasó de estar con la motosierra en la mano a una cabina climatizada, sino que se internalizó el concepto de no cortar el bosque nativo. En temas ambientales y de conservación, además del de educación ambiental, se ha avanzado muchísimo. Como forestal me siento feliz de haber visto el cambio y de haber podido contribuir desde mi labor en la facultad para que esto se dé.

–¿Adónde cree que se deba apuntar ahora en materias medioambientales?

–Creo que falta todavía un poco más en cuanto a la integración de determinados paisajes regionales en los diseños de plantación y en los planes de manejo del bosque nativo para mejorar la calidad de ese bosque.

–Que no sea simplemente “tenemos el bosque nativo pero no lo tocamos”.

–Yo hubiera hecho algo distinto ahí: no decirle a la gente “si no cortás el bosque nativo, no pagás el impuesto a la propiedad rural”. No se generó una contrapartida. Debió ser “vas a estar exonerado del pago de impuestos por el área, pero a cambio vas a hacer un plan de manejo de este monte”. Muchos propietarios lo han hecho, en la Dirección General Forestal [del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca] lo están promoviendo. Como mencioné anteriormente, al bosque nativo no se le daba importancia, “está ahí, pero no sirve de nada”, solían decir.

–¿Cuál sería su potencial?

–Por ejemplo, especies ornamentales, especies de buena madera, de frutos nativos, para recreación. Cumple muchos roles. También servicios como el control de erosión, de sistemas hidrológicos; hay un sinfín de usos que se le puede dar. En su momento no se le consideraba tan importante, ni a sus especies ni al bosque.

–¿Y el potencial en el caso de los bosques forestados?

–Hay que promover los productos forestales no madereros, bienes y servicios de los bosques. A pesar de que hemos hecho trabajos respecto de cuáles son los productos no madereros que más se utilizan en el Uruguay, debemos profundizar y divulgar más esos temas. En un relevamiento que hice de los lemas de congresos forestales que se hicieron a nivel mundial se puede ver cómo ha evolucionado la mirada forestal. Se parte de un primer congreso en Italia cuyo lema era “Producir madera” hasta llegar el día de hoy a lemas como “Apertura del bosque a las comunidades”, “Bosques y comunidades”, “Bienes y servicios de los bosques”.

“Se deben incentivar los planes de manejo del bosque nativo. Hay un sinfín de usos que se le puede dar: especies ornamentales, de buena madera, frutos nativos, para recreación”

–¿El trabajo de campo de los ingenieros forestales ha cambiado mucho?

–Han cambiado los instrumentos, el equipo. No puedes entrar a un bosque sin casco, polainas, chaleco. Antes entrabas así nomás. Mirá si yo de estudiante iba a ir de casco. Era impensado.

–Unos buenos championes y listo.

–[Risas] Claro, por todos lados cambió. Aunque yo no llegué a eso, antes, para medir el árbol uno agarraba una ramita y calculaba cuántas veces entraba esa ramita en el árbol. Hoy sacás un aparatito y tenés toda la data. El procesamiento de la información es otro mundo: pasamos de hacer las mediciones de inventario a mano a meter todos los datos en una computadora y que salga todo procesado. Es otra profesión desde ese punto de vista.

Descargar versión PDF